domingo, 7 de marzo de 2021

Rui Knopfli (Mozambique, 1932 - Lisboa, 1997)

 

 

Principio del día


Me quita el sueño un ladrido de perros
en la madrugada. Despierto en la mañana
de gritos inconexos y sacudo
de mí los restos de la noche
y la ceniza de los cigarros fumados
en la víspera.
Digo adiós a la noche sin nostalgia,
digo buen día al nuevo día.
En la mesa el retrato gana contorno,
le digo buen día
y sé que íntimamente él responde.
Salgo a la calle
y voy diciendo buen día en sordina
a las casas y personas que paso.
En el escritorio digo buen día.
Me dicen buen día como quien cierra
una ventana sobre la niebla,
palabras dichas con la epidermis,
sonido disonante, opaco, pesado muro,
entre el sentir y el hablar.
Y buen día ya no es más el puente
que yo intenté levantar.
Callado,
me siento en el escritorio,
sombrío, desencantado.

 

 

Programa


No hago lo que quiero,
hago lo que puedo
y lo que puedo pasa
por el paso de la dificultad.
Palabras tengo pocas,
duras, desnudas estacas,
complicando mi elección.
Desiertas y perfiladas
las levanto al sol en vertical
y son monótonas y dan sombra.
Con ellas levanto cuatro desnudas
paredes, un hogar en forma
de oración. Difícilmente
construyo una casa fácil.
Fácil es hacer difícil,
difícil hacer lo fácil.

 

 


Quiénes somos


Quiénes somos, si no lo que imperfectamente
sabemos de un pasado de sombras
mal recortadas en la neblina opaca,
imprecisos rostros mentidos en las páginas
antiguas de tomos cuyas palabras
no son, por cierto, las proferidas,
o reproducen siquiera actos y gestos
cometidos. Se yergue la espada:
metal y tierra conocen la sangre
en fronteras y destinos poco

a poco corregidos en la memoria
indescifrable de las arenas.
La lápida, que nombra, no describe
y la historia que lo cuenta,
eco variado y distorsionado, es ya
diversa y a sí misma se entreteje
en la mortaja de conjeturados perfiles.
Mañana seremos otros. Por ahora
nada somos sino el imperfecto
limbo de la leyenda que seremos.

 

 

Memoria consentida


En este lugar sin tiempo ni memoria,
en esta luz absoluta o absurda,
o sólo oscuridad total, destellos hay
en que creo, o se me figura,
haber tenido, alguna vez, pasado
con biografía, donde se mezclan
datos, nombres, caras, paisajes
que, de tan rápidos, me dejan
apenas el recuerdo angustiado
de no poder más recordarlos.
Sobra, a veces, una esquirla
o fragmento, como el latido
de un perro en la tarde doliente
y larga de una remota infancia.
O el indistinto murmullo de voces
al lado de un río que, como las voces,
no existe ya cuando hacia él
vuelvo, sorprendido, la mirada cansada.
Insidiosas, crujen las tablas en la tarima,
o es el susurro blando del viento

en el zinc ondulado, en la fronda sombría
de los eucaliptos de perfil en el horizonte,
con el mar de fondo. ¿Qué tarima,
de qué casa, qué viento en qué parajes,
dónde el mar a lo largo, entrevistos,
no los veo ya o, siquiera, recuerdo
en la brevedad del instante cruel?
¿De qué sueño o vida, o espacio de otro,
provienen tales sombras melancólicas,
hiriendo de indescifrables avisos
en este lugar que, no siendo consentido
el corazón, no se consienten tiempo y memoria?
Pausa o pena, a su oculto propósito ha de
siempre oponerse, lenta, la inexorable asfixia
de esta voz absurda, o sólo oscuridad total.

 


Sin nada mío

Me di entero. Los otros
hacen el mundo (o creen
que lo hacen). Yo me siento
en la puerta, sin nada
mío y tengo una sonrisa
triste y una gota
de ternura blanda en la mirada.
Me di entero, me sobran
corazón, vísceras y un cuerpo.
Con eso voy viviendo.

 

(Fuente: Universo epígrafe)


 

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