sábado, 1 de marzo de 2025

Santos Domínguez Ramos (Cáceres, España, 1955)

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CEMENTERIO ALEMÁN. YUSTE

 
 I
1945 
 
Ahí las tenéis, miradlas:
son las arteras armas de la noche,
apacientan la anchura de la nieve
y el cristal apagado de una campana fría.
 
Son los trenes que silban –tan negros- por el sueño,
y es el olor violento del barro y su horizonte
helado en el que cantan las bocas de los muertos
sus canciones de escarcha que hieren los oídos.
 
Son, mirad, estos hombres, hundidos o tocados
en un juego siniestro de naves por la sangre,
de aviones incendiados en el fondo de un bosque.
 
Cuando flotan las luces tras la niebla,
cuando pisan su sombra y la sombra les muerde
con sus dientes de hielo, con sus desolaciones.
 
II
2005
 
De seis en fondo ahora, la formación de cruces
insiste en recordar al caminante
la estirpe de estas muertes militares,
la raíz malograda que se pudrió en sus tumbas.
 
Cae el hielo de la tarde como antes vuestros cuerpos,
como cayó la tierra sobre vuestras canciones,
como han ido cayendo las hojas de estos robles
hasta dejar ausente su esqueleto de acero.
 
Con la anónima nieve de la muerte,
sobre vuestra tristeza ha crecido la hierba
y esa hierba persiste verdemente
en el sueño invertido de vuestro escalofrío,
en vuestro duro nombre de muertos extranjeros
y en el asombro sepia de vuestra adolescencia.
 
Habíais dejado apenas el mundo de los juegos
para seguir jugando con torpe ardor de guerra.
Para acabar así, convertida ya en mueca
la risa irresponsable que se heló entre las nubes
o devolvió desnuda la crueldad del océano.
 
Para acabar aquí,
lejos de vuestra casa y de su sombra íntima.
 
Aquí, donde conviven la pena y la vergüenza
y la costumbre junta el horror y el silencio
en el último espasmo que heló vuestra mirada
azul y fría y extraña, vuestra última sorpresa
al contemplar de pronto la muerte cara a cara,
tan extraña como estos olivos contra el cielo.
 
Y ahora estáis en la muerte y seguís sin saberlo.
Lo sabe el caminante cabizbajo
que mira conmovido vuestras tumbas
y contempla el sendero que él también cruzará
otra tarde de hielo, sin hierba, pensativo.
 
En un rincón del tiempo se acumulan las zarzas
que acabarán ardiendo en una hoguera fría
con los huesos más tristes de la historia.
 
Y la tierra os ha dado no tan solo reposo:
os da una dignidad que en vida no tuvisteis,
la dignidad del muerto en un bosque extranjero.
 
Porque para la muerte todo suelo es extraño
y un hombre es extranjero en cualquier cementerio
que visiten sus ojos pensativos.
 
Un hombre es extranjero
en cualquier cementerio en que repose.
 
 
(De Las sílabas del tiempo. La Isla de Siltolá. Sevilla, 2012)

 

Juan Lamillar (Sevilla, España, 1957)

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CEMENTERIO ALEMÁN 

(DEUTSCHER SOLDATENFRIEDHOF - YUSTE)

 

 
           A Mª Christine del Castillo y Abelardo Linares
 
 
Este claro del bosque los congrega:
bajo cruces sencillas, bajo nombres difíciles,
soldados alemanes de dos guerras
con idioma de muerte se cuentan sus hazañas.
Pero las cuentan en silencio,
porque su idioma es el de la nada,
el de los despojos, el de la derrota
que también aguarda a los victoriosos.
Un silencio más fuerte que la luz del paisaje
une su meditar al rumor de las ramas,
al olor del espliego,
al recóndito huir de los lagartos.
Frente a ese silencio, alzándose,
está la juventud de vuestras fechas,
grabadas como un grito sobre el gris
de las cruces.
Alguien reunió vuestras distintas muertes:
el náufrago, el aviador caído,
el que sufrió la agonía de los hospitales,
y ahora, paseando entre tumbas,
me pregunto si acaso fuisteis héroes
o soldados anónimos perdidos
en lo intenso y absurdo de una guerra.
Porque debajo de este césped
están los veinte años de Rudolf Tanzbeger
y el uniforme ensangrentado y roto de Hanz Farber
y Lothar Kloos y su quieta sonrisa.
 
