miércoles, 17 de marzo de 2021

Valery Larbaud (Francia, 1881 - 1957)

 

 

IMÁGENES

I

Un día, en Karkov, en un barrio popular
(¡ah, esa Rusia sureña donde todas las mujeres
cubiertas con su chal blanco parecen madonas!),
vi a una joven volver de la fuente
que llevaba, según su costumbre, como en los tiempos de Ovidio,
dos cántaros colgando de los extremos de un palo,
en equilibrio entre los hombros y el cuello.
Y vi a un niño en harapos acercarse a ella y hablarle.
Entonces, inclinando amablemente su cuerpo hacia la derecha,
hizo que el cántaro rebosante de agua clara tocase el suelo
a la altura de los labios del niño, que se había arrodillado para beber.
 
**
 
 

II

Una mañana, en Rotterdam, en el muelle de Boompjes
(era el 18 de septiembre de 1900, a eso de las ocho),
observé a dos muchachas que iban a sus talleres;
y frente a uno de los grandes puentes de hierro, se despidieron,
sus caminos no eran los mismos.
Tiernamente se besaron; sus manos trémulas
querían y no querían separarse; sus bocas
se apartaban dolorosamente para volver a juntarse de nuevo,
mientras contemplaban sus ojos fijos...
Así estuvieron un largo instante, muy cerca una de otra,
de pie e inmóviles en medio de esa gente que pasa afanosa,
remolcadores que braman en el río
y trenes que maniobran silbando por los puentes de hierro.
 
**
 
 

III

Entre Córdoba y Sevilla
hay una pequeña estación, donde, sin razón aparente,
el Sur-Expreso siempre para.
En vano el viajero busca con los ojos algún pueblo
detrás, dormido bajo los eucaliptos.
Sólo ve campo andaluz: verde y oro.
Sin embargo, al otro lado de la vía, enfrente,
hay una barraca de ramas tiznadas y tierra.
Al ruido del tren sale una chiquillería andrajosa.
La hermana mayor los precede, se acerca hasta el andén
y, sin decir ni una palabra, pero sonriente,
baila por unos céntimos.
Sus pies en el polvo parecen negros;
su cara oscura y sucia no es hermosa;
baila, y por los jirones de su falda color ceniza
se ve agitarse, desnudas, sus flacas piernas
y el movimiento de su pequeño vientre amarillo:
siempre algunos caballeros se ríen ante esto,
entre el olor de sus cigarros, en el vagón restaurante...
 
 
 
_________________
en “Obra completa de A. O. Barnabooth”, Trieste, Madrid, 1988. Trad. del francés de Adolfo García Ortega.
 
 
(Fuente: Jonio González)

 

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