sábado, 2 de enero de 2021

Mónica Velásquez Guzmán (Bolivia, 1972)

 

 

Tres nombres para un lugar I


Ahí
en el aire profundo del vacío
tu cuerpo en el fondo de la tierra
ese vértigo es un rito antiguo
salta el paso hacia ti
como a tu tumba

una costilla
encuentra su par bajo los escombros
por encima del olor indefinible
los líquidos de un cuerpo
se reúnen, se reconocen
empiezan a tocarse...
 
 
 
 

 en Tres nombres para un lugar (1995), incluido en Poesía boliviana. Donde la nieve y los ríos son míticos. Antología esencial (Visor Libros, Madrid, 2015, selec. de Homero Carvalho Oliva).
 
 
 
(Fuente: Asamblea de palabras)

 

Daisy Lafargue (Hastings, Inglaterra)

 

 

Cómo dejar un matrimonio     


 
Para empezar, miré al recepcionista
del dentista seleccionar un vídeo de cuatro horas
sobre tortugas marinas en YouTube. Fue una concisa
lección de pacifismo aceptable en la sala de espera
mientras el pequeño dolor esperaba con calma en las máquinas
de las habitaciones vecinas. Escribí
muchos correos electrónicos y correos de amigos llegaron
como lluvia suave. Desde la ciudad contemplé
la tenacidad de las turberas y me maravillé de las plantas
endémicas de los pantanos. Mientras tanto, las fucsias crecieron
más voluminosas, el interior de los canutillos encharcado, verano
abundante en lípidos. No pude acercarme a ellas
y crucé la calle con mis fosas nasales
obturadas. Me hice la muerta bajo vallas publicitarias
por sensaciones que no eran mías. Estuve intentando
recordar las etapas de la putrefacción. Una vez
un examigo criticó a otro por escribir siempre
el mismo poema, el cual no era significativamente bueno
pero pronto fue aclamado. Todo esto
y más fue asociado con las fucsias
como la bilis dulce. Yo estaba a merced del merecismo
y momentáneamente feliz, paseando por las colinas tres
horas al día, solo para reflexionar. Conscientemente o no
pregunté a las hojas cómo deshacer una vida, pero
la moraleja de momento es que el color verde
no puede devolver un ego a sus célula esenciales, no
importa lo pegajoso que te sientas. Es más parasitario,
como dijo Weil sobre el amor divino, otros óvulos
depositados en ti, así que tienes que regresar regularmente
para alimentarlos, y así es como todos indirectamente
nos alimentamos. Somos visitados por el color. Ovovivipasitando,
trasladé mi incertidumbre debajo de una familia de urracas.
No los conté porque temía la eclosión
y aún más el diáfano florecimiento de la conciencia, la mía
o la de cualquiera. ¿No sientes que la evolución
está amañada? El día 12 alcancé el laberinto
de la falda de la colina, con hierba alta, así que tú no
pudiste ver tus opciones, menos aún el camino. El sol estaba acuñando
símbolos de la industria obsoleta detrás de mis parpados,
martillo solar y yunque, pala solar y niebla tóxica.
Todos los insectos volaban hacia el oeste, desde lejos
se abalanzaron hacia el lodo putrefacto. Tomé notas de los insectos
debidamente alterados, había dejado de preocuparme por la analogía
porque cuando él dijo que somos moscas surgiendo del cadáver
del universo, supe lo quería decir. Había encontrado la forma de escuchar
a las semillas crecer en su coronilla,
no la mierda. Pensé que si hablaba con él lo suficiente,
quizá yo también podría hacerlo, aunque desconfiaba de los hombres y
 de la esperanza.
Sería para siempre, por muy tupida que fuera la hierba. No es una ilusión
creer que las estaciones nos inyectan por goteo la teleología.
Aventura es el agujero en el que nos metimos hasta que se llena.
Amor es el nombre que le dimos.
 
Arranqué muchas plantas de raíz, y la savia de las raíces estaba agria.
Me coloqué apilada con lo orgánicamente amargo.
Caminé junto a los arbustos jadeando, quiero decir que los arbustos jadeaban
y las nubes se fueron sin remordimientos, con acritud.
 
