lunes, 1 de junio de 2026

Enrique Arias Beaskoetxea (Bilbao, España, 1958)

 

 

 

12 poemas de PENUMBRA 

  



(3)


Ya me es indiferente en qué lenguaje

no seré comprendida.


Marina Tsvietáieva



XXV.


mientras tanto espero

que palabras se decanten

sobre la hoja en blanco

y la escritura incesante

acabe este u otro poema




XXVI.


bajo las persianas

para no quemarme los ojos

cierro la puerta

para alejar a todo el mundo

leo poemas traducidos

para presuroso abandonarlos




XXVII.


mientras tanto observo

mi ánimo desmoronarse

mi alma partirse

en mil esquirlas

de vidrio y abandono

al modo de vasos

lanzados contra la pared




XXVIII.


un antiguo reloj

reposa en una mesilla

mientras espera su parada

los segundos marchan

a cámara lenta

cuando se detenga

mi corazón se partirá

y no sabrá adónde ir



XXIX.


la angustia habita

los rincones de la casa

huésped permanente

pero no convidada

lo oscuro avanza por un túnel

de la incertidumbre

a falta de un acto de voluntad




XXX.


lo que queda

tras el silencio

es el anhelo del viento

en la extensión del desierto




XXXI.


bajo la llanura

yace latente

un callado augurio

de dolor y pesadumbre




XXXII.


ese cuerpo abandonado

se ovilla con mantas

esperando que la noche

avance hacia la nada



XXXIII.


no hay nada por lo que seguir

no hay lucha ni huida

todo en el presente

tan solo rendición

sin armas ni firmas





XXXIV.


de dónde llega

esta inaudita calma

que se derrama

como un océano

sobre mí y mis horas




XXXV.


alejado de todos los seres

alejado del mundo

alejado de uno mismo

solo queda un desierto

sobre el que sopla

el viento ante la ausencia




XXXVI.


a veces las palabras

no acuden a la cita

el papel se deshace

en copos de nieve

la tinta se desploma

goteando en el suelo

 

 

 

 Enrique Arias Beaskoetxea. inéditos

pintura japonesa sobre papel del siglo XVIII titulada "Hielo agrietado" por Maruyama Ōkyo.

 

(Fuente: Voces del extremo) 

Osvaldo Aguirre (Colón, Santa Fe, 1964)

 

 

 

 

 

LA HERENCIA

 

El viaje fue cansador
y la medicación
previa al desayuno
la dejaba abombada
un buen rato,
pero estuvo orientada
en tiempo y espacio
y tenía una expresión
de indiferencia,
como si no valiera la pena
fastidiarse con las personas
que la sometían a ese ajetreo,
como si los camilleros
fueran sus pajes
y la ambulancia un trineo
real. Directo al quirófano
fue la orden del cirujano.
Ahora descansa en el cuarto
donde la recibí, perdida
por la anestesia,
por el estrés de la situación.
Nada que no sea normal.
Pero me reprocha
la demora en llegar
al hospital, y esa queja
se mezcla con la historia
de una mujer
que le revuelve la ropa
y la acusa de robarle
un interesado
en la colación de grado
del magisterio, en el Normal
de San Nicolás, cincuenta,
sesenta años atrás.
La enfermera no se da cuenta
o es cómplice, y ella insiste
con que la desconocida
le recrimina, la insulta,
y es una injusticia,
hasta que se olvida
y trata de dormir.
Me quedo a su lado
con la televisión encendida
y la cena que no ha probado.
Soy su heredero y tengo
una forma parecida de mirar
el mundo y el mismo orgullo
de una memoria intacta,
sin llegar al delirio. Por ahora.
Por ahora. Me reconozco
en esa mujer incapaz de moverse,
de hacer sola lo más mínimo,
ofendida por el trato que recibe,
y sé que heredar
es contraer una deuda
antes que suceder a alguien
o parecerse más o menos.
Un ruido la sobresalta,
está segura de lo que tiene
ante la vista desde la cama,
pero no sabe cómo interpretar
lo que sospecha más allá.
¿Es aquella mujer que atraviesa
el salón hecha una furia,
el escándalo de la graduación?
Le parece que viene la lluvia
y presta atención, le parece
que se levanta viento,
le parece que cae piedra
y se preocupa
como si estuviera
en el campo y la ventana
con rejas diera al patio
de rosas y azucenas,
como si aquello no fuera
tiempo pasado. Allá vamos,
ella con sus fantasmas
y yo con mi legado.


