sábado, 1 de noviembre de 2025

Liliana Ancalao (Comodoro Rivadavia, Chubut, 1961)

 

 

La tarde del sábado para lavar la ropa

 

Entre los peones, que cayeron fusilados en las huelgas rurales de la Patagonia de 1920 y 1921, muchos eran hombres de los pueblos originarios que cuarenta años antes habían recorrido libres los territorios del sur.
 
 
 
La tarde del sábado para lavar la ropa
pedían los
peones
que ahora les llamaban así a los empobrecidos
williches pikunches ahonikenk shelknam
yagan kaweskar y kamollfunche
Cuarenta años después
un rato de ser wentru pedían
aunque los alambrados
No les dijeron no, a su pedido
siempre fueron afables
tampoco sí:
a las ventanas de brisa en el galpón cerrado
un suspiro limpio que ventile el pecho
y se lleve el olor de los corrales
lo desparrame
como el agua enjabonada
el sábado a la tarde en el patio de la estancia
Un respiro de aire sin
patrones
que ahora debían llamarle así
a los muy enriquecidos
no les dijeron no, los muy prolijos
hicieron venir a los milicos
Y no les dieron:
tiempo para lavar su cara y su cabello
que el agua corra hasta sus pies
el sábado a la tarde
para lavar sus calzoncillos la camisa
la roña de los puños la mugre del cuello
los sudores de la espalda
Salir del ciclo de la lana por un rato
que la parición
que cortarles los huevitos a las crías
y la señal del patrón en las orejas.
que la pelada del ojo que la esquila
que los fardos de lana trepándose hasta el techo
No tuvieron:
los bancos que pedía
para sentarse descansar el cuerpo
armar el círculo de la conversa
y el silencio
y que en los puestos esa distancia alambrada
en la inmensidad del latifundio
el hombre no esté solo condenado a estar impar
Eso pedían a cambio de volver
a producirles las ganancias
Y los ataron como hacía cuarenta años
a sus parientes allá por el chubut
en el corral de sacamata
como a animales
los milicos obedientes de los muy enriquecidos
No les dijeron no, tampoco sí:
al sábado a la tarde
para volver a ser wentru por un rato
para lavarse
bancos
velas
aire
no estar solos en los puestos
no más pedían
Balas
les dieron los milicos obedientes
primero los pusieron paraditos
y en fila como los postes del alambre
A los peones que se habían atrevido
les apuntaron ahí
a la memoria
y fueron cayendo
las camisas con sangre
que ningún jabón refregará el sábado a la tarde
y vuelve a gotear el dolor
mierda
vuelve.
 

 

(Fuente: Jorge Montero vía Daniel Edgardo Petasne) 

José Guadalupe Posada (México, 1852 - 1913)

 

 

Puede ser una imagen de opuntia y texto 

 

 

Es la vida pasajera
y todos pelan el diente,
Aquí está la calavera,
Del que ha sido presidente.
También la de Don Ramón
y todos sus subalternos
Son como 'buenos' Gobiernos
Calaveras del montón...
 
Calaveras todos son.
Calavera es el Teniente
y también la reclusión,
y lo mismo el subteniente
Calaveras del montón...
Madero murió inocente
Pero quedó la madera
Por querer ser presidente
Lo volvieron calavera.
 
Todo charlatán pulquero
Que a mujeres engañó,
Calavera se volvió;
Tan solo por embustero.
Aquél que vendió su queso
Con la muerte allá en la plaza,
Se ha quedado como tieso
Calavera de su casa...
 
Muchos hicieron corajes
Y sucumbieron de enojo,
fueron grandes personajes
E hicieron todo a su antojo
Como fieles y constantes
De su patria en la Nación
A hoy los representantes
Calaveras todos son...
 
Los valientes tiradores,
Soldados de infantería,
Juntos con los Zapadores
Calaveras son este día
El Soldado de primera
Y el cabo de Pelotón;
Con su horrible calavera
Espantan en el panteón...
 
Las otras son de Oficiales
Sin ninguna distinción
Coroneles, Generales
y jefes de división
Mayores con charreteras
Capitanes de instrucción,
Toditos son calaveras
Calaveras del montón...
 
 
 
-Ilustración y Calaverita "Calaveras del Montón" de José Guadalupe Posada, publicada en 1913.
 