Franz Wilhem Kuhlmann,
¿sabes por qué moriste?,
¿qué llevaba a la muerte
a estos que ahora están contigo?
¿Conocías los olivos, que te velan,
retorcidas antorchas apagadas?
El azar –otro azar– os ha reunido
a la sombra –otra sombra–
de bicéfalas águilas, de toisones de oro.
Os hicieron luchar por un imperio:
seguís muriendo sucesivamente
bajo los árboles donde un Emperador
cambió sus sueños por relojes y misas.
 
No quiero detenerme en vuestros nombres:
que los diga de nuevo la luz que ahora declina,
la noche, que los sabe de memoria,
y los que os reconocen doblemente extranjeros:
en la tierra sin pausa de la muerte,
en la remota tierra de un país imprevisto.
.
De: «𝘓𝘢𝘴 𝘭𝘦𝘤𝘤𝘪𝘰𝘯𝘦𝘴 𝘥𝘦𝘭 𝘵𝘪𝘦𝘮𝘱𝘰» (1998)
Juan Lamillar es un poeta español 🇪🇸


(Fuente: Grover González Gallardo Poesía)

 

Manuel Bandeira (Recife, Brasil, 1886 - Río de Janeiro, Brasil, 1968)


 

Oración a Teresita del niño Jesús

 

Le perdí la costumbre a sufrir.
¿Cómo no?
Ya no le siento el gusto pretencioso a la tristeza.
Quiero alegría. Dame alegría,
Santa Teresa.
Santa Teresa no, Teresita…
Teresita… Teresita…
Teresita del Niño Jesús.

Dame alegría.
Dame la  fuerza para creer de nuevo.

No
por la señal
de la Santa
Cruz
Dame alegría, dame alegría,
Santa Teresa…
Santa Teresa no, Teresita…
Teresita del Niño Dios.
 
 
Traducción de Ezequiel Zaidenwerg Dib 

 

Cristian Gómez Olivares (Chile, 1971)

 




Esa noche se leyeron varios poemas sobre las madres.
Y se publicaron muchas autoediciones.
Alguien comenzó a leer a Kafka sin mencionar que era judío.
Alguien descubrió que la kriptonita existe. Una noche
te devolviste cinco minutos después de haber salido
reclamando en contra de los cortes en la carretera.
Uno de estos días me voy a encerrar en un convento
fue lo único que salió de tu boca después de cerrar con un portazo.
Los noticieros hablaban de la caída de un avión.
En un país sudamericano, el presidente depuso al
[parlamento.
Uno de esos conventos donde las internas preparan dulces
[y galletas.
Y para comprarlas hay que golpear una cancela
detrás de la cual una de las hermanas
recibe el dinero sin asomar el rostro y entrega
[el pedido
sin que le veamos la punta de los dedos.
Esa será tu vida una vez que los tulipanes sean negros.
Y aunque no los entendamos los cerdos comiencen a hablar.
Esa será tu vida cuando vuelva a crecer el pasto 
y las novicias rebeldes te culpen por hacerlo florecer.
El hábito será tu vida en el mejor y en el peor de los sentidos.
Una mujer que no lo es será tu madre
cuando vayas a encerrarte en un convento
exasperada por el estado en que se encuentran
los caminos interestatales, los puentes
encima de esos ríos que parecen un océano
y los puentes levadizos para llegar hasta un país
defendido por almenas, rodeado de turistas.
Esa noche se subrayó la importancia
de un piano que anime las fiestas
pero no las interrumpa. Nada tienes de qué preocuparte:
ya no podrás asistir con una copa de cristal en la mano
a esas conversaciones que ahora sólo te podrían alejar
del encierro que buscas y mereces: el sol que alumbre
entre los barrotes será el mismo que aquí disfrutas.

