martes, 2 de noviembre de 2021

Ignacio Uranga (Bahía Blanca, Argentina, 1982)

 

/ De "Al grave aparecer de lo que ser ahí"

 



 
alguien tembló bajo un caño de escopeta esa misma noche
en que cruzó un bandaje de patos, Daniela, sobre nosotros:
el bajo resplandor de luces a lo lejos que hacen ver lo oscuro
la demora en el vuelo del que no puede agregarse, y es que
se estaba en lo enfermo y en la compañía de otro: habrás
de amar al prójimo, nos dijo el cielo entonces, luego de que
fueras alguien, y empezaras otra escena y otro personaje:
después fue un toque de queda, y quemas de Napalm
contra la vida: el 8 de junio en que a Phan Thi Kim Phúc
la ardieron a 1200 ˚C, y fue una estrella Phan Thi Kim Phúc
en la noche de la historia, como cada noche, también en esta
noche, Señor, esta noche en que te pido nos guardes del hospicio
de este orfelinato: estarse a la intemperie cada quien, a los 1200
arrojados de Napalm, entre tanto carbohidrato y diazepinas
para seguir viviendo: sigue aún dormido Aylan Kurdi, una barca
soñaría acaso, la barca de papel de Aylan Kurdi, y para en un sueño
en que no hay huérfanos de pan, mientras apagan en el mundo
cada día amor humano, niños, tantos, tantísimos en el mundo
cada día, incluso niños, los niños todos por entero, y qué haría
el hombre sin niños en el mundo: este parecer, pienso, Daniela
y otros tantos posibles, por caso, en que bajo un sol de mediodía
estamos: ejemplo hoy tus manos, diciendo adentro mío cosas
las cosas que jamás dirás, lo sé, mientras tus manos sin embargo
no terminan de decir adentro mío esto que por cierto afuera
no dirás, posiblemente, pero sí dirás, por qué no: el tiempo
es la espera hasta tu próxima palabra, tu posible, Daniela
próxima palabra: lo sé, distancias que no son en forma alguna
equivalentes, aunque te acerque, al darte, cuando te escribo
Daniela, el nombre, y sea esto soportar el peso de mis decisiones



al grave aparecer de lo que ser ahí
Barnacle, 
Buenos Aires, 2021










Foto: Renzo Luna Chima/Facebook vía Barnacle
 
 
 
(Fuente: Campo de maniobras)

 

Jorge Teillier (Lautaro, Chile, 1935 - Viña del Mar, Chile, 1996)

 

El pasajero del Hotel Usher

 
 
Las escaleras se disuelven
como el humo de las tazas de té.
El pasajero sueña con Annabel,
en las oscuras riberas
de ríos donde nunca estuvo.
El llamado del teléfono
es el perforante guijarro
de las garzas en la laguna
el oleaje de los autos
acuna sus pesadillas.
 
El cuarto está lleno de gaviotas
que en vano intentan revivir sobre un césped,
que en vano se estrellan contra vidrios empañados.
Sus alas serán cortadas,
sometidas a la misma condena
a la que se somete el pasajero.
 
Los pantanos de la memoria
absorben al Hotel,
absorben al pasajero
que no se levanta del lecho,
no recorre las galerías
donde las arañas tejen sus mensajes,
no mira las mesas del comedor
donde dialogan, para no morir de tedio,
las alcuzas con el mantel de hule.
No contempla las desteñidas reproducciones de Doré en los muros.
No ve el polvillo de las demoliciones en los primeros rayos matutinos.
Ya se fue Ariadna de la ciudad
y el laberinto de los pasadizos
sólo lleva a invencibles Minotauros.
 
El pasajero despierta
con el zumbido de las aspiradoras.
Ve caer del techo
la perezosa nevazón de la pintura,
viaja solo
a orillas de un río donde nunca el viento moverá una nube,
sabe que jamás responderá al teléfono.
 
En los pantanos de la memoria
ya empiezan a acecharlo
las sombras de quienes alguna vez lo amaron
y el oleaje de los autos pasando frente a las demoliciones
anuncia indiferente
la caída del pasajero y del Hotel Usher.
 
