martes, 31 de marzo de 2026

Demetrio Iramain

 

 

BECAS 

 

Hay poetas que conforman
una asociación ilícita. 
 
Otros
apenas
una mutual. 
 
Mientras estos gestionan
viajes, becas,
aquellos buscan
la palabra justa. 
 
Entre la SADE y la SIDE hay una vocal de
diferencia.
En ella caben la distancia
 
de uno a sí mismo y
el primer instante de
siempre.
 
La poesía,
cuyo mayor propósito es
deconstruir el dolor,
habita allí. 
 
Su tiempo es
el último segundo
de nunca.
 
 
(a Julian Axat)
 

 

(Fuente: Julián Axat) 

Marguerite Yourcenar (Bruselas, 1903-Maine, 1987)

 

 

«Erótica»

 

Traducción de Juan Carlos Villavicencio




 
 
Tú el abejorro y yo la rosa, 
tú la espuma y yo arrecife; 
en la extraña metamorfosis,
tú el Fénix, yo la hoguera.

Tú el Narciso y yo la fuente, 
mis ojos reflejan tu emoción; 
tú el tesoro y yo la bolsa; 
yo la ola y la que nada dentro de mí.

Y tú, el labio sobre el labio, 
la languidez meciendo lo que arde,
la ola que se mezcla con las olas.

Pero sea cual sea el juego tierno,
siempre se eleva el alma en llamas,
bello pájaro dorado, en el abierto azul del cielo.


(1925-1945, 1950-1954)




en Les Charités d'Alcippe, 1956 

















Érotique

Toi le frelon et moi la rose, / Toi l’écume et moi le rocher; / Dans l’étrange métamorphose, / Toi le Phénix, moi le bûcher. // Toi, le Narcisse, et moi la source; / Mes yeux reflétant ton émoi; / Toi le trésor et moi la bourse; / Moi l’onde et le nageur en moi. // Et toi, la lèvre sur la lèvre, / Toi la langueur berçant la fièvre, / La vague aux vagues se mêlant. // Mais quel que soit le tendre jeu, / Toujours l’âme en feu s’envolant, / Bel oiseau d’or, en plein ciel bleu.
 
 
(Fuente: Descontexto) 




 

Marina Aoiz (Tafalla, España, 1955)

 

 

3 poemas 

 


 

 

Un libro

 

Marina Aoiz

 

La poesía es el eco de la melodía del universo

en el corazón de los humanos.

 

Rabindranath Tagore

 

 

Aniram tiene 11 años. Atardecer de verano.

Agarra al azar un libro de la biblioteca familiar

y los astros se conjugan

para que despierte a la palabra. El libro,

segunda edición de 1956, de Aguilar,

es la “Obra escojida” de Rabindranaz Tagore.

Un libro de 1.344 páginas, con cubierta

de plástico azul, lomo amarillo, azul y oro,

y una cintita de seda para señalar la página.

 

La foto con la firma del poeta, a la derecha,

en la sexta página. Una Advertencia al lector

señala que se trata de la versión castellana

de las obras de Rabindranaz Tagore, realizada

por Zenobia Camprubí en colaboración

con su esposo, Juan Ramón Jiménez.

La transcripción ortográfica de determinados sonidos,

dice la nota, se respeta por todos los editores de la obra

del escritor bengalí y sus herederos.             

 

Pero Aniram no presta atención a esos detalles.

Abre el libro de hojas de papel muy fino

y de manera arbitraria entra en un universo nuevo.

Las olas de la vida, las voces del viento y el agua…

Aniram lee y lee a lo largo de las vacaciones.

Anota en su cuaderno: “¡Sea hermosa la vida

como la flor del verano, hermosa la muerte

como la hoja del otoño!”. Aprende la sentencia

de memoria. Su corazón despierta a la palabra.

 

Aniram comprende que un viento poeta salió por el mar

y por el bosque en busca de su propia voz.

Afila la punta del lápiz y escribe su primer verso.

