lunes, 4 de mayo de 2020

Domingo de Ramos (Ica, Perú, 1960)



ESCRITO EN SOLEDAD
Porque nadie ha tomado en serio mi soledad
de animal acorralado por el fuego
mi obstinada permanencia en la vida
alfarero de las horas / del tiempo que pasa irremediablemente
sin pena y sin gloria en la esquina de mi barrio
con mis amigos y enemigos
con un sol y una luna persiguiéndome
como una maldita joroba
yo te digo
que esta noche me siento alejado de los hombres
diferente inexplicablemente
y tengo tantas ganas de estar solo
como un poste a medianoche
caminando en el silencio
de los arenales suaves como tapiz de grasa
pensativo
encerrado en mis propias imágenes
susurrando una canción
transpirando
bajo las sombras de los
edificios invertebrados
que se arquean como un laberinto de luz
Porque nadie ha traspasado esta piel que se escama con los años
con la cual ando y dormito por el mundo ausente
a los ojos de las bestias
que postergan / que aniquilan
la belleza del pan
la belleza de la lepra horadando las quijadas
mi propia belleza
que es una habitación desconocida
como aquellos que veo
rostros partidos
en una baraja de naipes
en un juego en el cual todos arrojan
más sombras sobre la luz
sobre el silencio
de un cuerpo que nunca muere
no estalla no estorba
el ritmo del universo
… Y EL ALMA ARAÑA
me interroga sobre el dolor
y la ausencia de estos cerros
Porque estos pensamientos brotan torpes como cerdos enjaulados
de deslizarse a una ilusión:
Hombre tumbado por la soledad
hombre errante / sin huella ante la historia
ante la especie
como las aguas que corroen las rocas en tierra ósea
donde se esparcen
donde desaparecen
sin honduras / sin cimiento…
(Fuente: El hombre aproximativo)

Julián Herbert (México, 1971)





Aníbal Superstar

 


Yo no sé cómo amar a un elefante.
Me da igual si lo dijo Daktari
Yvonne Elliman
P. T. Barnum


la mamá de Dumbo meciendo al cachorro a través de los barrotes de una cárcel con ruedas

Tito Livio en sus Décadas de la historia romana
wikipedia
cualquier otra siniestra criatura que hoy le informa a este mundo hacia dónde
sopla el nudo corredizo:
yo no sé cómo amar a un elefante.

He cambiado.
He cambiado un spot por una
quemadura.
La quemadura es el lenguaje con que juro, manos abiertas sobre el hielo.

La quemadura máquina de guerra,
huellas de paquidermo sobre la nieve de los Alpes.
Soy un guardián y dos cabezas.
Con la primera perdí dos guerras púnicas.
Con la segunda triunfé en la batalla de Cannas.
Sueño todas las noches con
mi hijo. Yace
sumergido en su madre; es
un gladius o un diente empollado
o una bolsa de transfusión.

Sueño que una serpiente de leche bronca y sombrero duerme debajo de mi studio couch.

Sueño estúpidos colibríes secuestrados por el ámbar tragaluz de una mansión en ruinas.

Sueño que un sacerdote encapuchado de gangsta lo besa y lo amaga empuñando una Uzi.

Sueño que juntos apedreamos a una adúltera llamada Escipión el Africano.

Mi hijo, rayo púrpura en la mano de Baal,
atraviesa la nieve
armado de su lanza y montando un elefante.

Yo lo espero en el quirófano: cuatro cambios
de ropa, toallas húmedas, una
mantilla blanca…

Y ahora el circo: grandes masas de carne machacada en Sagunto, Iliberis, Ruscinón.

Y ahora precipicios: las piernas de mi mujer abiertas a la masacre.