 
 
 
En "Hotel Nube" [1996], Hotel Nube. En el mudo corazón del bosque, Tajamar Editores, Santiago de Chile, 2014
 
 
(Fuente: Campo de maniobras)

Silvana Franzetti (Buenos Aires, 1965)

 


Sujetos a variación, Saltos de agua



Mientras el cielo 
igual a una Mimosa púdica 
se va cerrando ante  
la mínima posibilidad  
de ser tocado 
y aun así la música 
lo va a atravesar 
 
y ahora el tempo 
agujerea el espacio 
 
entonces 
las sombras de un día nublado 
 
sugieren el límite 
entre una y otra pausa 
 
hacen que los objetos 
cambien de lugar 
 
incluso que la mirada
cambie de lugar

sostienen una línea
de pájaros que migran
hacia el sur

cambian la dirección
del viento norte

granulan el papel vegetal

danzan en verano
con las paletas del ventilador

alargan los hilos de coser

obturan el colador de té
usado esta mañana 
para hacer café

lentifican todavía más el relato
de las mil y una noches

dispersan las piezas de ajedrez
y la jugada

ablandan la escalera
del museo y sus marcos

desplazan la conversación
acerca de Zoo
o Cartas de no amor

cuando el amor se exilia
en Berlín.

De Sujetos a variación (inédito).



A esta distancia, la montaña es una acumulación de cenizas o es la nube con su efecto de pantalla translúcida que le resta nitidez a tamaño conglomerado de tierra y, a cambio, le agrega un tenue movimiento. O acaso sea nada más que la aparente quietud de la elevación del terreno, ahora cubierta por infinitas partículas en suspensión volátil.

De Saltos de agua (inédito).



En esa vereda, 
ahí, donde hay un sauce, presencia adorada,
un indicio de que junto a él, 
en algún tiempo pasado de la ciudad,
hubo un curso de agua a cielo abierto
hoy invisible. Intermitente, se escucha un acorde
no de llanto, sino de sorpresa subterránea.

De Saltos de agua (inédito).
 
 
 

Enlaces:  Otra iglesia es imposible | Revista Otra parte | De lo que no aparece en las encuestas
Imagen en Vallejo&Co
 
(Fuente: El poeta ocasional)




 

Sebastián Jaka (Buenos Aires)

 

Los columpios

.
.
.
Mira
en las plazas las palomas de lo eterno
las invencibles palomas
se posan sobre el columpio
donde el Niño, ya viejo
Niño de la guadaña
Niño del abecedario prohibido
Niño proletario
aprende el ajetreo de los días venideros
el sino trágico y el feliz retorno de la dicha.
.
.
.
Sube y
baja, Niño
sobre este mundo temprano
que las cosas ya han sido dichas para siempre
que las estás diciendo
Niño brujo
Niño ala de cuervo
Niño que curvas el universo con tus manos
hasta tensarlo
.
.
.
Verás, aquí las cosas no son tan diferentes
el agua hierve en la pava
la sombra pende mansa del ciruelo
los relicarios de la tristeza con los que jugamos
el pan de cada día
la piedad ajena
¿sabes, Niño?
nosotros también nos balanceamos
en columpios que suben hasta el cielo
y ahí nos quedamos
como estrellas de mar secadas al sol
y nos emborrachamos
y nos abrazamos como soldados después de la guerra
porque es tan vasto el olvido
tan grande la sordera
que apenas nos quedan los dedos de una mano
para contar aquello que amamos.
.
.
.
Y lloramos, reímos
nos hacemos tatuajes que luego aborrecemos
abrazamos al amor como un barco que se hunde
y después nos comemos, mansamente, las manos y las piernas
como si sólo nos alimentara
nuetra carne en la desgracia.
Y saltamos charcos
ciudades
amores
mendigos y
suicidas
y nos diagnostican bipolaridades
enfermedades incurables
diabetes
sífilis
gonorrea
algunos hasta morimos y caemos a pique
como ángeles desnutridos
en pleno tránsito.
.
.
.
Pero no, no estamos locos, Niño
ni vinimos al mundo a hacernos daño
sucede que nunca nos fuimos del todo
de la patria de la infancia.
 
