martes, 2 de noviembre de 2021

Conrado Santamaría (La Rioja, España, 1962)

 

4.0 LA HORA DE LA RACIMA

 

 

 

Y bajo la fina lluvia de cenizas pixeladas,

mientras los policías registran papeleras y bocas

de alcantarilla

y las voces de las pantallas

anuncian todavía paraísos artificiales y promesas

de amor,

Es la hora de la racima,

prestadme vuestros recuerdos,

mendiga en medio de la rotonda

el joven desheredado del tutú y los herrajes,

orgulloso

entre la multitud de sombras de razón evanescente

proyectadas contra las alambradas,

contra los ídolos de silicona,

el desierto que avanza,

los desfiladeros de cervices rendidas,

contra los ídolos de silicona,

el desierto que avanza,

los desfiladeros de cervices rendidas,

contra la niebla muda del vacío.

Es la hora de la racima.

Y el humo de los incendios resplandece en el cielo

y de los edificios continúan cayendo

cuerpos deshabitados

que estallan como burbujas

entre las grietas del asfalto.

Es la hora de la racima,

limpiadme vuestros deseos,

implora

bajo la lluvia de cenizas,

con la música corpórea de su flauta aún no

desesperada,

el joven huérfano del tutú y los herrajes,

aunque sabe,

irreparablemente sabe,

que ya no quedan recuerdos que limpiar ni

deseos que prestar.

 

 

 


En:  Totalitaria

 

Ediciones del 4 de agosto

 

 

(Fuente: Papeles de Pablo Müller)



 

Ezra Pound (EE.UU., 1885 – Venecia, 1972).

 

 

PORTRAIT D’UNE FEMME

 

Vuestra mente y Usted son nuestro mar del Sargasso,
Londres ha soplado sobre Usted esta veintena de años
Y barcos brillantes le han dejado esto o aquello en pago:
Ideas, viejas habladurías, sobrantes de todas layas,
Extraños mástiles del conocimiento y grises mercancías de valor.

Grandes hombres la han buscado -extrañando a otra.
Usted siempre ha sido segundona. ¿Trágico?
No. Usted lo prefirió a la cosa usual:
Un hombre apagado, aburrido y galante,
Una mente normal -con un pensamiento menos, cada año.
Oh, Usted ha sido paciente, la he visto sentada
Por horas, en donde algo debería haber flotado.
Y ahora Usted paga. Sí, ricamente paga.
Usted es una persona de algún interés, uno se acerca
Y se lleva extrañas semillas:
Trofeos rescatados, alguna curiosa sugerencia;
Hechos que no llevan a ninguna parte; un cuento o dos,
Preñadas de mandrágoras, o con alguna otra cosa
Que podría ser útil y sin embargo nunca lo es,
Que jamás encaja en un rincón o muestra utilidad,
O se encuentra su hora sobre el tejar de los días:
El trabajo deslustrado, cursi, maravilloso, viejo;
ídolos y ámbar gris y los raros embutidos,
Éstas son vuestras riquezas, vuestro gran depósito; y sin embargo,
Por todo este tesoro hundido en cosas momentáneas,
Excéntricas maderas casi empapadas y material nuevo y brillante:
En el lento flotador de luz diferente y profunda:
¡No! ¡No hay nada! Al fin y al cabo,
Nada es suficientemente vuestro.
Y sin embargo es Usted.

 

 

La traducción del poema es de Marcelo Covian

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(Fuente: Aire Nuestro)

Lucía Cornejo (México, 1990)

 

 

Shiitake

 