Y ahora –me indica lo que llaman
el destino (voz en off; locutor; una
antístrofa)–
el mensaje de nuestros patrocinadores:

Según algunos, habiendo reunido a los elefantes en la ribera del Ródano, irritado el más furioso de ellos con su conductor, le persiguió en el agua, por lo que el hombre huía a nado, de modo que arrastró dentro del cauce a todos; ahora bien, en cuanto cada uno de estos animales –que tanto temen al agua profunda– perdió pie, la misma corriente le llevó a la otra orilla.
(Tito Livio)

Turba de aminoácidos tu nombre,
Aníbal,
yerno de Asdrúbal, hijo
de Amílcar Barca.



(Fuente: El hombre aproximativo)

Clemencia Tariffa (Colombia, 1959 - 2009)




Intrusa

Me habita otra mujer.
Una extraña, una intrusa
que no alcanzo a entender.

Yo no puedo pedir
un aro de Saturno
para mi delgado puño
ni una cinta de agua
para amarrar tristezas.

En cambio,
sí puedo ofrecer
la excitante abertura
que centra mis labios



Calor

Después de correr las cortinas
no acepto la idea
de haber cerrado mis labios,
mucho menos
haberme enamorado.

Los huesos me reclaman:
¿Por qué respiré tanto fuego
por este militante del amor?

Pero con la misma fuerza
yo sé odiar
y tirar calladamente una flor
creando así el dilema necesario
entre el sol y la estrella.

…no sería honrado
amar de otra manera.



Misiva

Todos los soles han de ser iguales tanto en las cartas
como en las fábulas, ante todo, si quien escribe niebla en
un país de maravillas tempranas. Y tal vez un malecón de
algas conserve en mi cerebro verde como han vivido las
letras en las mismas cartas leídas, pues si en realidad
existe un dios, él más que nadie sabe que soy feliz de ser
lo que soy, que desde que empecé a hacer arte jamás
quise otra cosa diferente.

Por supuesto, me siento más húmeda que una manzana
rosada, después de leerte. Reconociendo ser más tímida,
pero no por eso he olvidado las cigarras, ni mucho menos
escribir poemas, por supuesto, cuando le escribo al poeta.


(Fuente: La traición del hombre topo)

Claes Andersson (Finlandia, 1937-2019)



La certeza de la catástrofe ecológica nos paraliza...

                                                                                            (Para Pentti Linkola


La certeza de la catástrofe ecológica nos paraliza
Reaccionamos de maneras diferentes, tú crees en Baader & Meinhof
A unos se les mete en la cabeza que ya nada significa nada
Otros piensan que ahora lo que importa es vivir de verdad mientras
quede algo de vida por vivir
Un olor como a ratas se introduce furtivamente en nuestras conversaciones
Nos procuramos biombos, no queremos saber nada de tus ideas:
de las guerras como algo necesario y deseable
de la solidaridad como lo más fatídico desde el punto de vista ecológico
Adam Smith y Keynes se van convirtiendo en dragones de nuestra infancia
La idea de que Malthus a pesar de todo tenía razón nos tortura, al menos a algunos de nosotros
Yo sólo he visto fotos de las selvas de Brasil y sus heridas
Sin embargo pienso en ellas como en los pulmones de mis hijos
Es sencillamente muy difícil renunciar al humanismo, que
tantos privilegios nuestros y de nuestros amigos legitimaba
Si todos alcanzan mi alto nivel de vida, dices, se acaba toda esperanza
Tú estás descontento con nuestros intentos de recortar, como decimos
Nos odias a nosotros que te tomamos en serio, haciéndonos por ejemplo vegetarianos
Vamos a cursos de ayuno, de meditación, al solario, masaje eléctrico, bodybuilding
Pongo una foto del «hombre más gordo del mundo» encima de la nevera
Lo peor es que el capitalismo y el socialismo tienen el mismo motor:
¡Más! ¡Más grande! ¡Más deprisa!
Se estaba mejor pues en 1848, incluso en 1871. La Fe la Esperanza y el Amor se sentían más
          firmes
Ya no nos preguntamos qué será de nosotros y de nuestros hijos
Simplemente nos preguntamos: ¿cuándo?
Somos la generación tres mil de seres humanos, dices
Sin embargo yo sólo tengo fuerzas para pensar en la tres mil uno
Los niños han pedido un vídeo como regalo de Navidad
En mi caso ahí está el límite, al menos este año

en Tillkortakommanden (1981), incluido en Poesía nórdica (Ediciones de la Torre, Madrid, 1999, ed. y trad. de Francisco J. Uriz).


