UN POEMA DE COMO SE ELIGE AL PAPA DE
El ascenso
En mi vida anterior yo era un perro, un muy buen
perro, y por eso me ascendieron a humano.
Me gustaba ser perro. Trabajaba para un granjero pobre
cuidando y arreando a sus ovejas. Los lobos y los coyotes
trataban de burlar mi vigilancia todas las noches, pero jamás
perdí una oveja. El granjero me premiaba con buena comida,
comida de su propia mesa. Puede que fuera pobra,
pero comía bien. Y sus hijos jugaban conmigo,
cuando no estaban en el colegio o trabajando
en el campo. Tenía todo el amor que un perro
podía querer. Cuando me hice viejo, trajeron
otro perro y le enseñé los gajes del oficio.
Aprendió rápido, y el granjero me llevo a vivir
con ellos a la casa. A la mañana le traía
las zapatillas al granjero, porque él también estaba
envejeciendo. Yo me estaba muriendo lentamente,
poco a poco. El granjero lo sabía y traía
al otro perro de vez en cuando a visitarme. El otro
perro me divertía con piruetas y caricias
con el hocico. Una mañana no me
levanté. Me enterraron al ladeo del arroyo
a la sombra de un árbol. Ése fue el fin de mi vida
de perro. Por momentos la echo de menos y me siento a llorar
al lado de la ventana. Vivo en una torre de apartamentos
que mira a otras torres de apartamentos. En el trabajo
estoy en un cubículo y casi no hablo con nadie
en todo el día. Ésa es mi recompensa por haber
sido un buen perro. Los lobos humanos ni siquiera me ven.
No me tienen miedo.
En: Cómo se elige al papa
Edición bilingüe
Traducción de Ezequiel Zaidenwerg
Ediciones Liliputienses
(Fuente: Papeles de Pablo Müller)
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