viernes, 19 de marzo de 2021

Héctor Giuliano (Piamonte, Italia, 1947 /Reside en San Juan)

 

 

Dijeron que nací
esa mañana
de julio
en que
el sol
calcinaba la tierra
y los pájaros
murieron de alas.
 
No quise llamarme
Héctor,
hubiera querido ser
un número gozoso,
Perlada Cruz de Bizancio,
dos palitos paralelos,
cuero de visón.
 
No participé
de la pluma
que me asentó
en Registros estatales,
actas de escalpelo
y eternización de nadas.
 
Luego vinieron
el Éxodo, el Levítico,
los Proverbios,
Getsemaní,
las argumentaciones
carentes de sentido,
la insolencia intercostal.
 
Más tarde se perfilaron
esos desconocidos:
padre y madre, hermano,
el crecimiento enzimático,
la dureza de los huesos,
algo que estimo craneano
pero que no lo es,
la red neurológica cloacal,
denominaciones y escrúpulos
que nada dicen,
que son exteriores,
que no pertenecen a nadie;
un niebla confusa
radicada con mensuras,
pero yo no soy
este sucio espejo,
que refracta cenizas,
ni estas manos,
ni este hígado
que no sé qué es,
tampoco las hemorroides,
el gusto a canela,
el trago de tinto,
era, soy, seré, algo inexplicable.
Hasta aquí nada nuevo.
La prisión abrió las esclusas:
comportamiento tal,
escribir con la derecha,
reír con ganchitos en la boca,
corregir, anular, aguaitar,
seguir la huella,
amar a las tías
que fueron conceptos,
cuerpear las circunstancias,
después vinieron los inventos:
la supervivencia marsupial,
el inconsciente, los edipos y leyendas,
las manipulaciones industriales,
la indagación y bautismo de estrellas,
el microscopio, las hormonas,
los socotrocos ideológicos,
di muerte directa o indirecta por ellos,
los aguantaderos,
la miseria, los álamos en otoño,,
las condenas, los aparicios,
el cuchillito envainado,
la revisión del nombre,
del apellido,
o sea, otro nombre al pedo,
los pronombres,
los prohombres,
los renombres,
los números que acantonan:
identidad, historia clínica,
expediente, canarios pedigrí,
CBU,
y cuanta cosificación
ande por ahí.
 
Ahora
no soy aquel número natural
que soñé,
soy el perfecto negativo,
como decir - 380 a.C.,
una cosa así,
y peor, detesto la aritmética
que tanto amé y puso tizones
a la victoria incendiaria.
 
Pronto
seré epitafio,
con suerte,
que tendrá
numérico ingreso y egreso,
fechas acuosas,
una cagada de paloma
sobre tierra removida,
alguien que llore,
un camioncito verdulero
y un megáfono
perdiéndose tras los pinos
al refunfuñe y aceptación.
 
No soy el Hombre Nuevo,
no di su paso iluminado
que brotó
en la Era de Acuario,
apenas borrón,
pluma, cal en el viento,
mosca hinchada.
 
 
 

- Inédito -

 

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