De VEINTIÚN POEMAS DE AMOR
III
Desde que ya no somos jóvenes, las semanas tienen que
[cumplir condena
por años de extrañarnos el uno el otro. Sin embargo esta
[rara torcedura
del tiempo me dice que no somos jóvenes.
¿Alguna vez caminé las calles de la mañana a los veinte,
con mis miembros fluyendo con una dicha más pura?
¿me asomé desde alguna ventana sobre la ciudad
oyendo el futuro
como espero acá con los nervios a punto por tu llamado?
Y vos, te movés hacia mí con el mismo tempo.
Tus ojos son eternos, la chispa verde
del pasto de ojos-azules del inicio del verano,
el berro silvestre verde-azul lavado por la primavera.
A los veinte, sí: creíamos que viviríamos para siempre.
A los cuarenta y cinco, quiero conocer siquiera nuestros
[límites.
Te toco sabiendo que no hemos nacido mañana,
y de algún modo, cada uno de nosotros ayudará al otro
[a vivir,
y en alguna parte, cada uno de nosotros debe ayudar al otro
[a morir.
Traducción de Robert Rivas
(Fuente: Idiomas Olvidados)
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