miércoles, 30 de septiembre de 2026

Joaquín O. Giannuzzi (Buenos Aires, 1924 - Salta, 2004)

 

 

Poética

 

La poesía no nace.
Está allí, al alcance
de toda boca
para ser doblada, repetida, citada
total y textualmente.
Usted, al despertarse esta mañana,
vio cosas, aquí y allá,
objetos, por ejemplo.
Sobre su mesa de luz
digamos que vio una lámpara,
una radio portátil, una taza azul.
Vio cada cosa solitaria
y vio su conjunto.
Todo eso ya tenía nombre.
Lo hubiera escrito así.
¿Necesitaba otro lenguaje,
otra mano, otros par de ojos, otra flauta?
No agregue. No distorsione.
No cambie
la música de lugar.
Poesía es lo que se está viendo.
 

Centenario de Joaquín Giannuzzi – La Marea

 

(Fuente: Ezequiel Zaidenwerg Dib) 

martes, 29 de septiembre de 2026

Santiago Rebasa (Buenos Aires, 1972)

 

 

A la noche
la soledad del campo
y a la mañana
la angustia de la luz
en los caminos 
 
nadie pisa la sombra
de los árboles
el dibujo que cambia
con la brisa y las horas 
 
el canto de los pájaros
no toca el suelo. 
 
S.R.
29-9-2026

 

Elsie Alvarado de Ricord (David, Panamá, 23 de marzo de 1928 - Ciudad de Panamá, 18 de mayo de 2005)

 

 

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LA VOZ AUSENTE 

.
Porque me siento sola
mi corazón camina a la intemperie.
Lejos, lejos estás, como los astros,
y la leyenda que emprendimos,
eres una constelación en mi desvelo.
 
Recuerdo que una tarde
más hermosa que el cielo,
en un mundo imposible
fui novia entre tus brazos.
 
Estás en mi, tarde cautiva,
espejo
para mirar la faz de la alegría
al que dije un instante
como una reina ufana
en un cuento fugaz en que conté mi vida:
 
«Espejo del encanto,
respóndeme por Dios,
¿tiene alguien en el reino
más ventura que yo?»
 
Mientras la calle, ciega a nuestra música,
miraba el gesto sin oír el beso,
una rosa dorada sonreía en tus brazos:
la renovada gracia
con que asomaste el alma en mi camino.
 
Lejos estás, amor, como los astros,
y yo espero tu luz desde el silencio,
porque tal vez me digas
con los labios colmados por una dicha cierta,
que no somos el rostro que sonríe,
ni la mano que forja,
ni el cerebro que vela,
ni siquiera la voz,
que nos refleja en cauces de armonía.
 
Que en las zonas ocultas del corazón, apenas
somos, tal vez, ese anhelar secreto
con que el amor nos trunca o nos redime.
 
Lejos estás, amor, dame la mano,
dame la voz,
y dame
lo imposible.
.
De: «𝘏𝘰𝘭𝘰𝘤𝘢𝘶𝘴𝘵𝘰 𝘥𝘦 𝘳𝘰𝘴𝘢» (1953)
.
Elsie Alvarado Moreno de Ricord fue una poeta panameña 🇵🇦

 

(Fuente: Grover González Gallardo) 

André Breton (Tinchebray, Francia, 19 febrero 1896–París, 28 septiembre 1966)

 

 

 

 

 

 


MÁS QUE SOSPECHOSO 

 

Las cadenas han contraído una grave enfermedad
Se secan después de haber dejado escapar
En una luz de estiércol al sol poniente
Toda una multitud de cabezas de generales 
 
 
 

INTERIOR 

 

Una mesa servida con gran lujo
Desmesuradamente larga
Me separa de la mujer de mi vida
Que veo mal
En la estrella de las copas de toda talla que la tiene dada vuelta hacia atrás Escotada en golpe de viento 
 
 

RANO RARAKU 

 

Qué bello es el mundo
Grecia nunca existió
No pasarán
Mi caballo encuentra su pienso en el cráter
Hombres-pájaros nadadores encorvados
Revolotean alrededor de mi cabeza porque
Soy yo también
Quien está allí
Tres cuartas partes hundido
Bromeando con los etnólogos
En mi amical noche del Sud
No pasarán
La llanura es inmensa
Los que se adelantan son ridículos
Las altas imágenes han caído 
 
(Traducción: Rodolfo Alonso, argentino)
En: Sendero del viento
Trujillo: Cuadernos Trimestrales de Poesía N° 46, abril-mayo-junio 1972

 (Fuente: Óscar Limache)

Lina Meruane (Santiago de Chile, 1970)

 

 

 

«Qué decir del genocidio»





 
 
 
 
El genocidio palestino es uno de los grandes horrores de este siglo, acaso solo comparable al del Holocausto judío del siglo anterior. La radical intensificación del exterminio palestino de los últimos tres años y su exhibición desvergonzada impune han puesto a prueba el compromiso con los derechos humanos y los mecanismos de la legislación internacional, así como el sentido mismo de nuestra humanidad.

