TODOS, ALGUNA VEZ, ESTUVIMOS EN EL PARAÍSO
El que observó a medianoche la espuma blanca del cielo, el que
oyó un galope prolongado en la estepa de la mañana, los que
adivinaron la lluvia y se mojaron en ella, el pescador que aguarda
el próximo pez que prenderá esa tarde, el que recuerda el olor a
café detrás de una puerta que no existe, el que siente en la boca la
primera palabra de un verso: todos, alguna vez, estuvimos en el
Paraíso. Las manos lo tocaron y el pecho aspiró su perfume, el Paraíso
cedió por un instante -se detuvo allí- alzó un vivac en el que cada pieza
coincidió con su opuesto: las sombras con el árbol, el árbol con el
camino, el río de Heráclito con el río a secas.
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(Fuente: Daniel Rafalovich)
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