EL CACTO
Aquel cacto recordaba los gestos
desesperados de la estatuaria
Laocoonte rodeado por las serpientes
recordaba también el seco nordeste, palmeras, matorrales.
Era enorme, incluso para esta tierra
de feracidades excepcionales.
Un día un tifón furibundo lo cortó de raíz.
El cacto cayó atravesado en la calle,
quebró los aleros del caserío de enfrente,
impidió el tránsito de los tranvías, automóviles, carros,
cortó los cables eléctricos y durante veinticuatro horas privó
a la ciudad de iluminación y energía:
era bello, áspero, intratable.
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en "Antología", Arquitrave, Medellín, ed. digital. Trad. del portugués, Umberto Cobo.
(Fuente: Jonio González)
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