Aniram se inicia en la poesía alejándose paso a paso

de la rigidez del colegio, sin revelar su secreto.

Se jura a sí misma convertirse en poeta y viajar a India

para descubrir los lugares por donde transitó Tagore.

Aniram crece en la Shantiniketan de su propio corazón.

 

 

Inocente

 

 

Es verano y Tagore,

el poeta de agua,

muestra su alba vestidura

entre las luces del río. Es verano.

Las líquidas palabras

expanden sus rítmicos latidos

entre la avena silvestre y el esplendor

de las doradas espigas.

 

Es verano. Las hojas de los plátanos

cuchichean con las piedras del castillo.

El deseo abre sus labios de fragantes capullos.

 

Es verano y unas sombras

—oscuras, complejas, temibles—

pretenden que probemos

el agraz vino del pecado.

Ignoran, insidiosas,

que la poesía y el maestro

despiertan dulcemente

a las niñas ensimismadas.

 

Es verano. Una pareja de libélulas

se ama en los espejos del aire,

cabalgando sobre el temblor del agua.

 

Es verano y la luz tan inocente.

 

 

Remedios

 

 

Orgía de geranios y petunias

en los balcones de forja.

 

Y una larga fila

de mujeres reumáticas

en otro escenario de la tierra.

 

Riegan las macetas con agua clorada.

La que llega al pantano desde tributarios

de nombres ancestrales y de allí

hasta la turgencia de sus casas.

 

Anhelan remedios ayurvédicos:

tulasi, ben, rizoma de cúrcuma.

El fuego prenden con apenas dos ramitas.

Sobre la cabeza, en vasija de bronce,

el agua viaja desde el recóndito pozo.

Sientes su gravedad. Te pesa.

 

Hermosas

como geométricos cristales

estas mujeres esperan brebajes

mirando la vida desde sus negras perlas.

Elegantes, en sus cabellos

se refleja la noche serena. También

el miedo invocan sus espejos. Y la tristeza.

 

Las otras, bellas

a fuerza de peluquería, cirugía y cosmética,

viven al otro lado de la pantalla.

 

Te mueves de unas a otras.

Del corazón del bosque a la luz

de una estrella virtual, sin alma.

Ascética

tu alma busca el pétalo de la flor

más compasiva.

Para abrevar funámbula

en el tenso alambre de la luna,

abres tu corola sedienta.

 

Marlene NourbeSe Philip (Trinidad y Tobago, 1947)

 

 

Puede ser una imagen de una o varias personas, personas sonriendo, anteojos y joyas 

 



MEDITACIONES DE LA MUCHACHA DE PÓMULOS VOLÁTILES SOBRE LA DECLINACIÓN DE LA BELLEZA 
 
 
 
Si no Si no Si
No
Si no en el tuyo
En el de quién
En el lenguaje de quién
Soy yo
Si no en el tuyo
En el de quién
En el lenguaje de quién
Soy yo Yo soy
Si no en el tuyo
En el de quién
Soy yo
(si no en el tuyo)
En el lenguaje de quién
No soy
No soy Soy tuya
Si no en el tuyo
Si no en el tuyo
En el de quién
En el lenguaje de quién
Yo soy
Muchacha de pómulos volátiles:
Ella es
Yo soy
Mujer del trasero que vuelve locos a los hombres
Y si no en el tuyo
Dónde está la mujer de nariz ancha
como su propia fuerza
Si no en el tuyo
En el lenguaje de quién
Está el hombre de labios de luna llena
Acarreando la medianoche de color
Partida por las estrellas, una sonrisa
Si no en el tuyo
En el de quién
En el lenguaje de quién
Yo soy
No soy
Estoy Soy tuya
No estoy Soy tuya
Soy yo Yo soy
Si no en el tuyo
En el de quién
En el lenguaje de quién
Soy yo
Si no en el tuyo
Bella.
 