(Fuente: Asamblea de palabras)

Thomas Stearn Eliot (EEUU, 1888 - Londres, 1965)




La canción de amor de J. Alfred Prufrock



Vamos entonces, vos y yo,
Cuando la noche se extiende contra el cielo
Como un paciente anestesiado sobre una mesa;
Vamos a través de ciertas calles medio desiertas,
Rumorosos asilos
De noches agitadas en hoteles baratos
Y restaurantes de piso de aserrín con cáscaras de ostras:
Calles que se extienden como un argumento tedioso
De insidiosa intención
Que te llevan a una pregunta agobiante…
Oh, no preguntes “¿de qué se trata?”
Vayamos y hagamos nuestra visita.
En el cuarto las mujeres vienen y van
Hablando de Miguel Ángel.
La niebla amarilla que frota su lomo contra los cristales de las ventanas,
El humo amarillo que frota su hocico en los cristales de las ventanas,
Lamió los rincones de la noche,
Se demoró sobre los charcos de los desagües,
Dejó que cayera sobre su espalda el hollín de las chimeneas,
Se deslizó por la terraza, dio un salto repentino y,
Viendo que era una suave noche de octubre,
Se enroscó alrededor de la casa y se quedó dormido.
Y es verdad que habrá tiempo
Para el humo amarillo que se arrastra por la calle,
Frotando su lomo contra las ventanas;
Habrá tiempo, habrá tiempo
Para componer un rostro que se encuentre con los rostros con los que te encuentres;
Habrá tiempo para asesinar y para crear,
Tiempo para todos los trabajos de los días y de las manos
Que alzan y dejan caer una pregunta en tu plato;
Tiempo para vos y tiempo para mí,
Y tiempo, además, para cientos de indecisiones,
Y para cientos de visiones y de revisiones,
Antes de tomar la tostada y el té.
En el cuarto, las mujeres vienen y van
Hablando de Miguel Ángel.
Ciertamente habrá tiempo
Para preguntar: “¿me atrevo? y ¿me atrevo?”
Tiempo de volver y bajar la escalera,
Con mi círculo de calvicie en medio del pelo –
(Van a decir: ¡”Cómo se le está cayendo el pelo”!)
Mi abrigo matinal, el cuello de mi camisa apretado al mentón,
Mi corbata, fina y modesta pero sujeta con un simple alfiler –
(Van a decir: “¡Qué delgados sus brazos y sus piernas!”)
¿Me atrevo a
Perturbar el universo?
En un minuto hay tiempo
Para decisiones y revisiones que en un minuto serán revocadas.
Porque ya las conozco a todas, a todas las conozco:
Conocí los las noches, las mañanas, las tardes,
Medí mi vida con cucharas de café;
Conozco las voces que agonizan cuando baja la muerte
Solapada en la música de una habitación distante.
¿De qué voy a jactarme?
Y ya conozco los ojos, los conozco a todos –
Los ojos que te clavan en una frase hecha,
Y, una vez formulado, clavado con un alfiler,
Una vez clavado y retorciéndome en la pared,
¿Cómo podría empezar a escupir los residuos de mis días y costumbres?
¿Cómo podría jactarme?
Y ya conozco todos los brazos, los conozco a todos-
Blancos brazos desnudos, con pulseras,
(Aunque a la luz de la lámpara cubiertos con un vello rubio).
¿Es el perfume de un vestido
Lo que me hace desviarme del tema?
