viernes, 2 de septiembre de 2022

Edna St. Vincent Millay (EEUU, 1892-1950)

 

PLAGA

 
Planté duras semillas de odio
Que ya deberían haber crecido—
Tallos ásperos, y en los gruesos estambres
Un polen volátil y venenoso,
¡Y olores fétidos, irrespirables,
Procedentes de oscuras corolas!
 
Al amanecer, de mi húmedo jardín
Sacudí el fresco rocío;
Las delgadas ramas cerradas detrás de mí
Se apartaron para dejarme pasar;
Las flores dormían— busqué un lugar
En el que nada hermoso creciera.
 
Y allí, cuando el sol empezaba a despuntar,
Me arrodillé y miré alrededor:
La luz estaba cerca, el sonido
Hacía palpitar el silencio;
Arranqué el odio de mi pecho
Y lo hundí en la tierra.
 
¡Oh, vosotras tan furiosamente cuidadas,
Vosotras, pequeñas semillas de odio!
He asistido a vuestro crecimiento
Temprano, al mediodía y por la tarde,
Y sin embargo estáis mustias y dais lástima—
¡No consigo que os mantengáis derechas!
 
El sol busca mi jardín,
No hay ni un rincón en sombra,
Ni niebla ni moho ni verdín
Cubren una sola hoja,
La dulce lluvia inclina las ramas:
Os quiebra y hace que os desvanezcáis.
 
 
 
_____________
en "Renascence And Other Poems" (1917), Dover Publications, Mineola, Nueva York, 2011. Versión de Jonio González. 
 
 

BLIGHT

 

Hard seeds of hate I planted
That should by now be grown,—
Rough stalks, and from thick stamens
A poisonous pollen blown,
And odors rank, unbreathable,
From dark corollas thrown! 
 
At dawn from my damp garden
I shook the chilly dew;
The thin boughs locked behind me
That sprang to let me through;
The blossoms slept,—I sought a place
Where nothing lovely grew. 
 
And there, when day was breaking,
I knelt and looked around:
The light was near, the silence
Was palpitant with sound;
I drew my hate from out my breast
And thrust it in the ground. 
 
Oh, ye so fiercely tended,
Ye little seeds of hate!
I bent above your growing
Early and noon and late,
Yet are ye drooped and pitiful,—
I cannot rear ye straight! 
 
The sun seeks out my garden,
No nook is left in shade,
No mist nor mold nor mildew
Endures on any blade,
Sweet rain slants under every bough:
Ye falter, and ye fade.
 
 
(Fuente: Jonio González)

 

Francisco "Paco" Urondo (Santa Fé, Argentina, 1930 - Mendoza, 1976)

 

 


LA VIDA POR DELANTE



Porque hoy, precisamente,
voy a sentir miedo, teniendo
la seguridad de que mamá nos cuida, como
hace tantos años, y
llora desde la puerta
porque estamos enfermos y vamos a morir.
 
-Mamá no lloraré nunca
desde la puerta: hace frío
cuando alguien se enferma de cuidado
y puede morir-.
 
Por qué hoy se me ocurren
estas cosas tan consabidas; por qué
no hablo de la revolución social o del sufrimiento
abnegado de una mujer
de quien su hijo está enfermo; del desarme de la ternura, de
las mareas, de los coches de plaza, de los
cereales, que más no fuera.
 
-Ah soledad que no puedo
romper. Ah tristeza
aquerenciada,
dueña de tanta memoria-.
 
Por qué hoy no puedo estar alegre. Descuido
lo que tengo, no he sabido vivir, suelo
mirar la vida del otro lado de una puerta. Tengo
frío y ganas de vomitar, te hago
cosquillas en la palma de la mano
para que sonrías un poco, para que me olvides
un poco, para que sueñes un poco, para que saltes
un poco
dormida,
asombrada, lejos, mirando
desde la puerta.
 
Por qué hoy me doy cuenta de que nunca he tenido
talento para el amor; por favor
una mano; por lo que más quieran,
si llegan a necesitarme no se olviden de mí. Hoy no puedo
hacer otra cosa que esperar inútilmente
desconsolado, con rabia, con desidia, con miedo,
con vergüenza, con todo lo de siempre: la puerta un poco
entornada, cerca de allí, casi al alcance de la mano.
 