La lucha contra la barbarie del Gobierno y el ejército israelíes se libra en muchos frentes. Y uno de ellos es el de la palabra pública, es decir, el del reconocimiento de lo que ocurre frente a su distorsión. Así lo entendieron los 30 artistas e intelectuales que amenazaron, hace unas semanas, con boicotear el Festival de las Ideas de Madrid si la aseguradora Allianz, financieramente vinculada a Israel, no retiraba su patrocinio.

Y así también lo entendieron hace unos días los estudiantes de la Red Universitaria por Palestina de la Universidad de Granada cuando pidieron a las organizadoras del festival literario Cultur Alh que no le dieran espacio a la escritora argentina Ariana Harwicz por avalar el genocidio.

De inmediato se levantaron voces que enmarcaron el incidente como una violación de la libertad de expresión. Al hacerlo se omitía, errada o convenientemente, el hecho de que lo que se condenaba era normalización del genocidio y la demonización de quienes se oponen a él.

Importa recordar que las palabras tienen consecuencias, lo demostró el escritor judío Victor Klemperer en los años del nazismo al consignar el modo en que el discurso antisemita iba promoviendo la más extrema violencia contra millones de judíos y otras gentes consideradas inferiores. Por eso, el lenguaje hay que cuidarlo.

Por eso, toda intervención en el espacio público debe asumir una responsabilidad política y ética, sobre todo si el asunto es algo tan atroz como un genocidio. Por eso, en este momento crítico, yo asumo mi compromiso con el pueblo palestino: con su libertad de expresión, históricamente negada, con su libertad para vivir dignamente en su tierra, con su libertad para sobrevivir. Sobre esa libertad —y no sobre la de escritoras y escritores con micrófono en mano— no estamos hablando suficientemente.



en El País, Madrid, 25 de septiembre 2026



(Fuente: Descontexto)

 

César Vallejo (Santiago de Chuco, Perú, 1892-París, Francia, 1938)

 

 

César Vallejo - Trilce, poema LXXV 

 

 

Ello es que el lugar donde me pongo...

 


Ello es que el lugar donde me pongo
el pantalón, es una casa donde
me quito la camisa en alta voz
y donde tengo un suelo, un alma, un mapa de mi España.
Ahora mismo hablaba
de mí conmigo, y ponía
sobre un pequeño libro un pan tremendo
y he, luego, hecho el traslado, he trasladado,
queriendo canturrear un poco, el lado
derecho de la vida al lado izquierdo;
más tarde, me he lavado todo, el vientre,
briosa, dignamente;
he dado vuelta a ver lo que se ensucia,
he raspado lo que me lleva tan cerca
y he ordenado bien el mapa que
cabeceaba o lloraba, no lo sé. 
 
Mi casa, por desgracia, es una casa,
un suelo por ventura, donde vive
con su inscripción mi cucharita amada,
mi querido esqueleto ya sin letras,
la navaja, un cigarro permanente.
De veras, cuando pienso
en lo que es la vida,
no puedo evitar de decírselo a Georgette,
a fin de comer algo agradable y salir,
por la tarde, comprar un buen periódico,
guardar un día para cuando no haya,
una noche también, para cuando haya
(así se dice en el Perú — me excuso);
del mismo modo, sufro con gran cuidado,
a fin de no gritar o de llorar, ya que los ojos
poseen, independientemente de uno, sus pobrezas,
quiero decir, su oficio, algo
que resbala del alma y cae al alma. 
 
Habiendo atravesado
quince años; después, quince, y, antes, quince,
uno se siente, en realidad, tontillo,
es natural, por lo demás ¡qué hacer!
¿Y qué dejar de hacer, que es lo peor?
Sino vivir, sino llegar
a ser lo que es uno entre millones
de panes, entre miles de vinos, entre cientos de bocas,
entre el sol y su rayo que es de luna
y entre la misa, el pan, el vino y mi alma. 
 
Hoy es domingo y, por eso,
me viene a la cabeza la idea, al pecho el llanto
y a la garganta, así como un gran bulto.
Hoy es domingo, y esto
tiene muchos siglos; de otra manera,
sería, quizá, lunes, y vendríame al corazón la idea,
al seso, el llanto
y a la garganta, una gana espantosa de ahogar
lo que ahora siento,
como un hombre que soy y que he sufrido.
 

 

(Fuente: Feria virtual del libro de Cajamarca, Perú) 

Viviana Abnur (Ciudadela, Buenos Aires, 1964)

 

 

Mi cama está a la altura/ 
de la copa del árbol/ 
ahí donde los nidos se construyen/ 
y las ramas se ponen a prueba/ 
ahí/ donde dos pájaros azules/ 
corridos por la lluvia/ 
corridos por el viento/ 
desde hace una semana/ 
todo lo arriesgan/ 
yo insisto en la quietud/ 
y duermo.

 

(Fuente: Eduardo J. Espósito)