Ú𝗹𝘁𝗶𝗺𝗮 𝗽𝗼é𝘁𝗶𝗰𝗮 𝗱𝗲𝗹 𝘃𝗲𝗿𝗮𝗻𝗼 (actualizado)
Escribo: el polvillo del lápiz
es la estela de lo oculto detrás de la grafía.
Escribo —no pienso.
La escritura tiene su propio pensar
(surgido del suave bordoneo
de la punta del lápiz rozando el papel).
Mi mano de hombre
traza el rostro de dios con las palabras,
entre la textura del papel y el aire oloroso a grafito.
Allí donde impongo mi previsible pensar
sobre el pensamiento fluido que surge del lápiz y la hoja
acaba la escritura.
Ya sólo queda el oficio;
la estructura del poema, el armado del verso,
la elección adecuado de vocablos y adjetivos.
Nada que el tallerista no pueda explicar en su pizarrita.
Escribo con cierto temor.
Me entrego a la savia incertidumbre de nombrar
lo que ni yo ni el no yo —menos el lector— saben qué es.
Sólo un parpadeo de imágenes,
sólo un débil seísmo de inesperados sentidos,
acaso un ritmo, loco como los mirlos, asomando su cabeza
entre los versos, las líneas, las frases, los espacios
donde mi inadvertido y amado arte
funda y diluye, lamenta y abole
la posibilidad de que la muerte nos venza
una vez más.
--𝑺𝒂𝒏𝒕𝒂 𝑴𝒂𝒓í𝒂 𝒅𝒆𝒍 𝑴𝒂𝒓, 𝒔𝒖𝒓 𝒅𝒆 𝑳𝒊𝒎𝒂. 𝑭𝒊𝒏𝒆𝒔 𝒅𝒆 𝒎𝒂𝒓𝒛𝒐 𝒅𝒆 2025.
(Fuente: Lab De Poesía)
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