 
Traducción: León Félix Batista 
 

M.ª Carmen Ruiz Guerrero (Murcia, España, 1976)

 

 

Mª CARMEN RUIZ GUERRERO EN PALABRAS SEDIMENTARIAS

 






ESPACIO VACÍO




Bajo los edificios y los parques de cemento

se escucha aún la respiración ahogada

de nuestra infancia.

Nos rebelábamos contra los límites del cuidado

y construíamos mundos

entre los membrilleros y los escombros.

Tantos años después siguen siendo una incógnita

aquellos restos entre los árboles,

qué civilización rota empezaba ya a ocuparnos

arrojándonos a su ruina.


El abuelo, habitante nativo de la huerta

y sus peligros, nos advertía: hierros oxidados,

alambres ocultos entre los ladrillos,

chapas cortantes, cristales rotos.

Nosotros temíamos a la culebra

que le había mordido. Recordábamos

los dos agujeros oscuros inflamados

en su brazo poderoso.

Tampoco era suficiente para retenernos

dentro de la frontera.


Las piedras del derribo de alguna casa

abandonada en cualquier lugar lejano

nos servían de material de construcción.

Nuestras cabañas,

que nunca resistían la visita de los niños salvajes

al marcharnos,

anunciaban la usurpación del espacio virgen.


Hormigón sobre la tierra del huerto.



La niñez es un campo minado

al que no se permite el regreso.



―――――――――――



EL FOSO Y LAS CADENAS



Como cada noche, paso revista

a mis demonios,

¿a cuántos he dejado salir hoy

fuera de este espacio acotado?

¿Cuántos andan sueltos?

Siento alivio

al darme cuenta de que la mayoría

siguen paseando entre las paredes

del silencio. Van y vienen,

pero no se atreven a traspasar la puerta.

Entre los demonios rondan los ángeles,

casi igual de peligrosos, probablemente.

Demasiado fácil malinterpretar sus dones.

Por fortuna, tampoco son libres, y a menudo

se conforman con deambular

junto al desorden de mis pensamientos.

Es necesario este repaso cotidiano,

saber qué dije, qué poemas compartí,

mantener a salvo

a quienes tengo cerca. Reconstruir

la frontera.




M.ª Carmen Ruiz Guerrero

Palabras sedimentarias


La Garúa

 

(Fuente: Papeles de Pablo Müller) 

 

Carlie Hoffman (Nueva Jersey, EE. UU., 1990)

 

 

Puede ser una imagen en blanco y negro de una o varias personas y personas sonriendo 

 

 

ANTIGÉNESIS

 

Yo era joven, un mito, mientras masticaba
la manzana. Dormí en un hemisferio
de abrigos arrojados de las llamas.
Todas las ciudades arden, lo sé,
aunque no soy una mística.
Un país tiene tantas maneras
de traicionarte:
mis ancestros: huesos de cabra,
estrellas en el pulgar del carnicero.
Viven en el río lechoso
que fluye a través de la montaña
cargado con nuestros nombres.
 
 
 
_____________________
en "This Alaska", Four Way Books, Nueva York, 2021. Véase también "Four Way Review", n.º 17, abril de 2020. Versión de Jonio González. En la imagen, Carlie Hoffman (Nueva Jersey, EE. UU., 1990 / Poetry Foundation).
 
 

UNGENESIS

 

I was young, a myth, chewing
the apple. I slept in a hemisphere
of coats pushing out of the flames.
Every city burns, I know,
though I’m not a mystic.
There are so many ways to be
betrayed by a country—
My ancestors—goat bones,
stars in the butcher’s thumb.
They live in the milky river
that surges through the mountain
burdened with our names.
 

