martes, 16 de marzo de 2021

Osip Mandelshtam (Polonia, 1891 - Gulag, 1938)

 

 

Epigrama para Stalin

 


Vivimos sin sentir el país bajo los pies,
a más de diez pasos nuestras conversas no se advierten.
Y quien se aventura a la más breve de las pláticas
ha de mencionar al caucasiano del Kremlin.
Sus dedos son grasientos, rechonchos como gusanos,
y sus palabras, precisas y tediosas, como pesas.
Sus bigotes de cucaracha ríen a carcajadas
mientras brillan y encandilan las cañas de sus botas. (*)
  
Entre una chusma de patronos de cuello fino
él juega a perdonavidas con bocetos de personas.
Uno silba, otro maúlla, aquel gime, el otro llora;
sólo él campea estentóreo y los tutea.
Entalla, como herraduras, un decreto tras otro:
en las ingles, en las frentes, en las cejas, en los ojos.
Cada ejecución es, para él, una malvada epifanía
que insufla de alegría su ampuloso torso de rufián
mientras mastica una frambuesa. (**)
 
 


(*) Caña de la bota. Parte de la bota o de la media que cubre entre la rodilla y el pie.



(**) Los dos últimos versos son prácticamente intraducibles sin faltar al sentido, por lo que nos vemos forzados a llevarlo a tres versos en nuestra versión castellana. Hay mucho de coloquial en el texto. El juego de palabras en que se apoya Mandelshtam para nombrar los ancestros de Stalin, originarios de las rústicas montañas de Osetia, luce como el intento de resaltar algo más que su campechana ignorancia; el término frambuesa aparentemente fue jerga para aludir a los bajos fondos de la sociedad del momento, mal del que la Rusia revolucionaria no estuvo exenta. 

 

 

(Fuente: Contracorrientes)

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