miércoles, 20 de diciembre de 2023

Héctor Giuliano (Piamonte, Italia, 1947)

 

El erizo de mar
subyace
así en la nieve
y los derrames de petróleo,
indiferente,
tahúr, operador de Bolsa,
amarillito procaz,
no le llueven
cerrazones,
tiembla lo necesario
sin exceder energía,
detesta peces herbívoros
pululantes y aburridos,
envidia el conflicto ficcional,
sujeta manos y uñas
que las anguilas
estiran por ahí,
se desmarca en la cancha,
no es temeroso ni alcohólico,
no degusta alimentos libres de Tacc,
sí grasas, tendones, fritangas
y esos grumos
que se suponen cerebros
de vecinos y otros habitantes
o compadres
que flotan
al azar
le son afines,
es nítrico, desvanecido,
salaz,
ortomolecular con reservas
en agasajos y fiestas de gala,
bifronte y bombástico
sólo
cuando la ocasión lo fuerza;
peso atómico específico 234,
tentativo el páncreas,
internas las verrugas,
tiene los ojos tan ocultos
que todo lo ve,
se suelta de pájaros,
es malabarista sobre la cresta de las olas,
receloso de su cucha
entre rocas, pólipos y anémonas,
y cuando se le da por volar
bate alas
dando berrinches a la noche
tal bebé reclamando papilla,
es desmadejado,
pulido, compañerazo,
refulgente,
seductor,
figurín de moda
y aristócrata en alpargatas,
tiene novias en caletas y bahías,
miles en alto y ultraoceáno,
risa fácil, cáscara tierna y dura,
constelado,
helicoidal,
y cada vez que blanquea
sus adherencias al mar
se afortuna el día,
calza gorra vasca,
se zampa un trago de la bota
y la emprende a piñas y bancazos
contra esas palometas
tan molestas y banales,
pretensas de poder
y homogéneamente vulgares,
porquerías primerizas,
chatarra gestual.

- Inédito -

 

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