Brazos extendidos sobre la mesa, o envueltos en un chal.
¿Debo jactarme entonces?
¿Y cómo debo empezar?
¿Diré que anduve, en la oscuridad, por los callejones
Y contemplé el humo que salía de las pipas
De los solitarios en mangas de camisa, asomados a las ventanas?…
Yo debería haber sido un par de pinzas oxidadas,
Dragando los fondos de mares silenciosos.
¡Y la tarde, el anochecer, durmiendo tan apaciblemente!
Alisado por largos dedos.
Dormido… cansado… o fingiéndose enfermo,
Tendido en el piso, acá, entre vos y yo.
¿Tendré, después del té, los pasteles y los helados,
La fuerza para llevar el momento hasta su crisis?
Pero aunque lloré y ayuné, aunque lloré y recé,
Aunque vi mi cabeza (ya ligeramente calva) traída en una bandeja,
No soy un profeta -y eso es lo de menos-
Vi vacilar el momento de mi grandeza,
Vi al eterno lacayo tomar mi abrigo entre risitas
Y, en suma, tuve miedo.
¿Hubiera valido la pena, después de todo,
Después de las tazas, de la mermelada, del té,
Entre la porcelana, en medio de nuestra charla,
Haberle hincado el diente al asunto con una sonrisa,
Haber comprimido el universo en una bola,
Y arrojarla contra alguna pregunta agobiante,
Para decir: “Soy Lázaro, vengo de la muerte,
Vuelvo para contártelo todo, debo contártelo todo”-
Si ella, acomodando la almohada bajo su cabeza,
Dijera: “Eso no es lo que quise decir, en absoluto;
No es eso, en absoluto.”?
¿Y hubiera valido la pena, después de todo,
Hubiera valido la pena,
Después de los ocasos, de los patios, de las calles regadas,
Después de las novelas, después de las tazas de té, después de las faldas que se Arrastran por el piso-
Después de esto, y tanto más?
¡Es imposible decir exactamente lo que quiero decir!
Pero, como si una linterna mágica proyectara la estructura de los nervios sobre una Pantalla:
¿Hubiera valido la pena
Si alguien, acomodando un almohadón o arrojando un chal
Y, volviéndose hacia la ventana, dijera:
“No es eso, en absoluto,
Eso no es lo que quiero decir, en absoluto”?
¡No! No soy el príncipe Hamlet, ni estaba destinado a serlo;
Soy un cortesano, alguien que hace progresar
La acción, que inicia una o dos escenas,
Que aconseja al príncipe; sin duda un instrumento sencillo,
Deferente, satisfecho de ser utilizado,
Político, cauto y meticuloso;
Lleno de grandes frases, aunque un tanto obtuso;
A veces, incluso, casi ridículo-
Casi, a veces, el bufón.
Envejezco… envejezco…
Debería llevar enrollado el ruedo de mis pantalones.
¿Debería peinarme para atrás? ¿Me animo a comer un durazno?
Debería usar pantalones de franela blanca y caminar por la playa.
Escuché a las sirenas cantándose entre ellas.
No creo que canten para mí.
Las vi cabalgando sobre las olas, mar adentro,
Peinando el pelo blanco de las olas hacia atrás,
Cuando el viento sopla sobre el agua blanca y negra.
Nos demoramos en los aposentos del mar,
Con las chicas marinas coronadas de algas rojas y marrones,
Hasta que las voces humanas nos despiertan y nos hundimos
      Versión: Isaías Garde