 
 
(Fuente: Daniel Rafalovich)

 

Óscar Cavadas (España, 1989)

 

Fin 

 


 
 
 
 
Fin. ¿Lo que hoy acariciamos
con la punta de los dedos
será acaso la brasa de otra hoguera
consumida por la historia?

¿Todo aquello que nos está
siendo narrado son los estertores
en directo, como en un teatro,
del reglamento de una vida?

Mientras el planeta ha apagado
todas sus luces,
sus paralelos y meridianos
han saltado por los aires.
Y ahora viajan por el universo
libres de gravedad,
esa que nos ata a la creencia
de que el ayer se repetirá mañana.

Y hasta que sobre la superficie
alguien vuelva a trazar
un mínimo esquema
conservemos los viejos mapas
para que nadie pueda difuminar
el dibujo de tierra y agua.

¿Quién rayará la tiza
con el primer rayo del alba?
Esa que indique nuevas coordenadas.
Que cuando llegue el día
hayamos retenido el mínimo
de la justicia e inteligencia
que la barriga azul del mundo
necesitará ahora más que nunca
en su viaje sin meridianos ni paralelos.
 
 
 
 

Óscar Cavadas en Paréntesis (Ediciones Carena, Barcelona, 2020).
 
 
 
(Fuente: Asamblea de palabras)

 

Santiago Espel (Buenos Aires, 1960)

 

 


 

Santiago Espel


















 
 
La campana de Gauss

Tras un efímero brillo, el país ha vuelto 
a hundirse en sus hábitos malsanos.
Los achaques del cuerpo se multiplican.
El precio de la remolacha se fue a las nubes.
Los servicios meteorológicos no saben
qué hacer con el dislate climático.
Las viudas ya no son mayoría absoluta.
El poema sigue huérfano de inspiración.

Y como si esto fuera poco, nosotros
los de entonces, no damos pie con bola.

Apostemos a que las estimaciones
científicas pongan cierto orden
en este circo de malentendidos recurrentes.


Réquiem para un símbolo de nobleza

Vamos a darle descanso
finalmente a la abeja
que transitó ya tantos poemas
buenos y malos
éditos e inéditos

con su vestido de bourbon
su escafandra de verano
su danza circular 
                  de pequeño cóndor.

Descanso perentorio a la abeja

por la espiga de filo fatal
por el zumbido ritual de torero
y por su honorable labranza de polen.

Seamos justos con la abeja
que supo darle al poema
su muerte última 
y su resurrección primera.


En un abrir y cerrar de ojos
Lo prenatal
el primer vagido
el último suspiro.

Y en el medio
el sufrimiento
y también el amor.


Cena

Una copa de bohemia
en sus relieves de cristal.
A través del vino dorado
pasa una cinta de luz.

Como animales 
asustadizos y frágiles
las manos se acercan
y arrugan el mantel de lino.

Se dicen poco:
Lo necesario para el olvido.
Lo indispensable para el reencuentro.


Bosón de Higgs

O (h) la partícula de Dios
capaz de destruir el universo:

descalabro de la materia
y arreo en la gramática del tiempo.

O (h) el impulso arrepentido
luego de siete fatigosos días.


El acorde místico de Scriabin

La vibración rebota en los gruesos 
paños de la sala: aros perforando
las paredes de agua del sonido.

Es la meditación del instante 
hecha coágulo en la eternidad.

A miles de kilómetros de distancia
entre serpientes y carnavalitos
canta el arroyo y rezonga el carancho.


La semilla negra

Esa pequeña gloria que sucede
en los latidos de la tierra
y empuja en su tallo
la certidumbre del nuevo día
o el molino asmático de la noche.

El agua hace nudos
en los filamentos del riego.
La araña teje rizomas de discordia.


La logia de los venenos

Como extensión de las parcelas
diseñadas por el Dante,
en un desvío impreciso del camino
la recámara bulle y regurgita 
placentas y ancianos insomnes.

De esa feria de obscenidades
reguladas por el asombro y los temblores,
nacen los unos y se calcinan los otros.

Si hubiera un Dios, su alegato 
bastaría para agotar nuestro pavor
bastaría para apagar el coro infame de risas.

Pero no hay tregua ni razón que alcance.
No hay redención exenta de plazos ni precio.