 

(Fuente: Jonio González) 

Mahmud Darwish (Palestina, 1941 - 2008)

 

 

 

 

La niña, el grito




En la playa hay una niña, la niña tiene familia
y la familia una casa.
La casa tiene dos ventanas y una puerta…
En el mar, un acorazado se divierte cazando a los que caminan
por la playa: cuatro, cinco, siete
caen sobre la arena. La niña se salva por poco,
gracias a una mano de niebla,
una mano no divina que la ayuda. Grita: ¡Padre!
¡Padre! Levántate, regresemos: el mar no es como nosotros.
El padre, amortajado sobre su sombra, a merced de lo invisible,
no responde.
Sangre en las palmeras, sangre en las nubes.
La lleva flotando la voz más alta y más lejana de
la playa. Grita en la noche desierta.
No hay eco en el eco.
Convierte el grito eterno en noticia
rápida que deja de ser noticia cuando
los aviones regresan para bombardear una casa
con dos ventanas y una puerta.
 
Ramala, agosto del 2006
 

Traducido de María Luisa Prieto 

 

Gracias Iñaki Iguiniz Garcia y Cecilia Pontorno Mainero Maria Luisa Prieto #MahmudDarwish y al #PuebloPalestino #NoALaGuerra  

 

(Fuente: Daniel Edgardo Petasne) 

Juan Rodolfo Wilcock (Buenos Aires, 1919 - Lubriano, Italia, 1978)

 

 

 

 

 

TAL VEZ EL ALMA...

 

Tal vez el alma es divina, pero no es indispensable,
como el cuerpo, en el que mora y que es su ocasión.
Desde la primera infancia ese cuerpo es la prisión
del alma que fermenta como una masa maleable,
para finalmente endurecerse en las formas más raras,
desde pájaro melodioso hasta las peores iguanas;
pero siempre incomodísima pues no logra escapar
de un cuerpo inadecuado y siempre menos fuerte,
que provoca desordenes difíciles de curar,
las complicadas neurosis que aceleran la muerte.
__________________________________

por Jorge Aulicino
 

 

(Fuente: Daniel Freidemberg) 

Arun Kolatkar (India, 1932 - 2004)

 

 

PIOJOS UN POEMA DE KALA GHODA / POEMAS DE BOMBAY DE ARUN KOLATKAR
 
 
 

Piojos

 

1.
No lleva mucho tiempo siendo mujer,
esa niña parece
un palito de canela.
Sí, la del sari color mostaza
y pulseras rojas de cristal,
sentada en el bloque de concreto vertical
como en un trono,
aunque allí apenas cabe
un gatito ovillado.
El delgado pilar de madera
del porche de Wayside Inn
se levanta de espaldas
como una suerte de respaldo exótico
que parece encajar muy bien
en el espacio entre sus omoplatos.
 
2.
No para de hablar.
Lleva todo el día farfullando
y riéndose,
porque esta mañana soltaron de la cárcel a su amante,
y el buen inútil
ya está con ella.
Miren a ese sinvergüenza
—el que está sentado en el suelo
con un brazo alrededor de sus piernas.
En el centro de su corte,
ella gesticula de vez en cuando
con sus manos como gorriones.
Él la escucha embelesado, el tipo
con un pie en el parachoques
y un codo en el capó de un Fiat estacionado.
Los tiene a todos hechizados;
pero en ningún momento ha olvidado
que tiene un trabajo entre las manos.
 
3.
La cabeza piojosa de su amante,
apoyada entre sus muslos,
se ha vuelto un arpa entre sus manos.
Mientras sus dedos de hada recorren su pelo,
generando arpegios de piojos
y armonías de liendres,
mientras las pulseras tintinean suavemente sobre su cabeza,
cae rendido y sueña
que está escondido en una cueva musgosa
detrás de una catarata llena de historias,
de arco iris explosivos,
y oye el ladrido distante de los perros de la policía.
 
 
Arun Kolatkar
Kala Ghoda / Poemas de Bombay
Traducción y prólogo de David Puig
Kriller71 Ediciones, 2020.
 
