Cuando cantábamos
el sol
no era un medio de pago,
eran rayos
de provecho,
razones que recibir
o dar.
Cuando ensombrecía
el sigilo
y los dientes apretados,
era
un turbión,
un pacto
sin autoridad,
un ojo candoroso
entre los toldos
que en temor
se vaciaban.
Y
hoy,
en esta
baja división del trabajo
y los pájaros
que multiplicaron
hongos y silencios,
peculiar
es la victoria
de lanza prima
y alma derrotada.
- Inédito -
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