(Fuente: Pensamientos Magonistas) 

Nikki Giovanni (Knoxville, EE.UU., 1943-Blacksburg, EE.UU., 2024)

 

 

 Puede ser una imagen en blanco y negro de una o varias personas

 

 

EL MUNDO NO ES UN LUGAR AGRADABLE...

 

el mundo no es un lugar agradable
para estar sin
alguien a quien abrazar y que te abrace
un río detendría
su caudal si
hubiera un arroyo
que lo recibiera
un océano nunca reiría
si las nubes no estuvieran ahí
para besar sus lágrimas
el mundo no es
un lugar agradable para estar sin
alguien
 
 


LA MARIPOSA

 

esas cosas
que llamas risueñamente
manos en realidad son dos
mariposas marrones
rovoloteando
a través del placer
que le dan
a mi cuerpo
 
 
 
______________________
de "My House" (1972) en "Collected Poetry of Nikki Giovanni 1968-1998", HarperCollins, Nueva York, 2003. Versiones de Jonio González. En la imagen, Nikki Giovanni (Knoxville, EE.UU., 1943-Blacksburg, EE.UU., 2024 / Same Passage)
 
 
 

THE WORLD IS NOT A PLEASANT PLACE TO BE

 

the world is not a pleasant place
to be without
someone to hold and be held by
a river would stop
its flow if only
a stream were there
to receive it
an ocean would never laugh
if clouds weren't there
to kiss her tears
the world is not
a pleasant place to be without
someone
***
 
 

THE BUTTERFLY

 

those things
which you so laughingly call
hands are in fact two
brown butterflies
fluttering
across the pleasure
they give
my body
 
 
(Fuente: Jonio González) 
 

Bozidar Timotijevic (Belgrado, Serbia, 30 octubre 1932–Belgrado, 6 mayo 2001)

 


 

LA MANO 

 

Muertas están las ventanas de aquella casa
con el lago que crea la lejanía remota,
callaron las puertas y ahora sólo
reposa dentro el árido viento del estío.
 
Introduce en secreto una mano blanca,
esta mano que no disputa,
¿y qué hace con ella aquí,
en este tiempo de inconsciente oscuridad?
 
¿Cómo se comporta su ternura
en los cuartos vacíos, con telarañas?
¿No ha hallado, acaso, el modo de salir
y bañarse nuevamente en el lago?
 
 
(Traducción: Juan Octavio Prenz, argentino)
 
En: Poetas contemporáneos de Yugoslavia
Selección, traducción y prólogo de Juan Octavio Prenz
Lima: Librería-Editorial Juan Mejía Baca, 1977, p. 187
 

(Fuente: Óscar Limache) 

Jaime Sabines (Tuxtla Gutiérrez, 1926-Ciudad de México, 1999)

 

 

algo sobre la muerte del mayor sabines (primera parte) 

 













 
 
 
 
1. Déjame reposar,
aflojar los músculos del corazón
y poner a dormitar el alma
para poder hablar,
para poder recordar estos días,
los más largos del tiempo.
Convalecemos de la angustia apenas
y estamos débiles, asustadizos,
despertando dos o tres veces de nuestro escaso sueño
para verte en la noche y saber que respiras.
Necesitamos despertar para estar más despiertos
en esta pesadilla llena de gentes y de ruidos.
Tú eres el tronco invulnerable y nosotros las ramas,
por eso es que este hachazo nos sacude.
Nunca frente a tu muerte nos paramos
a pensar en la muerte,
ni te hemos visto nunca sino como la fuerza y la alegría.
No lo sabemos bien, pero de pronto llega
un incesante aviso,
una escapada espada de la boca de Dios
que cae y cae y cae lentamente.
y he aquí que temblamos de miedo,
que nos ahoga el llanto contenido,
que nos aprieta la garganta el miedo.
Nos echamos a andar y no paramos
de andar jamás, después de medianoche,
en ese pasillo del sanatorio silencioso
donde hay una enfermera despierta de ángel.
Esperar que murieras era morir despacio,
estar goteando del tubo de la muerte,
morir poco, a pedazos.
No ha habido hora más larga que cuando no dormías,
ni túnel más espeso de horror y de miseria
que el que llenaban tus lamentos,
tu pobre cuerpo herido.