domingo, 3 de mayo de 2020

Edgar Lee Master (EEUU, 1868 - 1950)



Benjamin Pantier

 
Juntos en esta tumba yacen Benjamin Pantier, doctor en leyes,
Y Nig, su perro, compañero constante, solaz y amigo.
Por el sendero gris, amigos, niños, hombres y mujeres,
Uno a uno, yéndose de la vida, me dejaron solo
Con Nig como socio, compañero de lecho, camarada de tragos.
En la mañana de la vida conocí la ambición y vi la gloria.
Entonces ella, la que me sobrevive, capturó mi alma
En una trampa que me desangró hasta la muerte,
Y así yo, alguna vez de firme voluntad, quedé quebrado, indiferente,
Viviendo con Nig en el cuarto de atrás de una oficina lúgubre.
Bajo mi mentón se acurruca el hocico huesudo de Nig-
Nuestra historia se pierde en el silencio. ¡Fuera, mundo loco!




La señora Pantier


Ya sé que él decía que yo había atrapado su alma
En una trampa que lo desangró hasta la muerte.
Y que todos los hombres lo querían,
Y que muchas mujeres se apenaron por él.
Pero supongamos que eres una verdadera dama, y tienes gustos delicados,
Y detestas el olor a whisky y a cebolla.
Y que el ritmo de la Oda de Wordworth circula en tus oídos,
Mientras él, de la mañana hasta la noche,
Se la pasa repitiendo fragmentos de cosas vulgares:
“Oh, ¿de qué ha de enorgullecerse el espíritu mortal?”
Y también supongamos:
Eres una mujer bien dotada,
Y el único hombre con el que la ley y la moralidad
Te permiten tener relaciones
Es justamente aquel que te llena de desagrado
Cada vez que piensas en eso -Y piensas en eso
Cada vez que lo ves.
Por eso es que lo eché de casa,
Para que viva con su perro en ese cuarto sórdido
Detrás de su oficina.


              Versión Isaías Garde



Benjamin Pantier


TOGETHER in this grave lie Benjamin Pantier, attorney at law,
And Nig, his dog, constant companion, solace and friend.
Down the gray road, friends, children, men and women,
Passing one by one out of life, left me till I was alone
With Nig for partner, bed-fellow; comrade in drink.
In the morning of life I knew aspiration and saw glory,
The she, who survives me, snared my soul
With a snare which bled me to death,
Till I, once strong of will, lay broken, indifferent,
Living with Nig in a room back of a dingy office.
Under my Jaw-bone is snuggled the bony nose of Nig
Our story is lost in silence. Go by, Mad world!




Mrs. Benjamin Pantier


I know that he told that I snared his soul
With a snare which bled him to death.
And all the men loved him,
And most of the women pitied him.
But suppose you are really a lady, and have delicate tastes,
And loathe the smell of whiskey and onions,

And the rhythm of Wordsworth’s “Ode” runs in your ears,
While he goes about from morning till night
Repeating bits of that common thing;
“Oh, why should the spirit of mortal be proud?”
And then, suppose;
You are a woman well endowed,
And the only man with whom the law and morality
Permit you to have the marital relation
Is the very man that fills you with disgust
Every time you think of it while you think of it
Every time you see him?
That’s why I drove him away from home
To live with his dog in a dingy room
Back of his office.



(Fuente: Biblioteca Ignoria)

Juan Gelman Buenos Aires, 1930 - México, 2014)



PROPOSICIONES

 
(Homenaje de Juan Gelman a Alejandra Pizarnik)
¿adónde fue la obrera enamorada?
¿fue al aire la obrera enamorada?
la obrera de la palabra murió
¿por qué caminito se fue?
¿se fue por el camino que los días oscuros tejen
como hormigas desesperadas iguales?
¿como vaivén de pases ciegos en un cuarto?
¿tendría la obrera poca luz?
¿y quién le quito la luz a la obrera la constante?
¿quién le fue apagando uno a uno los rostros
de la palabra enterrándolos muertos?
¿quién le cegó la luz de la palabra?
¿la obrera se fue porque ya no podía trabajar?
¿el aire estaba sordo mudo roto y ella
apenas tenía su confianza en la palabra confianza?
yo digo: mejor no llorar
mejor hacer otro mundo
yo digo: mejor hacer otro mundo
mejor hagamos un mundo para Alejandra
mejor hagamos un mundo para que Alejandra se quede
oh eternidades débiles perdidas para siempre
y vacas tristes entre la duda y la verdad
y sedas y delicias de la sombra
mejor hagamos un mundo para que Alejandra se quede