Lugares comunes
Una ventana pequeña y podrida,
un barrio de gente distraída —o cansada —
un alumbrado público sin luz
abandonado y que abandona a todos,
una calle pavimenta —varias veces supuestamente—
donde la tierra se escapa por las grietas,
un silbido que viene de la infancia —en boca de otro niño—
y una cara que no reconoce los años
que han pasado —ni el espejo que los refleja—
Subir la cuesta
y ver un mirador sin miradas,
solo viento que sopla con fuerza y soledad,
al contemplar lo que muchos dejaron de contemplar
porque distancia y olvido separan
este cúmulo de luces provincianas, la noche
nuestra con la de ellos.
Vuelvo a la ventana podrida
pero con la imagen del mirador
con la reflexión de no entender nada,
respiro este aire de pérdida —sin saberlo—
porque la juventud se va —eso pasa y no lo noto—
y estos pies no han andado otras tierras,
siguen en sus lugares comunes.
(Fuente: La sociedad perdida)
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