Otra vez estoy ahí, llevándome
una seta a la boca. El hombre a mi lado
come felizmente, ignora que la piel del shiitake
en mis papilas te trajo de vuelta. A ti
y a tu espalda contra la luz de mediodía,
guiándome hacia tu nuca, una parte
que no habría observado con detalle,
si no hubiera estado contigo un jueves,
sacando fideos de una bolsa.
Vuelvo al edificio chueco y frío,
a tu cocina sin platos y mosaicos
delineados de verde. Él no sabe
que dejaste reposar los hongos
en agua, que al probar el caldo
sentí el sabor a madera y algas marinas
que habías prometido. No sabe
de mi odio a su carne resistente,
al cuenco de fideos lacios
y sombreros de nadie a la deriva
en un edificio a miles de kilómetros de casa.
El hombre a mi lado pregunta,
cuándo fue la primera vez que los probaste.
Yo respondo, el shiitake es de China,
algunos se cultivan aquí, otros viajan,
los encuentras deshidratados. Colócalos
en agua muy caliente y déjalos
por una hora. No quiero que sepa
que yo conocí esos hongos contigo.
Tú eras para mí una seta misteriosa y desconocida
y eso era suficiente, en ese entonces,
recorrer de un sorbo una región llena de bruma,
que llegaran las aguas de otro Pacífico,
aunque sólo pudiera soportar un regusto
y permanecer ahí
con los ojos cerrados.
 
 
 

incluido en Novísimas. Reunión de poetas mexicanas (1989-1999) (Los libros del perro, México, 2020, ed. de Zel Cabrera).
 
 
 
(Fuente: Asamblea de palabras)

 

Nuno Júdice (Mexilhoeira Grande, 1949)

 

cinco poemas













Poética

 

Quiero que mi poema hable de barcos y de azul, hable
del mar y del cuerpo que lo busca, hable de pájaros y
del cielo en que habitan. Quiero un poema puro, limpio
de la basura de las cosas banales, de las contaminaciones de quien
sólo mira por tierra; un poema donde lo sublime nos toque,
y lo poético sea la palabra llena. Es esto poema
que escribo en la página blanca como la pared que
acabó de ser encalada, con sus imperfecciones
apagadas por la luz del día, y un reflejo del sol
a gritar por la vida. Y quiero que este poema descienda
a las cavas donde la miseria se acumula, a los bancos donde
duermen los que no tienen ni techo ni esperanza,
a las mesas sucias con los restos del alba, a los
rincones donde la mujer de la noche espera al último
cliente, a la desesperación de los que no saben por dónde
huir cuando la muerte golpea a la puerta. Y canto
la belleza que sobrevive a las frases comunes, a las
palabras ensuciadas por lo cotidiano de los mediocres,
a los versos descoloridos de quien nunca escuchó
el grito del ángel. Y digo esto para que quede, en el
poema, como la piedra tallada por un fuego divino.

~

Big Bang

 

Escribo en esta luz fluida lo que
el tiempo me deja ver: un eco de astros
en las bóvedas del infinito, con su
dibujo de sonido refinando los bordes
del silencio.
 
Y alguien me decía
que no era así: el espacio se arrastra
entre dioses sin servicio y
las inmensidades
vacías de una laguna
de galaxias.
 
Pero el astrónomo no gasta
su tiempo con la metafísica; y lo que sabe
sobre religión se limita a un registro de
nombres, entre
estrellas y planetas.
 
Entretanto, oye la música que viene
del estallido primordial, y atraviesa el universo
de una a otra punta. ¿Cuáles palabras se
perdieron en medio de los fragmentos de la eternidad,
tragada por el agujero negro del centro?
 
Es de noche, cuando no hay luna
ni nubes, que escribo en el cuaderno del cielo
la frase que me dictan las galaxias, como
si fuera un astrónomo, y oyera
el ruido de un motor que no se detiene.