(Fuente: Daniel Rafalovich)
 

Wislawa Szymborska (Prowent, Polonia, 1923-Cracovia, 2012)

 

 

 

UN POEMA DE WISLAWA SZYMBORSKA EN POESÍA COMPLETA

 






HIJOS DE LA ÉPOCA




Somos hijos de la época,

la época es política.


Todos tus asuntos, los nuestros, los vuestros,

asuntos diurnos, asuntos nocturnos,

son asuntos políticos.


Quieras o no quieras,

tus genes tienen un pasado político;

la piel, un tono político;

los ojos, un aspecto político.


Lo que dices tiene ecos

y lectura lo que callas,

de cualquier forma, políticos.


Hasta yendo por el bosque

son políticos tus pasos

sobre una base política.


Los poemas apolíticos son políticos también,

y arriba brilla la luna,

un objeto no lunático.

Ser o no ser, esa es la cuestión.


Qué cuestión, respóndeme, mi amor.

Una cuestión política.


No es necesario siquiera que seas un ser humano

para cobrar una importancia política.

Basta que seas petroleo,

forraje o materia reciclada.


O una mesa de debates sobre cuya forma

se discutió varios meses:

¿en cuál negociar sobre la vida y la muerte?

¿en una redonda o en una cuadrada?


Y mientras, ha muerto gente,

han muerto animales,

han ardido casas,

se han perdido campos de cultivo,

como en tiempos remotos,

y menos políticos.




Wislawa Szymborska

Poesía completa


Traducción de Abel Murcia, Gerardo Beltrán y Katarzyna Moloniewicz


Visor

 

                  (Fuente: Papeles de Pablo Müller) 

Verónica Volkow (México, 1955)

 

 

"Jardín"

 


 
 
 
Hay en mi jardín rosas que deshojan
un corazón abierto al descampado.
Así es la flor,
su desnudez es magia.
Le pido a la rosa me guarde,
en la fragilidad, secretos dones
y a la espina me otorgue la humildad
y sus manos precisas.

Pido un techo que no tape, que recuerde al cielo
y una ciudad que es nueva siempre
porque no agota sus caminos,
y le pido al río su fluir,
su muerte en el instante
que también es vuelo.
 
 

Verónica Volkow, incluido en Poetas latinoamericanas. Antología crítica  (Escuela de Estudios Literarios, Universidad del Valle, Colombia, 2009, selec. de Carmiña Navia Velasco).

(Fuente: Asamblea de palabras)

 

Billy Collins (Nueva York, EEUU, 1941)

 

 

Olvido

El nombre del autor es lo primero que se pierde;
con obediencia siguen luego el título, el argumento,
el desenlace trágico, y la novela misma, que de pronto
no recordás haber leído, ni siquiera la oíste mencionar,

como si, uno por uno, los recuerdos que tenías
hubieran decidido retirarse al hemisferio sur de tu cerebro,
a un pueblito pesquero sin teléfonos.

Hace ya mucho que te despediste de los nombres de las nueve musas,
y que hizo la valija la ecuación cuadrática,
e incluso ahora, mientras memorizás el orden de los planetas,

hay algo más que se te está escapando, una flor típica,
la dirección de un tío, la capital de algún país remoto.
Lo que estás intentando recordar, sea lo que sea, no
lo tenés en la punta de la lengua,
tampoco está escondido en lo profundo de tu cuerpo.