2. Del mar, también del mar,
de la tela del mar que nos envuelve,
de los golpes del mar y de su boca,
de su vagina oscura,
de su vómito,
de su pureza tétrica y profunda,
vienen la muerte, Dios, el aguacero
golpeando las persianas,
la noche, el viento.
De la tierra también,
de las raíces agudas de las casas,
del pie desnudo y sangrante de los árboles,
de algunas rocas viejas que no pueden moverse,
de lamentables charcos, ataúdes del agua,
de troncos derribados en que ahora duerme el rayo,
y de la yerba, que es la sombra de las ramas del cielo,
viene Dios, el manco de cien manos,
ciego de tantos ojos,
dulcísimo, impotente.
(Omniausente, lleno de amor,
el viejo sordo, sin hijos,
derrama su corazón en la copa de su vientre.)
De los huesos también,
de la sal más entera de la sangre,
del ácido más fiel,
del alma más profunda y verdadera,
del alimento más entusiasmado,
del hígado y del llanto,
viene el oleaje tenso de la muerte,
el frío sudor de la esperanza,
y viene Dios riendo.
Caminan los libros a la hoguera.
Se levanta el telón: aparece el mar.
(Yo no soy el autor del mar.)

3. Siete caídas sufrió el elote de mi mano
antes de que mi hambre lo encontrara,
siete mil veces he muerto
y estoy risueño como en el primer día.
Nadie dirá: no supo de la vida
más que los bueyes, ni menos que las golondrinas.
Yo siempre he sido el hombre, amigo fiel del perro,
hijo de Dios desmemoriado,
hermano del viento.
¡A la chingada las lágrimas!, dije,
y me puse a llorar
como se ponen a parir.
Estoy descalzo, me gusta pisar el agua y las piedras,
las mujeres, el tiempo,
me gusta pisar la yerba que crecerá sobre mi tumba
(si es que tengo tumba algún día).
Me gusta mi rosal de cera
en el jardín que la noche visita.
Me gustan mis abuelos de totomoste
y me gustan mis zapatos vacíos
esperándome como el día de mañana.
¡A la chingada la muerte!, dije,
sombra de mi sueño,
perversión de los ángeles,
y me entregué a morir
como una piedra al río,
como un disparo al vuelo de los pájaros.

4. Vamos a hablar del Príncipe Cáncer,
Señor de los Pulmones, Varón de la Próstata,
que se divierte arrojando dardos
a los ovarios tersos, a las vaginas mustias,
a las ingles multitudinarias.
Mi padre tiene el ganglio más hermoso del cáncer
en la raíz del cuello, sobre la subclavia,
tubérculo del bueno de Dios,
ampolleta de la buena muerte,
y yo mando a la chingada a todos los soles del mundo.
El Señor Cáncer, El Señor Pendejo,
es sólo un instrumento en las manos obscuras
de los dulces personajes que hacen la vida.
En las cuatro gavetas del archivero de madera
guardo los nombres queridos,
la ropa de los fantasmas familiares,
las palabras que rondan
y mis pieles sucesivas.
También están los rostros de algunas mujeres,
los ojos amados y solos
y el beso casto del coito.
Y de las gavetas salen mis hijos.
¡Bien haya la sombra del árbol
llegando a la tierra,
porque es la luz que llega!

5. De las nueve de la noche en adelante
viendo la televisión y conversando
estoy esperando la muerte de mi padre.
Desde hace tres meses, esperando.
En el trabajo y en la borrachera,
en la cama sin nadie y en el cuarto de niños,
en su dolor tan lleno y derramado,
su no dormir, su queja y su protesta,
en el tanque de oxígeno y las muelas
del día que amanece, buscando la esperanza.
Mirando su cadáver en los huesos
que es ahora mi padre,
e introduciendo agujas en las escasas venas,
tratando de meterle la vida, de soplarle
en la boca del aire…
(Me avergüenzo de mí hasta los pelos
por tratar de escribir estas cosas.
¡Maldito el que crea que esto es un poema!)
Quiero decir que no soy enfermero,
padrote de la muerte,
orador de panteones, alcahuete,
pinche de Dios, sacerdote de las penas.
Quiero decir que a mí me sobra el aire…

6. Te enterramos ayer.
Ayer te enterramos.
Te echamos tierra ayer.
Quedaste en la tierra ayer.
Estás rodeado de tierra
desde ayer.
Arriba y abajo y a los lados
por tus pies y por tu cabeza
está la tierra desde ayer.
Te metimos en la tierra,
te tapamos con tierra ayer.
Perteneces a la tierra
desde ayer.
Ayer te enterramos
en la tierra, ayer.