~
 

En Lisboa

 

Entra en el Café y siéntate a la mesa que
aún no fue limpiada, como si no tuvieras
elección alguna. Aleja de ti el cenicero, la taza aún
tibia, el vaso de aguardiente bebido hasta la última
gota, y sacude tu pelo para que las sombras
que allí estaban se dispersen. Tus ojos
quedan presos del techo, donde una tira mata-
moscas se queda allí desde un verano pasado
hace tiempo. Manchas de humedad y humo,
yeso a la vista, componen el cuadro
abstracto en donde buscas un sentido para
lo que te falta. Tus manos titubean, sobre
las piernas, como si no hubieras decidido
qué hacer. ¿Pero si volvieras a salir, por
donde irías, ahora que ha bajado la tarde y ya no
se ve quién pasa detrás del escaparate? ¿Y
si te quedaras, quién podría llegar a esta hora
para no dejarte sólo contigo, a la mesa que
el camarero tarda en venir a limpiar? Sin saber
por qué, he tenido tu imagen, y hablo con ella
en este poema que conoce tu nombre, sin nunca
decirlo, como si le hubieras intimado el secreto.
 
~ 
 

Informe

 

Hago el inventario de los muebles en esta casa vacía,
con un cuaderno de escuela, lleno las rayas
con un dibujo minucioso de palabras:
un armario de almas, una mecedora,
una creencia de ecos, una mesa sin piernas,
un espejo de sombra, un rincón interrumpido
en la cesura del verso, un estante de imágenes.
 
Llevo esta lista al notario; y le pido que
borre los objetos inútiles para que el cuaderno
sirva de algo. Pero él me pide que
remplace las palabras con los objetos. Pues,
repongo el alma en el armario, balanceo el cuerpo sobre
la silla, grito en el abismo de la creencia, hago
caminar la mesa, me miro en el espejo del verso,
y saco del estante todas las imágenes.
 
“¿Pero qué casa es esta?”, me pregunta el
empleado. Le digo que los cuartos son
las estrofas, que los muros son hechos con
los ladrillos de los versos, que un yeso de rimas
llena los intersticios. Sólo no sé indicar
la calle, el número, el color de las paredes. Es una casa
que no existe, aunque sea mi casa.
 
Y la vacío de muebles, objetos, palabras,
hasta que sólo se queda la poesía que la construyó.

~ 
 

La materia de la poesía

 
                                      Para Salah Stétié
 

Hay una sustancia de las cosas que no
se pierde cuando las alas de la belleza
la tocan. La perdemos de vista, a veces,
entre los rincones de la vida; pero
ella nos sigue con su deseo
de permanencia, y viene a contaminarnos
con la infección divina de una fiebre de
eternidad. Los poetas trabajan
esta materia. Sus dedos extraen
el caso del interior de quien va
a su encuentro, y saben que lo improbable
se encuentra en el corazón del instante,
en el cruce de miradas que
la palabra de la poesía traduce. Leo
lo que escriben; y desde la llama
que sus versos alimenta se levanta
un humo que el cielo dispersa, entre
el azul, dejando apenas un
eco de lo que es esencial, y queda.

***

Versiones de Chiara de Luca
Vallejo & Co.

/

Poética

 

Quero que o meu poema fale de barcos e de azul, fale
do mar e do corpo que o procura, fale de pássaros e
do céu em que habitam. Quero um poema puro, limpo
do lixo das coisas banais, das contaminações de quem
só olha para o chão; um poema onde o sublime nos
toque, e o poético seja a palavra plena. É este poema
que escrevo na página branca como a parede que
acabou de ser caiada, com as suas imperfeições
apagadas pela luz do dia, e um reflexo de sol
a gritar pela vida. E quero que este poema desça
às caves onde a miséria se acumula, aos bancos onde
dormem os que não têm tecto nem esperança,
às mesas sujas dos restos da madrugada, às
esquinas onde a mulher da noite espera o último
cliente, ao desespero dos que não sabem para onde
fugir quando a morte lhes bate à porta. E canto
a beleza que sobrevive às frases comuns, às
palavras sujas pelo quotidiano dos medíocres,
aos versos deslavados de quem nunca ouviu
o grito do anjo. E digo isto para que fique, no
poema, como a pedra esculpida por um fogo divino.

~


Big Bang

 

Escrevo nesta luz fluente o que
o tempo me deixa ver: um eco de astros
nas abóbadas do infinito, com o seu
desenho de som limando as arestas
do silêncio.
 
