la piedra del tono
Entonces yo sería el manto
la nervadura
de tus hojas negras
¿Y si detrás de ese fuego
me cometo como una mental, como una razón
claramente amarilla?
Detrás de los pantanos
le he hablado a tu nervadura animal
y los rayos
a través del aire decían:
estoy aquí
y yo sabía
que era la voz
de tu nervadura animal
La botánica me explicaba entonces
La botánica era mi huevo madre entonces
La botánica eran mis tambores, mi crimen
perfecto, mi vacío
conceptual
¡Ah! ¡Si vinieras desde lo imposible!
¡Ah! Si me trajeras dos turbantes
uno verde, uno rojo, uno azul!
¿Y la botánica?
¿Por qué me quieres así? ¿Por qué
yo sería incapaz
de comprender
si vengo a denunciar
que me reitero lejos/ enervada
de la rutina de las flores?
¿Y el capital? ¿Y los músculos?
Pienso que estoy debajo de una primavera
que no podré ocultar.
Toca mis labios
no soy diestra ni siniestra
envenena esa luz
en la que soy hostil a los tuyos.
Las rosas se han hecho semilla
son estos nísperos destinados
a decir adiós
a ignorar toda flor que no diga
su rutina.
Tanques/ uranios/ nenas
con piedras en la mano
cóleras de Haití
mi amor
nunca me preguntas qué es la poesía
pero puedo decírtelo
mi amor
nunca me preguntas qué es la belleza
pero puedo decírtelo
dedícame esa hostia violeta
como una clemátide
debo romper algunas características
creo que debo insolarme
bajo las tortugas de fuego
del desamparo
Tu nervadura animal
me escuchaba en los pantanos
pero ¿Por qué yo averigüé
las exquisiteces de tus rediles
tu nomenclatura
catastral, el embargo
de tu voz?
Menos piedras
de las que necesita tirar
un niño
iraquí, una niña
argentina
hacen falta
para detallarme.
Tal vez solo una.
Y tal vez
ya la haya nombrado
enarbolada en las murgas
que asisten
a mi sangre.
*
ms
noviembre 2010
de La rutina de las flores (nunca editado).
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