 
Puede ser una imagen de ‎texto que dice "‎北県屋 kolatkar poemas poemas de bombay arun kala ghoda ل eSteton MNEARO bilingüe edición david puig traducción y prólogo de‎"‎ 
 
(Fuente: Alicia Silva Rey) 
 

Kateb Yacine (كاتب ياسين, Qusantinah, Argelia, 1929-La Tronche, Francia, 1989)

 

 

Puede ser una imagen en blanco y negro de una o varias personas 

 

DOS POEMAS

 

Te das cuenta allí, lejos de donde estás
porque confundes lo real con su reflejo
la máscara con el rostro
lo inmutable con lo efímero
lo mejor de tu ser no se puede ver
no se puede oír
lo mejor de tu ser
es aquello que jamás podrás revelar
 
**
 
Eres luz y volverás a la luz
por encima de las nubes el cielo siempre es azul
y es al final de la noche cuando sale el sol radiante
eres luz y volverás a la luz
 
 
 
____________________
en "Éclats de miroirs", Edmon Chemin, Betton, 2019. Versiones de Eduardo Conde. En la imagen, Kateb Yacine (كاتب ياسين, Qusantinah, Argelia, 1929-La Tronche, Francia, 1989 / Almajalla)
 
 

Tu t'aperçois là-bas loin d'où tu es
car tu confonds le vrai et son reflet
le masque et la face
ce qui est immuable et ce qui passe
le meilleur de ton être ne peut être vu
ne peut être entendu
le meilleur de ton être
c'est ce que tu ne peux jamis paraître
 
**
 
Tu es lumière et tu retourneras en lumière
au-dessus des nuages le ciel est toujours bleu
et c'est à la fin de la nuit que le soleil se lève radieux
tu es lumière et tu retourneras en lumière
 
 
(Fuente: Jonio González) 
 

Víctor Coral Cordero (Lima, Perú, 1968)

 

 

DOS SONETOS

 

𝗦𝗼𝗯𝗿𝗲 𝗹𝗮 𝗱𝗶𝗳𝘂𝘀𝗮 𝗻𝗮𝘁𝘂𝗿𝗮𝗹𝗲𝘇𝗮 𝗱𝗲 𝗺𝗶 𝗲𝘀𝘁𝗿𝗼
 
 
No es la mía —cierto— discursiva
ni directa poesía que encandile
cada luminosa mañana que brille.
Ni siquiera aquella que se apoya 
 
en facilonas, tristes metáforas de
taller de poesía y sucesoras chelas.
No. Acércate a mis libros solo si
no quieres entender nada, como yo.
 
Acércate si piensas que el discurso
y lo coherente ya fueron en el mundo,
o —al menos— que el sentido dictador
 
debe ser hecho añicos en cada verso,
en cada palabra, en cada puta unidad
significante; lo agradecerás, obrador.
 
 
 
𝗝𝗚 𝗠𝗮𝗲𝘀𝘁𝗿𝗼 𝗱𝗶𝗰𝗲 𝗾𝘂𝗲 𝘂𝗻 𝗰ó𝗱𝗶𝗴𝗼 𝗱𝗲 𝗯𝗮𝗿𝗿𝗮𝘀 𝗻𝗼 𝗲𝘀 𝗹𝗶𝘁𝗲𝗿𝗮𝘁𝘂𝗿𝗮...
 
 
...e inmediatamente me vi agarrado a esos barrotes,
preso de alegría e insolencia, de celebración lingüística.
Allí estaba yo, agazapado pero alacre, esperando
el haz de luz que me revele como un soneto alejandrino 
 
o, al menos, como una de esas graciosas inscripciones
funerarias palatinas… [tal vez el código desate una historia
genuina y enfermiza, o una serie de voces guturales
que desmitifique el viejo sentido agotador y agotado].
 
El maestro JG Maestro —tonito dictatorial y docto
de por medio— niega al pobre código de barras
la posibilidad ficcional; pero yo estoy preso ahora de
 
esta visión: un animal que los hombres de camisa
cuadriculada no pueden ver: ojos medio locos, vivos,
acechando entre números y barras, a punto de atacar.
 

