domingo, 15 de marzo de 2026

Alejandro Crotto (Buenos Aires, 1978)

 

 

El sermón de la hormiga

 

 

Amigos, Dios es raro.

Es tan grande que es mínimo.

Él se alegra en el vuelo de una libélula,
en los puntitos negros de los pétalos rojos,
en el quejido del pichón desplumado,
en la textura ciega de la larva en su boca.

Y va a los túneles temprano a despertar a las hormigas.

La llama a cada una por su nombre de hormiga.

Ellas salen entonces desde la tierra al alba,
a las gotas gigantes de rocío.

Y yo les aseguro
que ninguna catedral es más grande que esta hormiga.

Esta hormiga que ahora se acicala
en la palma desnuda de mi mano.

Porque las catedrales las construyen los hombres,
piedra a piedra;
pero a esta hormiga, Dios.

Ninguna catedral está más finamente trabajada:

                                                                Una estructura 
                                                                   fiera
                                                                   y delicada
                                                                   entretejida
                                                                   con carbón 
                                                                   y azafrán;
                                                                   la cabeza 
                                                                   maciza
                                                                   toda 
                                                                   pulida
                                                                   y cada
                                                                   antena
                                                                   es una 
                                                                   oscura
                                                                   manera
                                                                   de captar,
                                                                   de ir 
                                                                   percibiendo
                                                                   el mundo.
                                                                   Abajo,
                                                                   el ojo
                                                                   un fijo
                                                                   punto 
                                                                   santo:
                                                                   negrísima
                                                                   milésima
                                                                   de vida
                                                                   concentrada.

                                                                   Gota absoluta.

                                                                   Toda 
                                                                   su vida
                                                                   está entregada.

                                                                   Carga feliz 
                                                                   su pasto 
                                                                   como Cristo 
                                                                   su cruz.
 

Puro verso: Crotto - Radio Kermes

 

(Fuente: Ezequiel Zaidenwerg Dib) 

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