Busco trabajo en el faro más solitario del mundo

Si saben de algo
por favor comunicarse 
urgentemente con la mensajería.

Sobrada experiencia en soledades
y adaptación plena a los climas más cruentos.

Disponibilidad horaria ilimitada.
Necesidades higiénicas esporádicas.
Dos idiomas y excelencia en el silencio.

Avistaje y clasificación de utopías.
Rescate de náufragos y soñadores compulsivos.

Se ruega confidencialidad absoluta.


El largo día del poncho de hilo amarillo

Eso que algunos poetas llaman jornada y otros día,
no es más que una débil tregua o cese imaginario
del fuego en la batalla, la pausa descarada de la vigilia.
Abrirá la puerta de la casa, traspasará el límite oscuro
como quien sale del sofoco del agua o del lejano
e inenarrable útero, y dejará inerte sobre la silla el saco
gastado por el rayo del sol o por la caricia de la lluvia.
Se dirá que los aspectos frívolos de su vida han alcanzado
ya un punto intolerable, un punto sin retorno, y cerrará 
y abrirá instintivamente la mano como un corazón abierto
y anhelante de sacarse un peso de encima.
En el patio cuadrado y de reflejos presentirá el perfume
dulzón y esperanzado de los brotes nuevos, y cuando
el pájaro cante en la antena, como es costumbre,
el perro del vecino ladrará su encierro de todo el día.
Pensará en el paso del tiempo, y lo verá en los lunares
de los brazos, y en la humedad que sube decidida 
por la pared del sur, la más angosta del patio cerrado.
Se sentará finalmente a la mesa y dejará caer unos pocos
y balbuceantes versos que reprobará con una mueca.
En ese momento, como un gesto indeclinable 
del destino, sonará el timbre: una, dos y tres veces.
Abrirá y verá que está empezando a llover, y que la gente
corre a sus casas con las últimas y perentorias compras,
como quien busca refugio y sosiego, después de un
largo y tedioso día, apenas antes de la indolencia fatal 
y socarrona del próximo, disciplinado, e inminente minuto.




 Santiago Espel, nació en la Ciudad de Buenos Aires, Argentina, en 1960. Publicó en poesía rapé, 1988 (Faja de Honor de la S.A.D.E); Pavesas & Muelles, 1990; Misas en Harlem, 1993 (1er Premio de Poesía Nacional Ramón Plaza); Cantos Bizarros, 1998; La clari¬dad meridiana, 2001; La víspera sí, 2002; Isoca, 2004; Vulgata, 2006; 100 haikus, 2008, Cuaderno acústico, 2010; La penitencia, 2012; Notas sobre poesía, 2013 (Ensayo); Mesa de entradas, 2015; Breviario exótico de accidentes poéticos, 2016, Photo Carné 2018, y El Pan de la rabia & El Vals, 2019, Su señoría, 2020, y Nuevas notas sobre poesía, 2021.En 1995 publicó la novela La Santa Mugre o El País de Cucaña, en Grupo Editor Latinoamericano.

Su poesía fue traducida al inglés, alemán y portugués. Tradujo a Philip Larkin, Paul Blackburn, Kenneth Patchen, Patrick Kavanagh, Alice Oswald, Robert Graves, John Ashbery, Patti Smith, Don Parterson, Peter Hammill, Gary Snyder, Mario Quintana, Wilson Bueno y Mario de Sà Carneiro, entre otros. 

Coordina talleres de escritura en Vicente López, lugar donde reside.
Su poesía fue musicalizada, documentalizada, y puesta en escena teatral y artística en más de una ocasión.

Egresado de la Escuela de Periodistas del Círculo de la Prensa.
Es editor del sello de poesía, narrativa y ensayo, La Carta de Oliver, desde 1990, en el que lleva editados de manera independiente alrededor de 100 títulos.


(Fuente: Alpialdelapalabra)

 

Robert Walser (Biel, Suiza, 1878-Herisau, 1956)

 

¿qué se me ocurrió?