 



How to leave a marriage



To begin with I watched the dentist’s
receptionist select a four-hour video
of sea turtles on YouTube. It was a minor
lesson in vapid pacifism for the waiting room,
while lesser pain waited calmly in machines
of the neighbouring rooms. I composed
many emails, and emails arrived from friends
like soft rain. From the city I contemplated
the tenacity of peatland, and marvelled at plants
endemic to bogs. Meantime the fuchsias grew
fatter, the innards of eclairs sopping over, summer
abundance of lipids. I couldn’t go near them
and crossed the road with my nostrils
aborted; I was done dying under banners
for sensations that weren’t mine. I was trying
to remember the stages of putrefaction. Once
an ex-friend criticised another for always writing
the same poem, which wasn’t meant kindly
but became a kind of anointing. All this
and more was coming up with the fuchsias
like sweet bile. I was at the mercy of merycism
and momentarily happy, walking the hills three
hours a day, just to ruminate. Consciously or not
asking the leaves how to undo a life, but
the moral thus far is that the colour green
can’t devolve an ego back to its bare cells, no
matter how viscid you feel. It’s more parasitic,
as Weil said of divine love, another mother’s
eggs laid in you so you have to keep coming back
to feed them, and that’s how we all get vicariously
fed. Colour is what we are visited by. Ovipositing,
I waggled my doubt beneath a family of magpies.
Didn’t count them because I feared nuclearity and
moreso the gauzy bloom of consciousness, mine
or anyone’s. Don’t you ever feel like evolution over-
cooked. On the 12th day I reached the labyrinth
on the side of the hill, long grassed over, so you can’t
see your options, let alone the way. The sun was stamping
symbols of bygone industry behind my eyelids,
solar hammer and anvil, solar shovel and smog.
The insects were all flying west, away from the sputum
they flung from. I took notes, which the insects duly
amended. I had stopped worrying about analogy
because when he said we are flies sprung from the carcass
of the universe, I knew he meant it. He’d found a way to listen
to the grasses self-seeded in the crown of his head,
no shitting. I thought if I talked to him long enough
maybe I would too, though I was wary of men and hoped
I would be forever, however grassy. It’s not figurative
to believe that the seasons drip-feed us teleology.
Romance is the hole we’re tripped into filling.
Love is the name we gave it.

I pulled many plants up by their roots, and the sap from the roots was sour.
I staked my alignment with the organically bitter.
I walked past the bushes panting, I mean, the bushes were panting,
and the clouds went crimeless with acrimony



Traducción: Carlos Alcorta
 Enlace: Libro Mundo

 

(Fuente: El poeta ocasional)

viernes, 1 de enero de 2021

Abu Bakr ibn Ammár de Silves (España, Al-Andalus, 1031-1086)

 

 

Ibn Abbad 


Haz rodar la copa, ha descampado el céfiro
y las estrellas han tomada las riendas
y puesto fin a su viaje nocturno.
Nos regala la mañana su alcanfor
cuando la noche reclama su ámbar,
y el jardín es como una bella mujer,
de flores revestida, de brocado cobrizo,
ceñida de un collar de perlas de rocío,
o un esclavo lozano que enrojece de vergüenza
y se ensoberbece de un bozo de mirto.
Un jardín como una mórbida muñeca
extendida sobre una túnica verde;
lo agita un viento del este y lo dirías
la espada de Ibn Abbad dispersando un ejército.
¡Ibn Abbad! Feraz es la dádiva de su mano,
cuando el aire se encapota de ceniza.
Atizador del eslabón de la gloria, no va
del fuego de la liza sino a la lumbre hospitalaria,
escogiendo, dadivoso, la chica de senos hechos,
el corcel de pelo fino, el sable de pedrería.
Tuve por cierto estar en el cielo o su abrigo,
al ser regado por los cántaros de su rocío,
y supe seguro que mi morada sería fertilizada
cuando lo pedí a las nubes bien cargadas.
Es él alguien a quien no chistan los montes
cuando toma asiento bien derecho, y que,
si corre, los vientos le andan a la zaga.
Alguien que, al pasar, las puntas de las lanzas
se hacen romas y los filos ya no cortan,
en tanto golpean las pezuñas de los caballos
el suelo duro. Ninguna criatura leería
mejor que los filos de su espada, si comparas
las líneas enemigas con las de un escrito.
Es un sable más elocuente que la prédica de Ziyad
en la guerra si tu derecha es un púlpito.
Acepta este poema como si fuera un jardín
visitado por un levante, al que el rocío
ha amamantado hasta hacerlo florecer.
Lo adorné con un brocado, de colores,
dorado con tu nombre, y el almizcle
más penetrante ve, rasgado en tu alabanza,
¿Quién a un tal rivaliza en aroma?
Tu mención es madera finísima que ofrecí
al fuego de mi ingenio en pebetero:
si tú encontraste la brisa de mi alabanza
embriagadora, a mí el cierzo de tu generosidad
se me antojó mucho más perfumado.
 