 
Cristian Gómez Olivares. El incendio del Reichstag. Ultramarina. 2024
Ilustración: Gabriele Münter - Winter im Murnauer Moos [~1932]
 
(Fuente: Voces del extremo)

 

Seán Lysaght (Cork, Irlanda, 1957)

 

 Achill 

 




 
 
 
En una pequeña cabaña después de sus labores troyanas.
Nadie sabe exactamente dónde. Las brisas marinas recorren
la tierra abierta y destruyen la memoria
de cómo se paró ante su glamoroso trirreme
con cresta de héroe.
          Luego, se puso zapatos de cuero crudo
mientras iba a ayudar a los hombres locales a descargar 

Su casco de oro fue puesto sobre la repisa de la chimenea
para juntar el polvo de diez años.
        Se convirtió en el cuento
de cómo un hombre local llamado Harry O'Deasy
regresó de Inglaterra sin previo aviso. Encontró
su granja en decadencia, su perro descuidado, su mejor
ganado vendido, y así sucesivamente. Por supuesto que saben el resto.
 
 
En   Erris, Gallery Press, Irlanda, 2002 
Traducción de Jorge Fondebrider



ACHILL 


Tradition has it that Achilles rested here
in a smal cotage after his Trojan labours.
No one knows exactly where. The sea-breezes scour
the open land and eradicate the memory
with his hero's crest.
The, he put on pampooties
as he went to help the local men unloading 

His gold helmt was put above the mantelpiece
to gather ten year's dust.
          It became the story
of how a local man called Harry O'Deasy
came back from England unannounced. He found
his farm run down, his dog neglected, his best
cattle sold – and so on. Of course you know the rest.
 
---
Foto:The Irish Literary Times
 
(Fuente: Otra Iglesia Es Imposible)

 

Pablo Müller (Javier Bermúdez Valencia, Bilbao, 1961)

 


 







UNO DE MARZ0




El ángel de las playas desnudo

frente al agua recibe

los ladrillos antiguos ahora

cantos naranjas imposibles

en el muro derruido,

recoge las cuentas de vidrio

que fueron jarrones y botellas

y hace con los hilos rojos

de las algas collares de silencio.

El ángel de las playas habla

como las olas, como el aire

en las arenas, toca

su miembro inexistente

en un gesto copiado a los bañistas

y así se enfrenta al mar.

El ángel de las playas calla

el significado de la vida

y de su consiguiente muerte,

baja la mirada, y corre

despreocupado tras los palos

que lanzan a los perros,

hurtándoles su juego.

La sangre en sus manos

son las algas que le abrazan

al retirarse el agua del mar.




Pablo Müller

Lorazepan – en construcción

 

(Fuente: Papeles de Pablo Müller)

 

Vicente Huidobro (Santiago de Chile, 1893-Cartagena, 1948)

 

por esto y aquello









 
 
 
Por el rumor que viene como una memoria
El profundo horizonte
Por la flor que horada el recuerdo
Por la paz que se baña en el cielo de la tarde
La paz está a la altura de aquellos ojos que vimos un día
Está a la altura de un canto que cubre el vértigo interno

Por las nubes que ocupan ese sitio del cielo donde mirábamos ayer
Por los días que se engastan en su semana
y ruedan como lágrimas a lo largo del año
Por las campanas encarnadas en el aire
O el aire que toma carne en las campanas
Por el otoño que se deshace
Llega el alma a la cumbre de sí misma

Por el pájaro envuelto en sus vuelos
Y que no puede salir de sus vuelos
Por la música que no puede salir más allá de sí misma
Por las barcas mecidas sobre las rodillas del mar
Por la caricia de la noche colgando de la luna
Por esa estrella que cabecea en el silencio
Llega el alma a la cumbre del alma

Un viento con olor a suicidio
La muerte es clara y precisa
La muerte se hunde en su silencio propio
Nadie tiene la cara más inocente
Los dedos más inocentes
Ni un agua más inocente al fondo de los ojos

Una bruma después
Una risa siniestra entre la bruma
O un llanto en las lámparas internas
Las lágrimas caen como soldados
Una ventana que se cierra en todas partes
y luego el rincón infinito
La muerte es clara y precisa
La muerte se hunde en sí misma

El marfil y la cera alargándose a través de los siglos

***

Proyecto Patrimonio
 
(Fuente: La comparecencia infinita)