 
 
 
 
Sí, me parecía bonito anhelar a la diosa,
todas las plazas, todas las calles
parecían rebosar vitalidad.
Cómo trepidaba en mi alma, desde que
la viera en su magnificencia sin igual,
aunque con franqueza me decía: «Está bizca».
La ausencia de perfección en su belleza
me hizo creer que nadie era más hermoso,
pues la ternura es una artista
en sí misma. ¿Cuán frío se me ha vuelto el corazón
con el tiempo? ¿He olvidado el dolor que
tanto ilumina la vida, que me animaba
cuando no encontraba placer? ¿Cuándo se le perdió
a la mariposa que habita en mí su delicado polvo?
¿Cuándo comenzó, cuándo, dónde empezó lo que
me empalidece, por qué un día ya no fui capaz de morir
por ella, dulcemente, como los amantes comprenden
la fragante muerte? Si a mí todo me parece ahora falto
de magia, ¿no caminan también los demás
desencantados por la larga vida? ¿Qué se me ocurrió,
a mí, alma ebria de belleza?

***

Versión de Lorena Silos
Zenda Libros
 
 
(Fuente: La comparecencia infinita)

 

jueves, 1 de septiembre de 2022

Fabián Casas (Buenos Aires, 1965)

 

10 poemas de Fabián Casas

Foto: Soledad Amarilla.

 


Sin llaves y a oscuras

Era uno de esos días en que todo sale bien.
Había limpiado la casa y escrito
dos o tres poemas que me gustaban.
No pedía más.
Entonces salí al pasillo para tirar la basura
y detrás de mí, por una correntada,
la puerta se cerró.
Quedé sin llaves y a oscuras
sintiendo las voces de mis vecinos
a través de sus puertas.
Es transitorio, me dije;
pero así también podría ser la muerte:
un pasillo oscuro,
una puerta cerrada con la llave adentro
la basura en la mano.

***

Me detengo frente a la barrera

Me detengo frente a la barrera.
Es una noche clara y la luna se refleja
en los rieles. Apago las luces del auto.
Está bien, pienso, es bueno que nos demos un tiempo.
Pero no comprendo nuestra relación;
no sirvo para eso. ¿Acaso serviría de algo?
Tu padre está enfermo y mi madre está muerta;
pero igual podría ir y tirarme encima de ti
como todas estas noches. Eso es lo que sé.
Ahora la tierra vibra y un tren oscuro
lleva gente desconocida como nosotros.

***

A mitad de la noche

Me levanto a mitad de la noche con mucha sed.
Mi viejo duerme, mis hermanos duermen.
Estoy desnudo en el medio del patio
y tengo la sensación de que las cosas no me reconocen.
Parece que detrás de mí nada hubiese concluido.
Pero estoy otra vez en el lugar donde nací.
El viaje del Salmón
en una época dura.
Pienso esto y abro la heladera:
Un poco de luz desde las cosas
que se mantienen frías.

***

Improvisados

Estamos abrazados en una cama improvisada en el piso.
Tus ojos están cerrados; pero no sé si dormís.
Este es tu cuarto de soltera,
un lugar agradable, neutral.
Por la ventana suben los ruidos
de un día que empieza a moverse.
La ropa permanece arrugada, a un costado
ignorando la farsa de dar y recibir.

***

Después de largo viaje

Me siento en el balcón a mirar la noche.
Mi madre me decía que no valía la pena
estar abatido.
Movete, hacé algo, me gritaba.
Pero yo nunca fui muy dotado para ser feliz.
Mi madre y yo éramos diferentes
y jamás llegamos a comprendernos.
Sin embargo, hay algo que quisiera contar:
a veces, cuando la extraño mucho,
abro el ropero donde están sus vestidos
y como si llegara a un lugar
después de largo viaje
me meto adentro.
Parece absurdo: pero a oscuras y con ese olor
tengo la certeza de que nada nos separa.

***

Una oscuridad esencial

Hay una oscuridad esencial en esta calle.
Un único farol ilumina el contorno
y árboles domesticados, altísimos,
producen una música de acuerdo al viento.
Miro a mi perro,
una conciencia al ras del piso
que hurga y mea en la tierra
y pienso en mí, hundido
en el lenguaje, sin oportunidad,
sosteniendo una correa que denota
lo que fue necesario para estar unidos.

***

Aviso

La familia es una patología
que te acompaña toda la vida.
Por eso pongámosla en la heladera
para que no se pudra.