 
 

 incluido en Poesía árabe clásica (Titivillus, Internet, 2017, selec. de Alfonso Bolado).
 
 
(Fuente: Asamblea de palabras)

 

Sophie Heidi Kam (Burkina Faso, 1968).

 

 

La vida recomienza

 

En nuestras tierras y en nuestras almas, un cúmulo de calamidades

Hemos ardido bajo las mordeduras del sol, llorando nuestros sueños,

esperanzas y deseos, ¡mantequilla bajo el sol!

En la encrucijada de la duda, certezas, entusiasmos e ideales desfallecieron

La fuerza del baobab, dobló la espalda

¡Oh sed y hambre!

Duelos y delirios del alma en busca de ración

Momentos caóticos del clima en nuestra tierra y en nuestra carne

Grietas en la tierra, hendiduras del alma

¡Cómo nos ha castigado la vida y su revés!

Hundieron en nosotros sus colmillos, abriendo surcos y abismos…

Corrió mucha agua bajo el puente

Mucha agua se fue llevando basura y humus

El flujo del agua pelando nuestras tierras hasta los huesos

Y bajo el furor del viento y de la lluvia torrencial, surgió una tierra nueva

Una tierra nueva y hermosa en la virginidad reconquistada

En la sabana, los árboles cayeron, brotes jóvenes perpetúan la especie

Y la vida renace bajo una mirada nueva…

La tierra se estremece y yo canto alrededor de la prueba

En nuestras tierras y en nuestras almas se alza una coraza y acojo el retorno de la vida

Canto la belleza de la aurora naciente en su cuna de gasa

Aclamo los rayos del sol y los encantos dorados del crepúsculo

Exalto el anochecer, saludando las intrigas en su castillo de estrellas

Exulto en el candor de un alma sobreviviente

Entre las costuras de mi corazón, con ojo experimentado, canto la vida

 

 

(Fuente: La parada poética)

 


Olga Liliana Reinoso (Capital Federal, Argentina, 1951) Reside en General Pico, La Pampa

 

 

Hay una oscuridad que resplandece cuando
apago la luz.





Mañana
voy a dar a luz
otro puñado de poemas
que engendré a la intemperie.
Bendito sea el esperma
de la poesía
que permite a las madres añosas
parir versos vitales.






Y si mañana, al despertar, no me despierto,
igual va a amanecer.





(Fuente: Emma Gunst)

 

Liune Sutema (Lituania, 1927 - 2013)

 

 

EL ÁNGEL DE LA GUARDA

 

 
No me cuidaba,
era yo quien lo seguía en la infancia.
Sus pasos cautelosos se desviaban del dique
detrás del cual bullían aguas de lluvias torrenciales
y del deshielo primaveral,
sus pasos tímidos esquivaban el vergel
humeante del calor de fruta madura,
sus pasos miedosos evitaban la cabaña
de la anciana que secaba al sol
hierbas de las marismas y del bosque.
Y cuando las palabras alentadoras de mi madre
emplazaban, de noche, al ángel de la guarda
entre yo y la oscuridad,
esperaba a que se durmiera
para poder recordar con nostalgia
el agua tras el dique sin vadear,
las frutas en el vergel sin probar,
la anciana que recogía hierbas
para mi insomnio.
No me salvó,
pero sigo llevándolo en mí,
oh ángel tímido y cauteloso
de mi infancia
 
 
___________________
en “Zurgai”, junio de 1990. Trad. del lituano de Biruté Ciplijauskaité
 
 
 
(Fuente: Jonio González)

 

Roque Dalton (El Salvador)

 

 

A la poesía





Agradecido te saludo poesía
porque hoy al encontrarte
(en la vida y en los libros)
ya no eres solo para el deslumbramiento
gran aderezo de la melancolía.

Hoy también puedes mejorarme
ayudarme a servir
en esta larga y dura lucha del pueblo.

Ahora estás en tu lugar
no eres ya la alternativa espléndida
que me apartaba de mi propio lugar.

Y sigues siendo bella
compañera poesía
entre las bellas armas reales que brillan bajo el sol
entre mis manos o sobre mi espalda.

Sigues brillando
junto a mi corazón que no te ha traicionado nunca
en las ciudades y montes de mi país
de mi país que se levanta
desde la pequeñez y el olvido
para finalizar su vieja prehistoria
de dolor y de sangre.



en Poemas clandestinos, 1999
 
 
 
(Fuente: Descontexto)