E alguém me dizia
que não era assim: o espaço arrasta-se
por entre deuses sem préstimo e
as imensidões
vazias de uma lacuna
de galáxias.
 
Mas o astrónomo não perde
tempo com a metafísica; e o que sabe
de religião limita-se a um registo de
nomes, por entre estrelas
e planetas.
 
No entanto, ouve a música que vem
da primeira explosão, e atravessa o universo
de uma ponta à outra. Que palavra se
perdeu no meio de fragmentos de eternidade,
sugada pelo buraco negro do centro?
 
E à noite, quando não há lua
nem nuvens, escrevo no caderno do céu
a frase que as galáxias me ditam, como
se fosse um astrónomo, e ouvisse
o ruído de um  motor que não pára.

~
 

Em Lisboa



Entras no café e sentas-te na mesa que
ainda não foi limpa, como se não tivesses
escolha. Afastas de ti o cinzeiro, a chávena ainda
morna, o copo de bagaço bebido até à última
gota, e sacodes os cabelos para que as sombras
que ali estivessem se dissipem. Os teus olhos
ficam presos ao tecto, onde uma fita para
apanhar moscas ficou de um verão há muito
passado. Manchas de humidade e de fumo,
e gesso à vista, compõem o quadro
abstracto onde procuras um sentido para
o que te falta. As tuas mãos hesitam, sobre
as pernas, como se não tivesses decidido
o que fazer. Mas se voltasses a sair, para
onde irias, agora que a tarde caiu e já não
se vê quem passa, por trás da montra? E
se ficares, quem poderá chegar, a esta hora,
para não te deixar só contigo, nessa mesa que
o criado demora em vir limpar? Sem saber
porquê, guardei a tua imagem, e ando com ela
neste poema que sabe o teu nome, sem nunca
o dizer, como se lhe tivesses pedido segredo.
 
~ 
 

Relatório

 
Faço o inventário dos móveis nesta casa vazia,
com um caderno de escola, enchendo as linhas
com um desenho minucioso de palavras:
um armário de almas, uma cadeira de balouço,
um aparador de ecos, uma mesa sem pernas,
um espelho de sombra, um ângulo interrompido
na cesura do verso, uma estante de imagens.
 
Levo esta lista ao notário; e peço-lhe que
risque os objectos inúteis, para que o caderno
sirva para alguma coisa. Mas ele pede-me que
substitua as palavras pelos objectos. Então,
ponho a alma no armário, balouço o corpo na
cadeira, grito no abismo do aparador, faço
andar a mesa, olho-me no espelho do verso,
e tiro da estante todas as imagens.
 
«Que casa é esta?», pergunta-me o
empregado. Digo-lhe que as salas são
as estrofes, que os muros são feitos com
o tijolo dos versos, que um gesso de rimas
preenche os interstícios. Só não sei indicar
a rua, o número, a cor das paredes. É uma casa
que não existe, embora seja a minha casa.
 
E esvazio-a de móveis, de objectos, de palavras,
até ficar apenas com o poema que a construiu.
 
~ 
 
 

A matéria do poema

 

                                          Para Salah Stétié
 

Há uma substância das coisas que não
se perde quando as asas da beleza
lhe tocam. Perdemo-la de vista, às vezes,
por entre as esquinas da vida; mas
ela persegue-nos com o seu desejo
de permanência, e vem contaminar-nos
com a infecção divina de uma febre de
eternidade. Os poetas trabalham
esta matéria. Os seus dedos tiram
o acaso de dentro do que vem ao
seu encontro, e sabem que o improvável
se encontra no coração do instante,
num cruzamento de olhos que
a palavra do poema traduz. Leio
o que escrevem; e da chama que
os seus versos alimentam eleva-se
o fumo que o céu dispersa, por
entre o azul, deixando apenas um
eco do que é essencial, e fica.
 