 
 
 

(Fuente: Grata palabra)

 

Javier Perales Valdés (Santander, España, 1978)

 

 

CERCA DE ATOCHA

 



En la calle Granada, cerca de Atocha, mi colega Alejandro se mueve por el piso como un Raskolnikov moderno. La ropa tendida en el salón, las puertas de las habitaciones cerradas. Hablamos, me cuenta novedades, historias de piso compartido, memorias de barrio. Seguido, saca una guitarra barata y toca algunas canciones. Continuamos charlando mientras me voy comiendo galletas verdes mojadas en café, le ofrezco y rechaza con un gesto. Después, en la calle, el calor del asfalto y el tráfico agitado. Sobre los coches hay anuncios de papel con mujeres de saldo, todo el mundo tiene prisa y yo me siento rodeado. Vamos atravesando la Gran Vía hasta Callao, la mezcla de cafeína y maría me va atrapando. Él me va guiando hasta un local en el que tengo que actuar esa noche, yo, por debajo del ruido de ambiente, casi en susurros, voy cantando; recuerdos del pelo largo…

Antes de entrar, cenamos dos bocadillos en silencio en una tasca acompañados de toda una jauría de teenagers que van achicando minis y cubalibres. Cuando llegamos al local estoy tan colocado de thc que paso ralentizado al lado de la gente. Todas las caras me parecen conocidas. Me siento en mi sitio y miro la hora, las agujas del reloj parecen no haberse movido y todo va muy lento. Floto como un astronauta ingrávido y, mientras me presentan, no puedo hacer otra cosa que reírme. Como iba diciendo; en la calle Granada, cerca de Atocha…                                                                                              


 En: Absenta Poetas. nº 29. 2021

 

(Fuente: Voces del extremo)

 

Walt Whitman (EEUU, 1819 - 1892)

 

 

NO TE DETENGAS
 

No dejes que termine el día sin haber crecido un poco,
sin haber sido feliz, sin haber aumentado tus sueños.
No te dejes vencer por el desaliento.
No permitas que nadie te quite el derecho a expresarte,
que es casi un deber.
No abandones las ansias de hacer de tu vida algo extraordinario.
No dejes de creer que las palabras y las poesías
sí pueden cambiar el mundo.
Pase lo que pase nuestra esencia está intacta.
Somos seres llenos de pasión.
La vida es desierto y oasis.
Nos derriba, nos lastima,
nos enseña,
nos convierte en protagonistas
de nuestra propia historia.
Aunque el viento sople en contra,
la poderosa obra continúa:
Tu puedes aportar una estrofa.
No dejes nunca de soñar,
porque en sueños es libre el hombre.
No caigas en el peor de los errores:
el silencio.
La mayoría vive en un silencio espantoso.
No te resignes.
Huye.
"Emito mis alaridos por los techos de este mundo",
dice el poeta.
Valora la belleza de las cosas simples.
Se puede hacer bella poesía sobre pequeñas cosas,
pero no podemos remar en contra de nosotros mismos.
Eso transforma la vida en un infierno.
Disfruta del pánico que te provoca
tener la vida por delante.
Vívela intensamente,
sin mediocridad.
Piensa que en ti está el futuro
y encara la tarea con orgullo y sin miedo.
Aprende de quienes puedan enseñarte.
Las experiencias de quienes nos precedieron
de nuestros "poetas muertos",
te ayudan a caminar por la vida
La sociedad de hoy somos nosotros:
Los "poetas vivos".
No permitas que la vida te pase a ti sin que la vivas ...

 

Alfred Jarry (Francia, 1873 - 1907)

 

YO NO SÉ SI MI HERMANO...

 

Yo no sé si mi hermano me olvida,
pero me siento inmensamente solo
con la querida cabeza que palidece a lo lejos
entre los intentos de un recuerdo que miente.
 
Tengo tu retrato ante mí sobre la mesa,
no sé si era feo o bello.
Su doble es vacío y vano como una tumba.
He perdido su voz, su voz adorable,
 
justa, que me parece falseada a propósito.
Acaso él lo ignore, tesoro póstumo.
Aparte de la letra ella se evoca, muy
de súbito rota y acariciante pluma.
 
 
 
_______________
en "Antología", Visor, Madrid, 1981. Trad. de Manuel Álvarez Ortega. 
 
 
 

Je ne sais pas si mon frère...


Je ne sais pas si mon frère m’oublie
Mais je me sens tout seul, immensément,
Avec loin la chère tête apalie
Dans les essais d’un souvenir qui ment.
 
J’ai son portrait devant moi sur la table,
Je ne sais pas s’il était laid ou beau.
Le Double est vide et vain comme un tombeau.
J’ai perdu sa voix, sa voix adorable,
 
Juste et qui semble faite fausse exprès.
Peut-être il l’ignore, trésor posthume.
Hors de la lettre elle s’évoque, très
Soudain cassée et caressante plume.
 
 
 
 
(Fuente: Jonio González)