 

(Fuente: Lab De Poesía) 

Luis Alposta (Buenos Aires, 1937)

 

 

 

EL OLVIDO 

 



        
 

 
El olvido entra sin golpear.
No trae valijas.
No avisa.
Se sienta al lado nuestro
como un pariente lejano
que nadie recuerda haber invitado.

Primero se lleva las llaves.
Después el nombre del vecino…
el motivo por el cual uno entró a la cocina…
Y más tarde… te llevará a estar diciendo:
-Perdón, ¿de qué estábamos hablando?

La memoria protesta al principio,
se indigna, se ejercita,
y entre otras cosas,
amenaza con tener archivos ordenados.
Pero pronto descubre
que no recuerda dónde los guardó.

Hay una tristeza elegante en el olvido.
Una renuncia lenta,
como cuando los árboles dejan caer las hojas
sin hacer escándalo.
El pasado se vuelve liviano,
pierde peso específico,
y comienza a flotar
como una bolsa
que se la lleva el viento.

Aunque a veces exagera
y nos deja en blanco el nombre de una calle.

Olvidar es una forma de desaparecer
sin mudarse.
Un ensayo general de la ausencia
en cámara lenta.

Y ahora...
no recuerdo cómo tenía pensado
cerrar este poema.
Pero sospecho
que lo he de terminar
como alguien que busca una palabra
que está en la punta de la lengua
y decide dejarla ahí;
porque el silencio,
también necesita
tener su oportunidad.

Luis Alposta

 

(Fuente: Mosaicos porteños) 

Andrew Marvell (Reino Unido, 1671 - 1678)

 

Imagen de Andrew Marvell - Wikipedia, la enciclopedia libre 

 

A SU TÍMIDA AMADA

 

Si tuviéramos bastante mundo y tiempo
tu timidez, señora, no seria delito.
Sentados pensaríamos hacia dónde marcharnos
para pasar nuestro largo día de amor.
 
Tú encontrarías rubíes en las riberas
del Ganges de la India: yo me lamentaría
con la marea del Humber. Te daría mi amor
desde diez años antes del Diluvio,
y tú, si quisieras, podrías decirme «no»
hasta después de la conversión de los judíos.
Mi amor vegetal crecería más lento
y sería más vasto que un imperio.
 
Al menos cien años se me irían en alabar
tus ojos y en contemplar tu frente,
cuatrocientos en adorar tus senos
y treinta mil en el resto del cuerpo.
 
En cada parte al menos una época,
para tu corazón la última de todas:
porque tú te mereces este trato
y yo por menos no te quiero.
 
Pero pasa que a mis espaldas siempre oigo
la alada carroza del tiempo que se acerca,
y que allí, ante nosotros, yacen por todas
partes desiertos de vasta eternidad.
 
Tu belleza ya nadie encontrará
ni resonará en el mármol de tu bóveda
el eco de mi canción. Y los gusanos robarán
esa virginidad por tanto tiempo resguardada.
 
Tu arcaico honor polvo se hará
y toda mi lujuria se tornará ceniza.
La tumba es lugar muy selecto y privado
pero nadie, creo yo, hace allí el amor.
 
Por lo tanto, ahora que el color joven
se posa como el rocío sobre tu piel,
mientras transpire tu alma dispuesta
por todos los poros instantáneas llamas,
 
pudiéndolo, hagamos lo que nos dé la gana
y como aves de rapiña enamoradas
devoremos más bien nuestro tiempo
en vez de languidecer entre sus fauces.
 
Comprimamos toda nuestra ternura
y toda nuestra fuerza en una bala
y a través de las rejas de hierro de la vida
disparemos nuestro placer violentamente.
Así haremos, al menos, que corra nuestro
Sol, no pudiendo lograr que se detenga.
 
 
 

LA DEFINICIÓN DEL AMOR

 

Mi amor es de tan raro nacimiento
como de objeto extraño y elevado:
lo engendró la desesperación
en la imposibilidad.
 
Sólo la desesperación, magnánima,
podía mostrarme tan divino asunto:
allí volar no puede la débil esperanza
sino batir en vano sus alas de oropel.
 
