domingo, 3 de mayo de 2020

Valentin-Yves Mudimbe (República Democrática del Congo, 1941)


Tus ojos serenos 

 

Tus ojos serenos de tanto cansancio,
dos hormigas sorprendidas por la tormenta,
la risa de un niño,
una caída a lo largo de infinitas terrazas,
el centelleo de viejos mosaicos
al negro calor de calvarios del trópico.

La claridad es en ellos un goce afectuoso
sobre el fondo de una manada de exvotos;
las estrellas abolidas
a lo largo de las avenidas de escayola;
y sobre tus dedos color de burlete,
tus ojos son mínimos círculos de parada y descanso.

Tus ojos, en fin, son como tréboles blancos,
estremecidas emboscadas
en el derrumbe de los grandes órganos;
la miel se desliza sobre su sombra,
empalizada de huellas en sangre
de tus ojos tan serenos de cansancio.
 
 

en Entrailles (1973), incluido en Poesía negra. Antología de poesía africana francófona contemporánea (Colegio Oficial de Aparejadores y Arquitectos de la Región de Murcia, 2007, selec. y trad. de A.Salom).
 
 
(Fuente: Asamblea de palabras)

Jean Richepin, (Argelia, 1849 - París, 1926)




Amores locos

¡Amantes, estréchense con un abrazo feroz!
¡Apriétense los pechos hasta estrujárselos!
Como una pareja atada con serpientes etíopes,
¡péguense piel contra piel! ¡Muérdanse boca con boca!

¡Intenten comerse el corazón! Toca que toca.
¡Que sus sacudidas de amor sean tañidos de alarma!
¡Que sus ojos, ardientes de deseos asesinos,
hagan del hueco de su lecho un caliente crisol!

¡Amantes, échense a perder el uno al otro! ¡Mezclen
sus miradas perdidas, su pelo enmarañado,
su saliva, sus llantos, sus sudores! ¡Imposible!

¿Quieren, de dos seres, hacer un solo yo?
Ustedes quieren atravesarse sin encontrar el blanco.
Ustedes se consumirán sin fundirse… ¿Y qué?





               
      Traducción María Renata Segura




(Fuente: Caína bella)

sábado, 2 de mayo de 2020

Jaime García Terrés (México, 1924 - 1996)



La bruja


La bruja, le decían,
porque soñaba fuego solitario
en cada uno de los rumbos
de su cuerpo. Iba

caminando en silencio
hasta llegar al páramo.

Y de pronto sentía que sus manos
ardían como soles. Un alud
florecido quemaba la llanura.

Y "la bruja, la bruja",
gritaban los niños.
A la orilla del aire lloraba
lágrimas solas
y candentes. Todas
las tardes en el mismo sitio.

Llena de luz. La boca henchida
de mansas oraciones mudas.

Y a la orilla
del aire, todavía,
llueve lumbre cuando reverdece
su memoria perdida;
y "la bruja", murmuran
las voces de los niños.

Cees Nooteboom (La Haya, 1933)


Cebo

La poesía nunca puede hablar de mí,
ni yo de la poesía.
Yo estoy solo, el poema está solo,
y el resto es de los gusanos.
Me detuve en las calles donde viven las palabras,
libros, cartas, informes,
y esperé.
Siempre supe esperar.
Las palabras, con sus formas claras u oscuras,
me volvieron más oscuro o más claro.
Los poemas me alcanzaron
y se reconocieron como objetos.
Yo pude verlo y verme.
No tiene fin esta adicción.
Escuadrones de poemas están buscando sus poetas.
Vagan sin mando por el amplio
territorio de las palabras
y aguardan el cebo de su perfecta,
hermética, condensada, acabada
e irreductible
forma.








Figura

La flor del hibisco es flor de un día,
estrella de fugaz fuego que contradice
jardín y cielo, y el hombre dentro un cuerpo
que se defiende, como toda flor.

Lo que él no sabe: cuán cierto es todo esto.
¿Es real esta figura que en el último
brillo de las estrellas se sienta afuera,
no ve la flor, se abrasa
a la luz fría, y al alba temporal
recoge flores de un suelo negro
rehuyendo la violencia
de la luz del sol?

El ansia de duelo que se abre paso en él
recuerda a un amigo, una amistad
que pierde su medida
entre tanto quebranto.

¿Qué es lo que hay allí, un hombre o un poema?

El cartero con su camisa amarilla llega hasta la verja
en bicicleta, cuenta el mundo, entrega su carta
a un ser viviente, no sabe de duelo o alma.
Ve las flores rojas del suelo,
dice ‘va a hacer calor hoy’,
desaparece luego en la luz

y en este poema.