7. Madre generosa
de todos los muertos,
madre tierra, madre,
vagina del frío,
brazos de intemperie,
regazo del viento,
nido de la noche,
madre de la muerte,
recógelo, abrígalo,
desnúdalo, tómalo,
guárdalo, acábalo.

8. No podrás morir.
Debajo de la tierra
no podrás morir.
Sin agua y sin aire
no podrás morir.
Sin azúcar, sin leche,
sin frijoles, sin carne,
sin harina, sin higos,
no podrás morir.
Sin mujer y sin hijos
no podrás morir.
Debajo de la vida
no podrás morir.
En tu tanque de tierra
no podrás morir.
En tu caja de muerto
no podrás morir.
En tus venas sin sangre
no podrás morir.
En tu pecho vacío
no podrás morir.
En tu boca sin fuego
no podrás morir.
En tus ojos sin nadie
no podrás morir.
En tu carne sin llanto
no podrás morir.
No podrás morir.
No podrás morir.
No podrás morir.
Enterramos tu traje,
tus zapatos, el cáncer;
no podrás morir.
Tu silencio enterramos.
Tu cuerpo con candados.
Tus canas finas,
tu dolor clausurado.
No podrás morir.

9. Te fuiste no sé a dónde.
Te espera tu cuarto.
Mi mamá, Juan y Jorge
te estamos esperando.
Nos han dado abrazos
de condolencia, y recibimos
cartas, telegramas, noticias
de que te enterramos,
pero tu nieta más pequeña
te busca en el cuarto,
y todos, sin decirlo,
te estamos esperando.

10. Es un mal sueño largo,
una tonta película de espanto,
un túnel que no acaba
lleno de piedras y de charcos.
¡Qué tiempo éste, maldito,
que revuelve las horas y los años,
el sueño y la conciencia,
el ojo abierto y el morir despacio!

11. Recién parido en el lecho de la muerte,
criatura de la paz, inmóvil, tierno,
recién niño del sol de rostro negro,
arrullado en la cuna del silencio,
mamando obscuridad, boca vacía,
ojo apagado, corazón desierto.
Pulmón sin aire, niño mío, viejo,
cielo enterrado y manantial aéreo
voy a volverme un llanto subterráneo
para echarte mis ojos en tu pecho.

12. Morir es retirarse, hacerse a un lado,
ocultarse un momento, estarse quieto,
pasar el aire de una orilla a nado
y estar en todas partes en secreto.
Morir es olvidar, ser olvidado,
refugiarse desnudo en el discreto
calor de Dios, y en su cerrado
puño, crecer igual que un feto.
Morir es encenderse bocabajo
hacia el humo y el hueso y la caliza
y hacerse tierra y tierra con trabajo.
Apagarse es morir, lento y aprisa,
tomar la eternidad como a destajo
y repartir el alma en la ceniza.

13. Padre mío, señor mío, hermano mío,
amigo de mi alma, tierno y fuerte,
saca tu cuerpo viejo, viejo mío,
saca tu cuerpo de la muerte.
Saca tu corazón igual que un río,
tu frente limpia en que aprendí a quererte,
tu brazo como un árbol en el frío,
saca todo tu cuerpo de la muerte.
Amo tus canas, tu mentón austero,
tu boca firme y tu mirada abierta,
tu pecho vasto y sólido y certero.
Estoy llamando, tirándote la puerta.
Parece que yo soy el que me muero:
¡padre mío, despierta!

14. No se ha roto ese vaso en que bebiste,
ni la taza, ni el tubo, ni tu plato.
Ni se quemó la cama en que moriste,
ni sacrificamos un gato.
Te sobrevive todo. Todo existe
a pesar de tu muerte y de mi flato.
Parece que la vida nos embiste
igual que el cáncer sobre tu omoplato.
Te enterramos, te lloramos, te morimos,
te estás bien muerto y bien jodido y yermo
mientras pensamos en la que no hicimos
y queremos tenerte aunque sea enfermo.
Nada de lo que fuiste, fuiste y fuimos
a no ser habitantes de tu infierno.