Pero yo podría llegar como el rayo
allí donde mi alma extendida se fijó,
mas clava la Parca sus cuñas de hierro
y siempre se interpone entre los dos.
 
Pues sólo con ojos celosos mira ella
dos amores perfectos, o los cierra:
su unión, de hacerse, sería su ruina
y depondría su poder tiránico.
 
Por lo tanto, sus decretos de acero
nos colocaron cual dos distantes polos,
(aunque girando el mundo del amor
en torno nuestro) sin poder abrazarnos.
 
Aunque se desplomara el mareado cielo
o quebrara la tierra nueva convulsión
y, para unirnos, tuviera el mundo
que ceñirse a un solo planisferio.
 
Cual líneas oblicuas, pueden los amores
saludarse muy bien en cada ángulo:
mas las nuestras, que son tan paralelas
e infinitas, no pueden encontrarse nunca.
 
El amor, entonces, que nos une
y que la Parca prohíbe con envidia,
es la conjunción de la mente
y la oposición de las estrellas.
 
 
 

DIÁLOGO ENTRE EL CUERPO Y EL ALMA

 

El alma
 
¿Ah, quién sacará de esta celda
a un alma, esclava en tanta forma,
con cerrojos de huesos, de pie
entre grillos, las manos esposadas,
enceguecida, con un ojo u sorda,
y este tamborear de los oídos,
un alma colgando, se diría,
de cadenas de nervios, de arterias
y de venas, en toda parte torturada,
con cabeza vana y doble corazón?
 
El cuerpo
 
¿Ah, quién me librará sano y salvo
de las ataduras de esta alma tiránica
que, tensa hacia lo alto, me empala
para que caiga en propio precipicio,
que calienta y mueve este esqueleto
superfluo —lo mismo que la fiebre—
y ansiosa por ensayar su rencor
me ha hecho vivir para poder morir,
un cuerpo siempre sin descanso
desde que lo posee este malvado espíritu?
 
El alma
 
¿Qué magia así encerrarme pudo
para suspirar con la pena del otro,
donde cualquiera sea su queja,
lo percibo, no puedo sentir su dolor,
y donde todos mis cuidados se van
en conservar aquello que me mata,
obligada a sufrir no solamente
males sino, lo que es peor, su cura,
pues a punto de llegar a puerto
en la salud soy naúfraga de nuevo?
 
El cuerpo
 
Mas no hay médico que entienda
las enfermedades que me enseñas:
primero de la esperanza rasgas el calambre,
y luego el temblor de la parálisis del miedo;
calientas la pestilencia del amor
o roes la úlcera escondida del odio;
confundes la grata locura de la alegría
o inquietas la otra locura de la pena;
conocimiento éste que me obliga a saber
y a que nunca abandonen mi memoria.
¿Y qué, si no el alma, tendría el ingenio
de formarme para tan aptos pecados?
Así es como desbasta y cuadra el arquitecto
los verdes árboles que crecen en los bosques
 

 

(Fuente: Henderson Espinosa) 

Hernán La Greca (Buenos Aires, 1968)

 

 

Gatúbela

Yo me acuerdo de los hermosos días, de su andar
y de la música del látigo, cuando el látigo tenía
mala fama. Apenas se la oía, susurraba. Y yo
veía siempre en esos labios
la forma del beso.

Yo me acuerdo del estruendo de mirarla
de rodillas sobre un hombre y suspirar
un plan, solamente con los ojos. Ante mí,
una flor salvaje en un lujoso estuche
de cuero negro.

¿De dónde salía esa mujer que al calor
del mediodía, con el héroe a punto
de quedar duplicado a dos mitades
por la dentada rueda de platino,
hacía olvidar la sierra
y los villanos?

Aunque no he vuelto a verla más
que en algún documental sobre su ex
compañero de trabajo, una mujer hubo en mi vida
que hizo las veces de ella. Con un pie en la mesa
ratona, una S/M de entre casa con pulóver
cuello ve.