***

3 – Método

Hay un método para aprender inglés/ consiste en ponerte las clases grabadas en voz alta/ mientras dormís/ yo me acerco a mi padre que duerme y le digo/ dale, ya está/ te pasaste de la raya/ tenés que morirte/ para que aprenda/ los signos de puntuación

***

El método peripatético

En el peor momento de la ordalía negra
después de estacionar el auto
y antes de entrar a dar clases,
pasaba por el purgatorio del bosque
que está pegado a la Universidad.
Ahí lloraba, caminando, a todo lo que dá.
Después se sentía saciado
y entraba a dar clases.
Sus alumnos lo trataban genial
solícitos, como si supieran que tenía
una enfermedad incurable.
Hasta que en la fiesta de fin de curso
le confesaron que el amplio ventanal del aula
daba al parque donde lo veían
llorar en círculos.

***

Despertarte

Despertarte a mitad de la noche
y ver en el otro lado de tu cama
a tu mujer llorando
es una experiencia importante.
Quiere decir, entre otras cosas,
que mientras paseabas por los cuartos
iluminados de tu cerebro
algo se estaba gestando cerca de ti
Un error con el cual mantenés
una particular relación de intimidad.
Porque aunque no firmemos nada,
ni corramos apurados bajo la lluvia de arroz
pensamos que es para toda la vida
y así seguimos.
Botes que durante la noche
quedan amarrados al muelle
golpeándose entre sí,
según el viento.

 

Fabián Casas es un poeta, narrador y periodista nacido en el barrio de Boedo, Buenos Aires, Argentina, en 1965. Su carrera literaria se inició también a comienzos de la última década del siglo XX, con la fundación de la revista de poesía ’18 Whiskys’, junto con otros poetas de su generación como José Villa, Daniel Durand, Darío Rojo, Ezequiel Alemián, Mario Varela y Eduardo Ainbinder. La publicación editó sólo dos números, pero tuvo amplia repercusión en el ambiente literario de la capital de la Argentina. Ha publicado entre otros libros Los lemmings y otros (relatos, 2005), las novelas Ocio (2006) y Titanes del coco (2015), ensayos como Ensayos bonsái (2007), La supremacía Tolstoi (2013), Trayendo todo a casa de nuevo (2017) o Papel para envolver verduras (2020). En poesía su obra se encuentra reunida en Horla city y otros: toda la poesía 1990-2010 (Seix Barral, 2010), además ha publicado Últimos poemas en prozac (2019) y Envíame tus poemas y te enviaré los míos (Caleta Olivia, 2021). Fue guionista del film Jauja (2014). En 2007 obtuvo en Alemania el prestigioso premio Anna Seghers y en 2011 fue elegido por la Feria Internacional del Libro de Guadalajara como uno de los autores que garantiza el relevo de los grandes escritores latinoamericanos del siglo XX. 

***

 

(Fuente: Zenda libros)

 

 

Siomara España Muñoz (Ecuador, 1976)

 

 

MUJERES
 

Me gustan las mujeres … ¡y qué!
las que gritan se explayan vociferan
las que ahogan con su instinto,
aquellas perspicaces penetrantes y profundas
las que ríen y se ríen
que se arrancan hasta el alma
aquellas que subyugan,
me subyugan.
Me gustan las mujeres enjundiosas
las terribles, catastróficas
la que me enseñó el amor en la cama de su histeria
y me enseñó a amar el amor de indecisiones.
La que parió incesante en cada parto las nostalgias
y me dio seis compañeras como espadas.
Me gustan las mujeres,
las que acosan, que me acosan y sublevan
las que llaman
las que lloran
las que cogen sin descanso
que recogen
que seducen
que se elevan
las que parten y reparten con su aroma las señales
y me besan
y me estrujan
y se callan
y me callan con un beso.
Me gustan las mujeres cibernéticas
sin sonrisas de portadas
sin voces de miel o edulcorante
sin pestañas de gatita o silicona.
Me gustan las mujeres
no de arroz, de azucena o chocolate,
me gustan las neuróticas menopáusicas cinéticas
que me endulzan y envenenan
que me odian y acarician
que me abren sus alitas matinales
o me clavan en la noche más tremenda
su puñal
de amapola
y de cerezo
 
 
 
(Fuente: La Parada Poética)