lunes, 1 de noviembre de 2021

Jacobo Fijman (Besarabia, 1898 - Buenos Aires, 1970)

 

 

 Yo soy el Cristo Rojo...
 
 
 
—¡Oh, un poeta! —exclaman y se acercan para observarme. Miro el cielo. El cielo está cada vez más azul, más alto, más lejano. Camino y camino.
 
Estoy cerca de Palermo. Es verdad que soy Beethoven y tengo que dirigir la Novena Sinfonía. Ya los músicos están reunidos. Visten de negro. Visten de negro, porque saben que es el color que más me gusta. Hay un gentío enorme. Ruido, mucho ruido. Los fulmino a todos con una mirada amenazadora, lanzando rayos, anatemas. No saben que soy Beethoven. Los músicos están preparados. Empiezo a dirigir a distancia. Ahora todos escuchan en un silencio religioso. Algo trágico, milagroso, presienten. Después de la Novena, pienso, sólo falta consumar la gran obra: la Revolución Social. Yo soy Beethoven; «Ayer» usaba trapo rojo; hoy soy el mismo. Soy el Cristo Rojo. Por fin termina la sinfonía. La multitud estalla en aplausos, delira. Se oye un trueno. La gente escapa. Alguien grita:
 
—¡Es dinamita!
 
Hay un desbande. Alguien me ha tirado una flor roja. Ese alguien me ha reconocido.
 
—Es la hora —pienso—. Yo soy el Cristo Rojo.
 
Los rayos se desdoblan en el espacio. Ya no hay estrellas. Ya no hay gente. Llueve.
 
 
 
Dos días, fragmento
 
 
 
(Fuente:  Basta de texto - Isaías Garde)

 

Héctor Berenguer (Argentina, 1948)

 

 

REPETICIONES

 
Vivimos en esa casa
estrecha e interminable
donde abrimos
los mismos cajones
para no decir adiós a nada .
 
Nos miramos
frente a frente
en las fotos amarillas
de quiénes éramos
entonces,
y qué ahora nos indican
el paso inevitable
de los años. 
 
Nos encontramos
con personas
visiblemente iguales.
 
Tan cínicas
cómo terribles,
aunque hayan envejecido.
( No tiene mucha importancia porqué igual,
nadie se reconoce )
 
Seguimos las costumbres
de ésos niños insaciables
que al final llegaron a ser
lo que quisieron.
 
( Tal vez todo sea
un simple problema
ontológico de la naturaleza )
 
Tiramos de la pollera
de la madre
con los mismos deseos insatisfechos
y esa creciente frustración
que se consigue,
teniendo
o no teniendo
nada en esta vida .
 
Mientras la política
y el mundo nos adulan
con mentiras y falsos consentimientos .
 
Andamos por nuevos caminos
para ser golpeados,
por viejas heridas .
 
Con ese aire de infancia muerta en la mirada
vamos llegando a la vejez .
 
¡ Te amamos tanto !
Nos dicen los amigos,
como si llegáramos a la meta .
 
Nos abrasan
igualmente más tarde
cuando todo se viste de luto .
 
¿ Quién se pregunta ahora
por aquél niño
que miraba la vida cómo una vidriera
con juguetes los
escaparates ?
 
Pero a mí no me crean,
yo no he vivido nada
solo he vivido en libros .
 
En toda vida
hay celebraciones,
botellas de champán
como heridas abiertas
en fiestas interminables . 
 
Nombres
que ya no pronunciaremos más,
como si haber amado
fuera parte de una lista negra .
 
¿ Recuerdas también
tus cumpleaños ? 
 
¡ Todo lo olvidas pobre corazón !
También descubrimos lágrimas ocultas
camino a la felicidad
de una familia unida .
 
Sacrificio ritual de pobres corazones .
 
Golpeamos copas
en brindis interminables
por la vida,
para avivar muertos insepultos y fantasmas del pasado .
 
Pero de noche
entramos
en playas incómodas,
donde solo hay incendios perdurables
y delirios
que nunca cesan .
 
Por la mañana
nos armamos de fuerza
y comenzamos el día
de las anónimas matanzas.
 
Sin ninguna piedad,
así cómo afeitarse
o lavarse la cara .
 
El sol nos encuentra a la sombra
del niño que fuimos .
 
Él ya se convirtió
en nosotros
y estamos de nuevo unidos
en los brazos de mami
o papi,
para poder seguir viviendo.
 
"Esto es un gran sueño amigos míos ".
Aunque ya nadie se siente estafado.
Pero a mí no me crean .
¡ Sigan participando !

Irma Verolín (Buenos Aires, 1953)

 

 

Negra máquina de coser

 

Máquina de coser negra.