Se fue flotando por un río oscuro de la mitología, cuyo nombre
empieza con la letra L, si la memoria no te engaña,
a vos, que también vas rumbo al olvido, donde te encontrarás
con otra gente que ya no sabe nadar ni andar en bicicleta.

Por eso, en medio de la noche, te despertás para buscar la fecha
de una batalla célebre en un libro.
Y por eso la luna en la ventana parece haber salido
de un poema de amor que alguna vez supiste de memoria.
 
Traducción de Ezequiel Zaidenwerg Dib 

Billy Collins — The Poets Corner


 

 

domingo, 31 de mayo de 2026

Germán List Arzubide (México, 1898 - 1998)

 

 

Puede ser una imagen de golf y texto que dice "VictorGarouché/C /CNLLINBA Victor Carrouché/" 

 

 

EL VIAJERO EN EL VÉRTICE

 

tus adioses
 
solo rigen
 
en el eclipse de los panoramas
nos hundiremos en las riberas
de la perspectiva
 
y nadie
hojeará mañana
nuestro nombre
 
está en la vía
nuestro único destino
Y DETRÁS
se ahoga en la violencia
el suelto itinerario
del amor
 
la ciudad
 
falsificada
 
por el amanecer de su pañuelo
se derramó en la noche mecánica
 
del túnel
 
desdoblé el diario de mi indiferencia
y leí la catástrofe
de
su nombre
 
 
ARTÍCULO 1º
 
hay que tocar el piano
en la balsa de los andenes.
 
Mientras las locomotoras bufan su impaciencia
las arañas tejen
sus telas con hilos de música
para apresar la mariposa eléctrica.
 
La mecedora
sube por los peldaños de las notas
y un pájaro se deshila
en una overtura fascista
me perdí en la noche lamida de sus medias.
¡Cómo pesa este techo!
Allá fuera una rosa está pidiendo auxilio
y pensar que los postes se mueren de fastidio.
 
Einstein no ha descubierto
quién inventó las moscas.
 
Era tan jugosa
de imposibles su boca.
 
Al fin sus manos se hicieron pedazos.
Pero a pesar de todo
un grillo da su conferencia
interceptando
el mensaje
crispado
de las estrellas.
 
Así, surgen las
Ciudades que inaugura mi paso
mientras los ojos de ella
secuestran el paisaje …
los hilos del telégrafo
van colando la noche
 
y en las últimas cartas regresó la distancia
y con la boca abierta
el crepúsculo espera
que se resbale la primera estrella …
 
El balcón
de su adiós
se entrega entero en una conversión
en las esquinas
las muchachas inéditas
han encendido los voltaicos
y el paisaje metido en los eléctricos
va diciendo los nombres retrasados
 
Un vals en el exilio
remendado de notas de colegio
Y
cruzado de brazos
el HOTEL
lacrado con el grito de todos los países
y un pobre tiempo viejo
Esta ciudad es mía
y mañana
la arrojaré a puñados
al camino de hierro
 
 
(Fuente: Henderson Espinosa) 
 

Sandra Tana Pasquini (Rosario, 1969)

 


Del Libro H
 

/
Ahora me auscultan me revisan
como a un objeto extraño peligroso
un artefacto a punto de estallar
aproximan el oído al abalorio
buscan el tic tac que confirme la sospecha
o no lo buscan
soy una bomba de Dios
un explosivo salvaje olvidado arteramente
en el lugar del estallido
una mecha que se enciende para deflagrar
un oculto mecanismo una joya de relojería
precisa certera mortífera
una bala detonada en el blanco
en un procedimiento sencillo
una ablación limpia
me arrancan el pecho que me sobra
con el otro dicen / con el que queda /alcanza
para amamantar lo que crece en la desgracia
lo que se mece torpemente en su sombra
ahora me auscultan me revisan
me miran de reojo
como a un objeto extraño peligroso
como a un artefacto a punto de estallar
entonces estallo.
 

 

(Fuente: Alicia Silva Rey)