lunes, 20 de abril de 2026

Ezequiel Zaidenwerg Dib (Buenos Aires, 1981)

 

 

Si el temor es materia

Si el temor es materia
y es matriz
de una vida,
arrimarte
a la muerte
para imitarla,
Mirta,
es dar matiz
a un arte
que, sin dádivas,
adrede,
no pide ni se pierde;
y de esa artesanía
no te fuiste
todavía.

Estimarla 
es 
timarla:
es cosa seria
aunque tenga su chiste:
es una treta
no del todo artera;
la travesura triste
de tener que sentarte
para erguirte
un poco más en tu tarima,
Mirta,
para asomarte
alerta,
para traer, 
izar
hasta la letra,
lo que reposa
áspero
en la raíz
de tu árbol 
de palabras,
pero esa agricultura
todavía te dura. 

Ahora que descansa
tu labranza,
se vuelve labor 
ruda
recordar lo que resta
de la aspereza 
tersa
de tu estar
al filo de las cosas;
al fin y al cabo, 
Mirta,
crece un monte de rosas
al final de tu nombre
y de tu vida; 
y tu boca,
que ritma
porque piensa,
siembra 
espina:
la cortante corola
que templa 
y da color a
tu poesía;
y porque no te fuiste 
del todo 
todavía,
sé que te irritaría
tanta jardinería. 

Darme 
otra 
madre 
nunca fue tu idea;
más bien un accidente 
de la dieta 
compartida:
fuimos 
mamíferos 
del mismo diente;
y afirmemos
que ahora, por acción
de la cocina,
después de tu partida,
es evidente
que esa herencia
se me quedó en la encía
y, rota,
medra,
Mirta:
todavía
tu secuela
es mi escuela;
no tenías que irte
para que me atreviera 

                                           a traducirte.

Mirta Rosenberg, la poesía como última reserva de los sentimientos

 

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