No tengo nada que decir. Nada más para dar
testimonio. He contado todo: lo que vi y lo que no
viví –la belleza, la fuerza de su abrazo. Aún hoy,
cuando todo es negro, cuando un agua
espesa baja de las flores, de noche, yo
me acuerdo.


                                                                              (selección de Marcelo D. Díaz)



(Fuente: Ezequiel Zaidenwerg Dib)

 

lunes, 30 de marzo de 2026

Samuel Taylor Coleridge (Gran Bretaña, 1772-1834)

 

 

"El Khan Kubla"

 


 
 
 
 
En Xanadú, el Khan Kubla decretó
alzar una solemne cúpula de placeres:
donde Alph, el río sacro, iba fluyendo
por cavernas que el hombre nunca pudo
medir, hasta llegar a un mar sin sol.

Así diez millas de terreno fértil
se ciñeron de muros y de torres:
y hubo jardines con brillar de arroyos
sinuosos, con árboles del incienso floridos;
y había en las colinas viejos bosques
envolviendo lugares de verdor soleado.
Pero ¡ah el profundo abismo romántico, bajando
al sesgo por la verde colina, entre los cedros!
¡Lugar silvestre! ¡Santo y encantado,
como en el que una vez, bajo una luna vaga,
aguardó una mujer a su amante-demonio!
De este abismo, en fermento siempre de torbellinos,
como si en apretados y rápidos jadeos
alentara la tierra, una fuente surgía
poderosa, con fuerza:
entre cuyo veloz brotar intermitente
grandes trozos de roca saltaban como en bóveda
de granizo, o el trigo que el trillador azota
con el mayal, quitándole su tamo;
y entre esas rocas, siempre brusco y fuerte,
saltaba el sacro río.
Después de cinco millas en meandros danzantes
por bosques y por valles corriendo, el río sacro
llegaba a las cavernas que nunca mide el hombre
hundiéndose en un mar sin vida, con tumulto,

¡y en medio del tumulto Kubla oyó desde lejos
voces de antepasados profetizando guerra!

La sombra de la cúpula de placeres flotaba
a mitad de camino entre las ondas;
donde se oían los mezclados ritmos
de la fuente y las cuevas.
¡Era un raro milagro: una soleada
cúpula de placer con cavernas de hielo!
Y, un dulcémer tañendo, una doncella
vi una vez en visión: una abisinia
que, al son de su dulcémer, cantaba al monte Abora.
¡Ojalá reviviera en mi interior
su música y su canto!

Con tal hondo placer me vencería
que, con música fuerte y duradera,
podría construir en el aire esa cúpula,
¡la cúpula soleada; esas cuevas de hielo!
Y cuantos escucharan las verían allí,
y gritarían todos: ¡Mira, mira
sus ojos destellantes, su cabellera al viento!
Teje un círculo en torno de él tres veces,
y con sacro temor cierra los ojos,
porque se ha alimentado de rocío de mieles
y ha bebido la leche del Edén.

                                                              1798

Samuel Taylor Coleridge, incluido en Poetas románticos ingleses (BackList, Barcelona, 2010, trad. de José María Valverde).

 

(Fuente: Asamblea de palabras) 

Víctor Coral Cordero (Lima, Perú, 1968)

 

 

*
en torno al deseo
crece la noche
y el baremo
del alba registra
la dinámica del viento
 
*
mi cuerpo arde
rehuye la medida:
un ritmo ilegible
pero eufónico
no deja huella
en los censos
de Vesalio
—ritmo vesanio
pleno
de furia
y de ardura 
 
*
y el agua desaparece...
fantasma inverso
blanco y fugaz
desdeña iris
labios resecos evade
para perderse
en las grietas
de la tierra
—y el agua
 de mi cuerpo
      aun con aridez
con inquietud
vida consuma 
 
*
humilde humedal;
agua grácil;
esquirla de cielo
 

 

(Fuente: Lab De Poesía)