Prólogo necesario
Con la palabra hay que ser cruel cínico
maltratarla
no concederle la caricia que te
hará
su esclavo
Si la has creado impíamente para que
te sirva
¿a qué vienen ahora estas debi-
lidades de eunuco?
Con la mano derecha la pluma
Con la izquierda el látigo
No le dejes levantar cabeza porque
estarás perdido
Don de ubicuidad
Se puede llegar a las
profundidades (claro
está sin olvidar el principio de rotación)
Se puede llegar a las
alturas
En lo uno y lo otro
(así lo quieren los libros)
discurren el dolor y la frustración
el llanto y la soledad
A la alegría
aprendizaje subversivo
le han reservado la
superficie
1984
Es imprescindible
cierta práctica de la medicina
Treinta y siete hombres y tres mujeres aspiran
a verdugo en N. J.
Algunos tienen diplomas universitarios
Sólo cuatro serán los afortunados
Actuarán en pareja
Cada uno aplicará su inyección al condenado
a muerte
Sólo una contendrá la sustancia letal
Por la noche besan a
sus hijos y los cubren
con una manta más porque ya ha comenzado
el invierno
Cosas en su lugar
El régimen ordenó
degollarlo
legal y dignamente
por escribir versos inarmónicos
y alentar contra nuestro modo cristiano
de vida
Hoy tres estudiosos
demuelen sus palabras
descuartizan sus textos diseccionan sílabas
para demostrar la armonía de sus versos
y su modo cristiano de vida
Vuelven a asesinarlo
Esta vez
ilegal e indignamente
Primero de Mayo en Piazza Goldoni
Por Corso Italia viene
el cortejo
de los trabajadores
Al frente la banda de
policía
con la música de la Internacional
Hay otra plaza
la lluvia y los paraguas metidos
para siempre en la retina infantil
y aquellos pañuelos blancos
que queman
Trieste, 1980
Decisiones mínimas
Transplantaremos
branquias a los hombres
¿Para qué río o qué mar?
Les pondremos alas
¿Para qué cielo?
Llegaremos a eliminar
la muerte
¿Para qué vida?
Mariposa de noche
La miro girar
solitaria y alocada en torno
a mi lámpara
me distrae y me impide tomar la pluma
Hoy ha nacido y hoy
morirá
ajena a cuanto me sucede
Soy el único testigo
de su vida
Cada tanto hace una
pausa como si quisiera
posarse sobre mis papeles
pero desconfía
Tengo medios eficaces para abreviar
su última jornada
Nada y todo nos une en
esta triste noche mía
Renuncio a la pluma
para contarle cuanto con-
taría en el poema
pero ella no se distrae y sigue girando
ajena y alegre
en esta única noche suya en que estoy solo
y quisiera girar en torno a mi lámpara
Buenas maneras
Parte de nuestra
riqueza se nos fue en
medallas recordatorias trofeos alusivos
dádivas ocasionales para vivos y muertos
Nuestro tiempo no tuvo
mejor suerte
Los minutos de silencio se fueron multi-
plicando hasta hacerse años.
La piel se nos ajó de
tanta sonrisa o
contracción solemne
¿Quién sabe cuánto costó el educado gesto
de dolor o alegría?
Poca riqueza poco
tiempo poca piel nos
fue quedando
Las lápidas se
obstinarán en decir que
hemos vivido
Fuente: Cortar por lo sano, Juan
Octavio Prenz, Libros de Tierra Firme, Buenos Aires, 1987.
(Fuente: Los poetas no van al cielo)
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