On the Movements and Habits of Climbing Plants *
On the Movements and Habits of Climbing Plants *
en 1863 durante una convalecencia. Solo la
obligada quietud le permitió observar
los zarcillos de los pepinos y cómo buscan
éstos enzarzar cualquier objeto a fin de
sostenerse en él y evitar gastos de energías en
construir un tallo grueso y firme
que transportara las hojas hacia la luz.
Esto es, la inteligencia obra con el menor movimiento
y no cree en la pasión de los porotos mágicos
que crecen de sopetón hasta el cielo
como si una planta rastrera lograra, por el ímpetu de
su pasión, llegar a Dios, más allá de las nubes, de
los giros que solo una cámara
podría grabar paso a paso un siglo después:
el giro objetivista de
los zarcillos de las plantas de pepinos
en el alféizar de Darwin.
Quien
había visto montañas de conchillas.
desiertos, indios más allá
de lo que consideraba
aceptablemente humano;
cueros secos, tormentas,
glaciares, islas de guano,
tortugas, arrebatos, sífilis,
gusanos,
agujeros de bala,
capitanes tiránicos
envueltos en gabanes
endurecidos por el frio,
y ahora miraba solamente
-como un poeta entrerriano-
el movimiento inteligente
de los pepinos.
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* "Sobre los movimientos y hábitos de las plantas trepadoras", Charles Darwin, 1865
Jorge Aulicino, "Poemas fantásticos y de ciencia ficción", inédito
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Imagen: Ampelopsis hederacea. Ilustración de la segunda edición de "On the Movements and Habits of Climbing Plants", Darwin Online
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