15. Papá por treinta o por cuarenta años,
amigo de mi vida todo el tiempo,
protector de mi miedo, vaso mío,
palabra clara, corazón resuelto,
te has muerto cuando menos falta hacías,
cuando más falta me haces, padre, abuelo,
hijo y hermano mío, esponja de mi sangre,
pañuelo de mis ojos, almohada de mi sueño.
Te has muerto y me has matado un poco.
Porque no estás, ya no estaremos nunca
completos, en un sitio, de algún modo.
Algo le falta al mundo, y tú te has puesto
a empobrecerlo más, ya hacer a solas
tus gentes tristes y tu Dios contento.

16. (Noviembre 27)
¿Será posible que abras los ojos y nos veas ahora?
¿Podrás oírnos?
¿Podrás sacar tus manos un momento?
Estamos a tu lado. Es nuestra fiesta,
tu cumpleaños, viejo.
Tu mujer y tus hijos, tus nueras y tus nietos
venimos a abrazarte, todos, viejo.
¡Tienes que estar oyendo!
No vayas a llorar como nosotros
porque tu muerte no es sino un pretexto
para llorar por todos,
por los que están viviendo.
Una pared caída nos separa,
sólo el cuerpo de Dios, sólo su cuerpo.

17. Me acostumbré a guardarte, a llevarte lo mismo
que lleva uno su brazo, su cuerpo, su cabeza.
No eras distinto a mí, ni eras lo mismo.
Eras, cuando estoy triste, mi tristeza.
Eras, cuando caía, eras mi abismo,
cuando me levantaba, mi fortaleza.
Eras brisa y sudor y cataclismo
y eras el pan caliente sobre la mesa.
Amputado de ti, a medias hecho
hombre o sombra de ti, sólo tu hijo,
desmantelada el alma, abierto el pecho,
ofrezco a tu dolor un crucifijo:
te doy un palo, una piedra, un helecho,
mis hijos y mis días, y me aflijo.

***

Círculo de Poesía
 
(Fuente: La comparecencia infinita) 

 

Nadja Mifsud (Malta, 1976)

 

 

"Otoño I"

 


                                    
 
 
                            à nu

Esta noche se soltó los brazos
el árbol de enfrente
me sorprendió al correr
las cortinas esta mañana
fijándose en mí, desnuda
un crucifijo negro, tundido
plantado contra su voluntad
sobre un fondo grisáceo
de cielo y hormigón
Me dije
¿será posible…?
¿y yo dónde estaba…?
hasta que las hojas en remolino
un grito amarillo
en medio de esta calle de luto
me atrapó los pensamientos
y los arrastró a otro lado…
los niños durmieron y se levantaron
y crecieron un poco más
durmieron y soñaron y
se despertaron llenos de preguntas
que me fastidian y quisiera enterrarlas

Ni siquiera en sus ojos
queda algo de piedad
 
 
 

Nadja Mifsud, incluido en Altazor. Revista electrónica de literatura (1ª época, año 4, febrero 2024, Chile, selec. de Khedija Gadhoum, trad. de Antoine Cassar).
 
 
(Fuente: Asamblea de palabras) 

 

Edgar Lee Masters (Garnett, Kansas, Estados Unidos, 1868 - Melrose Park, Pennsylvania , Estados Unidos, 1950)

 

 

Edgar Lee Masters - Margaret Fuller Slack 

 

 

Robert Fulton Taner

 

Si un hombre le pudiera hincar el diente
a la mano gigante que lo atenaza y lo destruye
como a mí me mordió aquel día esa rata
en mi ferretería, mientras hacía la demostración
de mi trampa patentada.
Pero un hombre jamás puede vengarse
de ese ogro monstruoso que es la vida.
Entrás en una habitación: naciste;
después toca vivir: ejercitar el alma,
y, mirá, ahí está el cebo tan deseado:
una mujer con plata para hacerla tu esposa,
prestigio, posición, o poder en el mundo.
Pero aún queda mucho por hacer, mucho por superar:
sí, claro, esos alambres que protegen el cebo.
Al fin lográs meterte, pero oís unos pasos:
el ogro, que es la vida, entra en la habitación
(te esperaba: escuchó el percutor chasquear)
a verte dar mordiscos al fabuloso queso,
y te mira con ojos incendiarios,
te hace muecas burlonas y se ríe y te insulta,
mientras vos, en la trampa, corrés desesperado:
hasta que al fin le aburre tu desgracia.
 
 
Traducción de Ezequiel Zaidenwerg Dib