VASO
(Fuente: Daniel Freidemberg)
(Fuente: Daniel Freidemberg)
(Fuente: Óscar Limache)
(Fuente: Jonio González)
(Fuente: Jonio González)
A la vanidad por el medro.
*
La rueda hizo de barrote.
*
Solo era corrupción tradicional.
*
Despertó para hacerse el muerto.
*
Se le está poniendo cara de cotidiano.
*
Púrgame el monstruo.
*
Ahorraba por no hacer.
*
También la cortina era muro.
Jonás Sánchez Pedrero. Torrelodones. Ed. Dilema, 2025
(Fuente: Voces del extremo)
Versión: Isaías Garde
(Fuente: Biblioteca Ignoria)
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| Obra de Andrei Nikolaevich Averyanov |
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| Frío polar, Editorial Tusquets, 2024 |
(Fuente: Emma Gunst)
XXVII
Recuerdo la hora torcida de mi vida
en la que planteé las preguntas exactas,
la hora en la que empezó a pudrirse mi carne
y a llenarse de orgullo el impostor sonriente
que sirve las mesas
y llena los cuencos de trigo los días de fiesta.
He olvidado el tacto de las mejillas de Artemisa,
he olvidado la forma concreta del cuello florido de Atis,
he olvidado que tuve la piel blanca.
En mi diario sólo queda un insistente
olor a madera y a óxido,
también a leche agria y a hoja de tabaco,
también a sangre infantil,
también a baba.
Aquella hora torcida
en la que abandonar a mi gemela de oro en el sótano
parecía una salida segura.
La misma hora
en que los grillos renunciaron a mis noches
y empezaros a cantarme al oído las urracas.
He olvidado, también,
los bordes de mis clavículas frente al espejo,
en aquella hora torcida
bajo la indolente luz de las bombillas
toda yo me transformé en espalda.
He bailado un paso a dos con la bestia;
lo que llamo identidad es una figura
armada con los restos podridos del banquete,
un espantajo de carne, hueso y agua,
mucha agua,
que se mueve con gracia de espantapájaros y
anda.
En la hora torcida de mi vida
comencé a escribir este poema,
con el penúltimo aliento de una superviviente
a la que conozco desde que nací,
sirva como último arañazo sobre la carne colgante
del destino,
como asidero para alcanzar la superficie
y gritar al miserable dios del tiempo:
hijo de perra, sigo aquí.
Alana S. Portero
La habitación de las ahogadas
La Bella Varsovia
(Fuente: Papeles de Pablo Müller)
Siempre vuelvo a este monte solitario,
y a estos arbustos, que una buena parte
del horizonte ocultan a mis ojos.
Pero sentándome, admirado, amplísimos
espacios más allá, y sobrehumanos
silencios, y la más perfecta calma
empiezo a imaginar, y el corazón
por poco se me espanta. Y mientras oigo
que el viento cruza entra las ramas, ese
infinito silencio yo a esta voz
voy comparando, y me llega lo eterno,
las estaciones muertas, y esta, viva,
presente, con sus ruidos. Así en esta
inmensidad se ahoga el pensamiento,
y naufragar en este mar me es dulce.
(traducción de Alejandro Crotto)
(Fuente: Grata palabra)
(Fuente: Jonio González)