VII
"Pues que me lees, leído y escrebido te sé, caro leyente. De modo que irreverente no seré intentando enseñarte las diferencias que del perro separan al gato. No obstante, sin desacato me parece y conveniente que trate de recordártelas por si las has dejado olvidadas en cualquier parte colgadas de un clavo. // Intelectual es el gato , se le ve en la mirada, mientras que el perro jamás piensa en nada. Y con ser intelectual, observa con crítica a la sociedad humana y la encuentra bastante mal y, aunque en ella reside, lleva existencia apartada. El can por su lado es burgués, a qué negarlo, le gusta el confort, todo lo francés, y a la barriga darle largo. Por los bienes materiales y también por propia complexión, el perro se vuelve adulón, al hombre imita y con hipocresía ofrece una amable pata cuando se lo indican: semejante cobardía puede convertirse en crueldad despiadada si se da vuelta la taba, cual ocurrió en el poblado. Es el revolucionario sanguinario que duerme en lo hondo de todo buen burgués. El gato es otro elemento, independiente y anarquista, que, si bien tiene en su lista reformar la humana sociedad, es franco y lo haría en forma menos cruenta. Pero si no es por dependencia ni con asimilación y mucho menos por admiración, ¿por qué asocia su existencia a la del humano? ¡Por la rata, lector, por la rata que caza alargando con matemática rapidez el rayo de su pata! Y es sabido que la rata va allí donde los humanos juntan su comida y su hediondez. De modo que es sólo por seguir a las ratas que se juntan alrededor de los hombres que los gatos entran a las casas y se quedan poner un nombre.// Mas acontecía que al producirse la epifanía perruna del poblado los gatos de consuno se las picaron: fatigados estarían en su lunar sutileza de lidiar con la barbaridad de los humanos, como para gastarse en luchar contra la bestialidad pura de los caninos. // Te preguntarás, lector, a cuento de qué vienen estos datos gatunos a nuestra historia. No seas zanahoria: porque a partir del momento en que los perros se sublevaron y los gatos rajaron, las ratas a mudar empezaron. Y ya verás en un periquete que ésta no era una de una y no más, Señor San Blas, sino cosa de tente bonete."
(...)
De "Caína muerte"
Sudamericana, Bs.As., 1971.
(Fuente: Héctor Giuliano)
No hay comentarios:
Publicar un comentario