NO ES QUE FALTEN POETAS...
no es que falten poetas
en el ocaso de este siglo amargo
alguien sale del metro de siempre
bajo el brazo su pan para la cena brilla
un instante acariciado por el oro del atardecer
que interrumpe una ventana abierta de repente
allí arriba, en una buhardilla
el otro se alisa la barba
gris con la palma de la mano nos decimos "Pobre Lélian*
pobre Laude** pues es a él a quien
reconozco a él que recorre el bulevar
agita su gorra sucia y
desaparece al fondo de un pasaje en ruinas
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en "Faubourg", Le Temps qu’il Fait, Mazères, 1996. Versión de Eduardo Conde. En la imagen, Jean-Claude Pirotte (Namur, Bélgica, 1939-2014) por Philippe Matsas-Opale
* En francés, "Pauvre Lélian", anagrama de Paul Verlaine, utilizado por éste para referirse a sí mismo. (N. del T.)
** Seguramente referencia a André Laude (véase este mismo muro), poeta francés cuya vida estuvo marcada por la precariedad y el compromiso social. (N. del T.)
Jean-Claude Pirotte tuvo una vida azarosa y vagabunda, ya que siendo abogado entre los años 1964 y 1975, fue juzgado y condenado por un delito que no había cometido, acusado de participar en la tentativa de evasión de uno de sus clientes. Recorrió varios países hasta que, en 1981, la pena que le impusieron prescribió. Sus experiencias de vivir de forma precaria y de los amigos en su recorrido por la Borgoña, España y Portugal han quedado reflejadas de manera dolorosa en gran parte de su obra. Tras su vuelta a Namur publicó unas cincuenta obras, entre poemarios, artículos, etc. Fue columnista de la revista "Lire" y autor de varios prólogos. Como pintor ilustró diferentes obras. Podemos destacar entre sus principales libros, "Un voyage en automne", "Absent de Bagdad", "Passage des ombres" y "Le promenoir magique et autres poèmes", entre otros. En 2012 recibió el Premio Goncourt y el Gran Premio de Poesía de la Academia Francesa por el conjunto de su obra. © Eugenio Cano en "El poder de la palabra" (epdlp.com).
ce ne sont pas les poètes qui manquent
au déclin de ce siècle amer
l’un sort du métro familier
sous le bras son pain du soir brille
un instant caressé par l’or du couchant
que renverse une vitre ouverte soudain
là-haut dans un toit mansardé
l’autre lisse de la paume sa barbe
grise on se dit Pauvre Lélian
pauvre Laude car c’est lui je le
reconnais il arpente le boulevard
agite sa casquette sale et
disparaît au fond d’un passage en ruines
(Fuente: Jonio González)
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