jueves, 18 de marzo de 2021

Allen Tate (Winchester, 1899-Nashville, 1979)

 

 

Los lobos





Hay lobos en el cuarto de al lado aguardando
con las cabezas bajas, al acecho, respirando
la nada en la oscuridad; entre ellos y yo,
una blanca puerta manchada por la luz del vestíbulo.
No parece -tan tranquila está la casa-
que hombre alguno haya caminado desde la entrada a la escalera.
Todo fue hecho para siempre. Las bestias rasguñan el piso.
Yo venía rumiando sobre ángeles y archimalvados...
pero nunca un hombre estuvo sentado junto a un cuarto
atestado de lobos, y, en honor del hombre, afirmo
que yo tampoco había estado. Hoy, mientras
buscaba la estrella de la tarde en la ventana fría
y echaba un silbido cuando Arturo derramaba su luz,
oí que los lobos peleaban y dije: De modo que esto
es el hombre; de modo que -¿hay una mejor conclusión?-
el día no seguirá a la noche, y el corazón
del hombre tiene poca dignidad pero menos paciencia
que el de un lobo y una percepción tan débil que no puede
oler su propia mortalidad. (Esta y otras
meditaciones serán adecuadas en otro momento,
después de que un silencio de perro aúlle su epitafio).
Ahora recuerda el coraje, ve hacia la puerta:
ábrela y mira si, enroscada sobre la cama
o replegada contra la pared, una bestia salvaje,
quizá de pelo dorado, de profundos ojos,
como una barbuda araña en un piso soleado,
te gruñe - y el hombre nunca puede estar solo.
 

En  Poetry, Vol. XXXIX Nº II, Chicago, noviembre de 1931
Versión de J. Aulicino, J. Salvetti
 
 

The wolves 

 

There are wolves in the next room waiting / With heads bent low, thrust out, breathing / At nothing in the dark; between them and me / A white door patched with light from the hall / Where it seems never (so still is the house) / A man has walked from the front door to the stair. /It has all been forever. Beasts claw the floor. / I have brooded on angels and archfiends /But no man has ever sat where the next room's /Crowded with wolves, and for the honor of man / I affirm that never have I before. Now while / I have looked for the evening star at a cold window /And whistled when Arcturus spilt his light, /I've heard the wolves scuffle, and said: So this / Is man; so--what better conclusion is there-- / The day will not follow night, and the heart / Of man has a little dignity, but less patience / Than a wolf's, and a duller sense that cannot / Smell its own mortality. (This and other / Meditations will be suited to other times / After dog silence howls his epitaph.) / Now remember courage, go to the door, / Open it and see whether coiled on the bed / Or cringing by the wall, a savage beast / Maybe with golden hair, with deep eyes / Like a bearded spider on a sunlit floor / Will snarl--and man can never be alone. 




(Fuente: Campo de maniobras)

 

No hay comentarios:

Publicar un comentario