LOS PUERTOS…
Los puertos estaban abiertos. Embarcamos,
acero en las rodillas y risas por nuestros cabellos,
pues nuestros remos se hundieron en el mar, más ligeros que Dios.
Nuestros remos golpearon las palas de Dios y compartieron marea;
delante era de día, y atrás quedaban las noches,
arriba estaba nuestra estrella y abajo se hundían las demás,
fuera la tormenta enmudecía y dentro crecía nuestro puño.
Solo cuando se desató la lluvia aguzamos de nuevo el oído;
cayeron lanzas y aparecieron ángeles,
clavaron en nuestros ojos negros ojos más negros.
Quedamos destrozados. Nuestro blasón ondeaba al viento:
Una cruz en la sangre y una nave mayor sobre el corazón.
Traducida del alemán de Anna Rossell
(Fuente: La Reversible)
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