martes, 16 de marzo de 2021

Juan Octavio Prenz (La Plata, Argentina, 1932 - 2019)

 

 

Prólogo necesario
 

Con la palabra hay que ser cruel cínico
maltratarla
no concederle la caricia que te hará
su esclavo

Si la has creado impíamente para que
te sirva
¿a qué vienen ahora estas debi-
lidades de eunuco?

Con la mano derecha la pluma
Con la izquierda el látigo

No le dejes levantar cabeza porque

estarás perdido
 
 


Don de ubicuidad
 

Se puede llegar a las profundidades (claro
está sin olvidar el principio de rotación)

Se puede llegar a las alturas

En lo uno y lo otro
(así lo quieren los libros)
discurren el dolor y la frustración
el llanto y la soledad

A la alegría
aprendizaje subversivo
le han reservado la

superficie
 
 
 


1984
 

Es imprescindible cierta práctica de la medicina
Treinta y siete hombres y tres mujeres aspiran
a verdugo en N. J.
Algunos tienen diplomas universitarios
Sólo cuatro serán los afortunados

Actuarán en pareja
Cada uno aplicará su inyección al condenado
a muerte
Sólo una contendrá la sustancia letal

Por la noche besan a sus hijos y los cubren
con una manta más porque ya ha comenzado
el invierno
 
 
 


Cosas en su lugar
 

El régimen ordenó degollarlo
legal y dignamente
por escribir versos inarmónicos
y alentar contra nuestro modo cristiano
de vida

Hoy tres estudiosos demuelen sus palabras
descuartizan sus textos diseccionan sílabas
para demostrar la armonía de sus versos
y su modo cristiano de vida

Vuelven a asesinarlo
Esta vez

ilegal e indignamente
 
 
 
 


Primero de Mayo en Piazza Goldoni
 

Por Corso Italia viene el cortejo
de los trabajadores

Al frente la banda de policía
con la música de la Internacional

Hay otra plaza
la lluvia y los paraguas metidos
para siempre en la retina infantil

y aquellos pañuelos blancos

que queman

Trieste, 1980
 
 
 


Decisiones mínimas
 

Transplantaremos branquias a los hombres
¿Para qué río o qué mar?

Les pondremos alas
¿Para qué cielo?

Llegaremos a eliminar la muerte
¿Para qué vida?





Mariposa de noche
 

La miro girar solitaria y alocada en torno
a mi lámpara
me distrae y me impide tomar la pluma

Hoy ha nacido y hoy morirá
ajena a cuanto me sucede

Soy el único testigo de su vida

Cada tanto hace una pausa como si quisiera
posarse sobre mis papeles
pero desconfía
Tengo medios eficaces para abreviar
su última jornada

Nada y todo nos une en esta triste noche mía

Renuncio a la pluma para contarle cuanto con-
taría en el poema
pero ella no se distrae y sigue girando
ajena y alegre

en esta única noche suya en que estoy solo
y quisiera girar en torno a mi lámpara
 
 
 


Buenas maneras
 

Parte de nuestra riqueza se nos fue en
medallas recordatorias trofeos alusivos
dádivas ocasionales para vivos y muertos

Nuestro tiempo no tuvo mejor suerte
Los minutos de silencio se fueron multi-
plicando hasta hacerse años.

La piel se nos ajó de tanta sonrisa o
contracción solemne
¿Quién sabe cuánto costó el educado gesto
de dolor o alegría?

Poca riqueza poco tiempo poca piel nos
fue quedando

Las lápidas se obstinarán en decir que
hemos vivido
 
 

Fuente: Cortar por lo sano, Juan Octavio Prenz, Libros de Tierra Firme, Buenos Aires, 1987.
 
 
 
 
(Fuente: Los poetas no van al cielo)

 

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