Negra como la vida de mi abuela,

negra pero lustrosa.

La máquina y yo hemos sobrevivido

a mi  pobre abuela

que persistió

en su propio cuerpo

encumbrando los cien años.

Y aquí estamos

en la sorda lucha

de enhebrar y ser enhebradas.

Mi espalda traza una curva

bajo la lamparita

de luz amarillenta

que no me deja ver con claridad

el orificio de la aguja.

El color negro tampoco ayuda demasiado

a mejorar el entuerto

de que el hilo atraviese

de una buena vez

esa nada de aire y miedo.

Me gustaría ver

como un  hecho de magia

los dos trozos de tela unidos

bajo mis ojos

en el hueco enorme que se abre

sobre mi pecho.

Pedaleo con vigor

como si corriese una carrera

hacia el infinito

y por desgracia

el hilo se tensa

se corta

nada queda unido, vuelvo a mirar

y repito los gestos de mi abuela

uno por uno:

el linaje  de los genes me auxilia 

con una perfección

capaz de aterrar a cualquiera, repito

los gestos que pueden asegurarme

el mismo resultado

al mover palancas

al girar tuercas, pero no.

Tal vez la máquina está de duelo

y se resiste.

Mi abuela me vistió desde niña

con ropa surgida de esta máquina

y ahora,  nada. Miro las telas sueltas

sobre las sillas,

rectangulares

chatas

y ese color negro

lustroso y negro

que refleja mi sombra

cuando me doblo para enhebrar la aguja

una vez más.

 

 

(Fuente: Inmediaciones.org)

 

Héctor Giuliano (Piamonte, Italia, 1947)

 

 

Si escribo
"pulpa de genitales",
por eso del verdugo
y su apasionada vesanía,
Maeterlinck
hubiera vibrado
con un mar
de simbolismos
en destino sinuoso;
Rilke
resbalaría,
desgarrados pulmones,
lo que sube y desciende,
y la comunión
amorosa y la custodia
del yo en la boca de las cosas
y su despótica malherida,
y así.
La noche presagia
obsesiones,
bien y mal
extinguidas virtudes,
Protágoras en vilo,
más acá del sol
y su horizonte
azul negruzco. 
 
 

-Inédito-

 

Fani Papageorgiou (Atenas, Grecia, 1975)

 

SEÑALAR LO EVIDENTE

 
El cielo es de color azul debido a un proceso conocido como
dispersión de Rayleigh. Llega hasta nosotros mayor cantidad de luz azul
que de cualquier otro color del espectro.
 
La gente ve lo que siente reflejado en aquello que la rodea: en las casas
y los árboles y los postes y los cables de la luz y sobre todo en el cielo.
Casi todo ocurre en el lenguaje.
 
 
 
 
____________________
en “Cuando dijiste no, ¿querías decir nunca?”, Bartleby, Madrid, 2015. Trad. del griego de Luis Ingelmo.
 
 
 
(Fuente: Jonio González)

 

Luis García Morales (Venezuela, 1929 - 2015)

 

El espacio es un gran árbol invisible
 

El sol
mueve
al mundo
con una sola flor
 
La noche
pasea
el follaje de su árbol
carbonizado
alrededor del mundo
 
Entre el árbol
y la estrella
un río avanza
silencioso
iluminando
el curso impredecible
de un pájaro
 
 
 
(Fuente: Hugo Toscadaray)

 

Juan Ortiz

 

 

De noche, al despertarme
 

De noche,
al despertarme e ir por agua,
suelo sentir que la cocina queda más lejos.
Juro que doy más pasos de lo habitual,
muchos…
y no entiendo,
pero no enciendo la luz
por temor a ver lo que no debo.
De noche,
al despertar e ir al baño,
suelo sentir que el escusado queda más lejos.
Y sí,
por Dios que camino más de lo normal,
cuadras enteras, diría…
pero no enciendo la luz para entender el porqué,
porque no ver lo que no debo.
De noche,
al despertar e ir a la escuela,
extrañamente esta sí queda cerca,
aunque al entrar siempre está vacía.
Yo me siento en mi lugar,
hago como que escribo,
pero no enciendo la luz para no ver lo que no debo,
sino que espero
hasta que un extraño sueño me abraza
y el ciclo comienza de nuevo.
Sonará extraño,
pero a veces siento que Pedro va por agua a la cocina,
o se acerca al baño,
y si bien sé que no vuelve,
que está lejos,
en el cementerio al lado de la escuela,
algo dentro de mí lo percibe andando la casa de noche,
cuando duermo.
 
 
 
(Fuente: Bajo la sombra del tiempo)