El cielo se nubló. El sol también se metió en su madriguera.
En la temporada larga del cosmos, alguna gente fue capaz
de transformar su soledad y otra terminó frita de tan sola. Alguna
fantaseó con que la dejaran en paz. Hubo quienes pudieron
perdonarles a sus corazones el deseo que llevaban dentro del corazón.
Yo fui una de ésas. Me llené de pájaros. Me puse a hacer la cola. Era antigua.
Era una serie de problemas complejos tratados localmente, uno por uno. En
algún momento dejó de hacerme falta mejor vista y empecé a ser candidata
a un enema político. Por qué no votamos cambio climático al poder
si ya lo ejerce. Poder poder poder poder
poder. Ostentación gloriosa cambio lenta sutil
transformación. Ahora estoy en casa tomando vino
frente a la computadora que voy a extrañar cuando me muera.
Con un rubor de hierba de Santa María, esto es lo que tomo y lo que digo,
ésta es la partitura:
Traducción de Ezequiel Zaidenwerg
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