***
 
(Fuente: La comparecencia infinita)

 

lunes, 1 de noviembre de 2021

Juan José Rodinás (Ecuador, 1979)

 

 

A María Fernanda,
por esa infancia que fue infinitamente nuestra.
 
 
Un guijarro es del cielo hasta que alguien lo habita.
Hasta que alguien cuenta una historia que nos exprese algo.
Así, el sol proyecta países de cilantro, de maíz, de cedrón amarillo
adentro de una cápsula donde reparamos la casa de los abuelos muertos.
No hubo tiempo para ordenar la vida.
No hubo tiempo para partir la casa en hogares para todos.
Días hubo, sí, donde las horas imitaban la duración de los minutos,
y los minutos, de los nanosegundos. Lo mucho es poco,
lo poco es nada, siempre. Fernanda, hermana,
jugábamos contigo a las constelaciones de dientes de león
y tréboles y una muñequita, roída, con carita de mono y un lazo en el cabello.
Una infancia que no pudimos recoger fue –para ambos- el mundo.
Tú corrías y yo, lento, me quedaba mirando el cielo.
Hoy todo, sin embargo, es un álbum de papelitos viejos y calabazas rojas.
Hoy el bosque tiene nombre de perro y figura de aguja.
Las fotos de los diarios me muestran una curva, un auto y un abismo.
Las fotos que hablan de días que ya no serán nuestros, que no compartiremos.
Imagino una luciérnaga que habla, suspendida sobre una flor auténtica:
ella trae tu historia en un idioma que ya no sé escuchar.

 

Roberto Juarroz (Buenos Aires, 1925 - 1995)

 

(para Jean Paul Neveu)



No tenemos un lenguaje para los finales,
para la caída del amor,
para los concentrados laberintos de la agonía,
para el amordazado escándalo
de los hundimientos irrevocables.
 
¿Cómo decirle a quien nos abandona
o a quien abandonamos
que agregar otra ausencia a la ausencia
es ahogar todos los nombres
y levantar un muro
alrededor de cada imagen. 
 
¿Cómo hacer señas a quien muere,
cuando todos los gestos se han secado,
las distancias se confunden en un caos imprevisto,
las proximidades se derrumban como pájaros enfermos
y el tallo del dolor
se quiebra como lanzadera
de un telar descompuesto. 
 
¿O cómo hablarse cada uno a sí mismo
cuando nada, cuando nadie ya habla,
cuando las estrellas y los rostros son secreciones neutras
de un mundo que ha perdido
su memoria de ser un mundo?
 
Quizá un lenguaje para los finales
exija la total abolición de los otros lenguajes,
la imperturbable síntesis
de las tierras arrasadas. 
 
O tal vez crear un habla de intersticios,
que reúna los mínimos espacios
entreverados entre el silencio y la palabra
y las ignotas partículas sin codicia
que sólo allí promulgan
la equivalencia última
del abandono y el encuentro.
 
 
 
 
(Fuente: Hugo Toscadaray)
 

 

Abbas Kiarostami (Teherán, Irán, 1940 - París, 2016)

 

 

TRES POEMAS

 
La luna brilla
sobre un camino estrecho
que no voy a tomar.
 
***
 
Mi camisa es una bandera de libertad
revoloteando en la cuerda de tender;
ligera y liberada
de la servidumbre del cuerpo.
 
***
 
Qué lástima
no he sido un buen anfitrión
para el primer copo de nieve
que se instaló en mi párpado.
 
 
 
_______________
en “A Wolf Lying in Wait: Selected Poems”, Sokhan Publishers, Teherán, 2005. Trad. del persa al inglés, Karim Emami y Michael Beard. Versiones del inglés, Jonio González. 
 
 

Moonlight
shining on a narrow path
that I won't take.
 
***
 
My shirt is a flag of freedom
fluttering on the clothesline;
light and liberated
from the body's bondage.
 
***
 
What a pity
I was not a good host
for the first snowflake
that settled on my eyelid.
 
 
 
(Fuente: Jonio González)