Un poema más, un poema menos
He leído que “ Todo mortal” fueron las últimas palabras que
antes de morir pronunció Gustavo A. Bécquer
un poema es un cuerpo en el bosque desnudo:
lo veo y lo comprendo aunque no es un producto,
es del todo un presente, náufrago del susurro,
sin objetos, ni tiempo, porque debe ser puro
como nuestra voluntad de vivir en el musgo
y reducir la ciudad a un templo del murmullo.
Cuando me siento muerta necesito: los frutos
del amor a lo vivo y los cauces del crudo
(que logramos frenar pero crece profundo),
nuestra alma, esta niebla, nuestro preclaro luto,
la soledad del agua por el plástico oscuro
y palabras de carne que traigo de lo oculto.
Desde nuestra ventana ya no sé si vislumbro
precipicios que vienen donde caemos mudos
o clamor de cristales, augurando el ayuno
para los vulnerables y para los verdugos.
Nos alcanzará tarde o temprano el futuro.
Abrimos nuestra casa y observamos el humo.
No hay remedio, sabemos, se extinguen los recursos,
como tribus de nieve por la gran tubería
se nos deshace el pulso que deshiela este mundo.
Se acerca, sin enmienda, el final del discurso.
Decimos: no te vayas, rescatar lo sagrado
llegó al fin nuestro turno: y reverdecer juntos.
Donde el lobo y el árbol nos sentimos seguros,
son el signo certero de la salud del búho,
de nuestra vida nueva para sembrar el triunfo
de los cuidados, que van por el centro del nudo,
la fiesta de los hechos, el amor contra el yugo
del capital dominio y el crecimiento bruto.
Un poema es el cuerpo que eligió este flujo,
un diminuto enfermo que vaga entre ilusos:
los que esperamos algo, donde la edad detuvo
un instante la ruina y este colapso en curso
para besar y aclarar que a pesar del absurdo
vamos a desconectar y arrasar el abuso.
En nuestros corazones palpita el nuevo mundo,
prende, exige, se cansa del suicidio y del lucro.
Organicemos la vida sin deuda ni sepulcro.
Fuera de los Estados cambiemos nuestro rumbo.
En los pueblos la leña, en lo sagrado el junco,
la comunión y el hambre nos unen en lo abrupto.
Final alternativo
Lo estamos viendo llegar.
Ayer sólo era un juicio.
Hoy podemos tomarlo con nuestras propias
manos.
Piensa en los poemas que me faltan,
que no darán tiempo.
Ya necesito pronunciar despacio,
hacerme entender como la sed se entiende y
que los lobos sientan que voy
a aprenderme la sangre de los ríos de memoria,
a ilustrar mi corazón con los valles y los
muertos
con los vivos y con todo el detenimiento
)))))) d e t e n i m i e n t o ((((((
me faltan flores en casa
me falta la casa
Una con una puerta pequeña y
sólo un par de trancos.
Me imagino el anciano esfuerzo de subir mi
reuma
por ellos y empujar esa puerta entornada, sin
llavín.
Mi puerta infantil y confiada.
Desde nuestra casa se ve el precipicio
me falta garganta y abismo
para mentir a mis hijos _
saben lo mismo que yo_
y me miran con los ojos que te deja imaginar que
algún día el hambre no será apetito, ansiedad ni
capricho,
ni una palabra antigua más.
Han venido a escuchar palabras que hablan sobre
la muerte de nuestro mundo.
(Fuente: 15/15/15)
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