No podría haber hecho otra cosa, gritó alguien.
Se asomaron y se había ido,
el cuerpo disuelto en filamentos de tungsteno.
Cuando aceleraron, fue un caos, no
creerías cuántos suplicantes se pasaron de bando,
y él listo y preparado para reescribir la historia
si por casualidad se le ofrecía una nota al pie.
Hasta trató de plastificar mi caballo,
dijo que iba a andar mejor. Ay, te digo
teníamos tantas cosas, demasiado
en nuestra época, demasiadas piedritas en la orilla.
Volvimos más tarde pero la mayoría ya no estaba.
Algunas reflejaban la luz de las severas estrellas
y eso era todo lo que tenía para decirte. Se enojaría,
nos desterraría. Nadaríamos en un delirio abrupto.
Traducción de Ezequiel Zaidenwerg Dib
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