POR SIEMPRE JAMÁS
Sobre mí sé recostó el diván rojo coral afelpadito con olor a perfumina.
Mi corazón está loco doctor, porque late a la inversa aspirando mi sangre y no cabe en el pecho.
Doctor, los pies no me obedecen. Caminan por las calles que ellos eligen y me han llevado por suburbios nunca antes vistos. Tejados, azoteas, árboles, águilas.
Doctor, mis labios se niegan a beber agua. Ellos guardan la exacta precisión de un beso tibio como única reliquia.
A veces no oigo las voces de la gente. No existe pájaro alguno que pueda conmoverme. Mis oídos están orientados hacia adentro. Ésa es mi música.
Puedo vivir con la cabeza seccionada en mis manos y aún reconocerme ilesa.
Doctor, estoy cansada de crecerme como una roca. Mi cuerpo y yo venimos de un incendio de estrellas. Soy un planeta apenas joven. El humo de mis manos dibuja la justa dimensión de una cintura.
Mi espejo no conoce la justicia de pie quebrado. Y no me llevo bien con la injusticia.
Los ninjas en moto continúan siguiéndome cada vez que conduzco.
La suerte está echada. Mas no creo en la suerte si no hay mérito y constancia. Por eso me he ido, doctor. Quiero decir, he venido.
El día no es claro con sus diamantes horarios. La noche no es oscura. La noche es mi día preferido.
Doctor, ahora más que nunca mis dedos escriben solos la palabra jamás sobre el cristal, que pronto se borra, y la vuelven a escribir, y la vuelven a escribir, y la vuelven a escribir.
(Fuente: Facebook)
No hay comentarios:
Publicar un comentario