La luz por todas partes. Antología, Visor, Madrid, 2012
Trad. de Fernando García de la Banda
Envío de Jonio González

Mirta Rosenberg (Rosario, 1951 - Bs. Aires, 2019)


La rama de cerezo ornamental





en su vaso de vidrio verde, pasa a llamarse Jaime
en cuanto traspone la puerta de mi casa.
Jaime me recuerda eso que se pierde

y se quiere celebrar brindando por la vida.
Aun desnuda, enjuta y nervuda,
nerviosa, la rama de cerezo exuda

esa cosa de perenne capullo
que evoca el manto real. Y de hecho es suyo.
El rey no está desnudo, tan sólo lo parece

por pura terquedad. Esa rama despojada
y flaca aloja todas sus flaquezas,
que le permiten alardes y generosidad.

Dará un capullo más, su forma de amistad,
hasta que la reemplace otra rama de cerezo ornamental,
con apariencia más joven y casi igual,

que pasa a llamarse Jaime en cuanto traspone
la puerta de mi casa, se zambulle en el vaso
de vidrio verde y me recuerda eso que se pierde.





"El paisaje interior" (2012), El arte de perder y otros poemas, Editorial Pre-Textos, Valencia, 2015

(Fuente: Otra iglesia es imposible)

Eavan Boland (Dublin, Irlanda, 1944 - 2020)




Y alma




Mi madre murió un verano—
el más húmedo según los registros del estado.
Las cosechas se podrían en el oeste.
Los manteles a cuadros se disolvían en los jardines traseros.
Las reposeras vacías acumulaban agua de lluvia.
Mientras iba hacia ella
a través del tránsito, a través de las lilas que goteaban turbias
detrás de las casas
y en las veredas,  para brindarle
el último homenaje de una hija, pensé en algo
que recordé
haber oído una vez, que el cuerpo es, o
dicen que es, casi todo
agua y mientras giraba hacia el sur, que la nuestra es
una ciudad de eso,
una en la que
cada día los elementos comienzan
un viaje hacia otro que jamás,
debido al clima,
falla—
            el océano visible en los bordes que lo delimitan,
color de nube alcanzando el aire,
con el Liffey almacenando uno y emplazando al otro,
la sal recibiendo en el North Wall la falta de aquello y,
como si esto no fuera suficiente, todo ello
terminando casi todas las tardes
en nuestro discurso—
costa   canal océano río corriente y ahora
madre y seguí manejando y aunque
la mente no es confiable cuando sufre, en
el próximo aguacero casi parecías
que podían ser las sombras uno del otro,
el modo en que el cuerpo es
de cada uno de ellos y ahora
ellos estaban otra vez en marcha— niebla en neblina,
neblina en bruma de mar y ambas en el esmalte aceitoso
que reposa en las barandas de
la casa donde ella se moría
a medida que yo entraba.

                                                           
Eavan Boland, Dublin, 1944
de Domestic Violence, W.W. Norton & Company, Inc., 2007
versión © Silvia Camerotto



And Soul




My mother died one summer—
the wettest in the records of the state.
Crops rotted in the west.
Checked tablecloths dissolved in back gardens.
Empty deck chairs collected rain.
As I took my way to her
through traffic, through lilacs dripping blackly
behind houses
and on curbsides, to pay her
the last tribute of a daughter, I thought of something
I remembered
I heard once, that the body is, or is
said to be, almost all
water and as I turned southward, that ours is
a city of it,
one in which
every single day the elements begin
a journey towards each other that will never,
given our weather,
fail—
       the ocean visible in the edges cut by it,
cloud color reaching into air,
the Liffey storing one and summoning the other,
salt greeting the lack of it at the North Wall and,
as if that wasn't enough, all of it
ending up almost every evening
inside our speech—
coast canal ocean river stream and now
mother and I drove on and although
the mind is unreliable in grief, at
the next cloudburst it almost seemed
they could be shades of each other,
the way the body is
of every one of them and now
they were on the move again—fog into mist,
mist into sea spray and both into the oily glaze
that lay on the railings of
the house she was dying in
as I went inside.



(Fuente: El poeta ocasional)

Allen Ginsberg (EEUU, 1926 - 1997)


Escrito en mis sueños por W.C.Williams



Como lo que estás
sosteniendo

es una verdad
común

comúnmente conocida
como deso

no es necesario
vestirla

de
belleza

no es necesario
distorsionar

lo que no es
normal

para
que se entienda

prepara
tu nariz

tus ojos tus oídos
tu lengua

tu sexo
y tu cerebro

para mostrarlos
a la gente

aprovecha tus
oportunidades

usa tu
precisión

escúchate a
tí mismo

háblate a
tí mismo

y los otros
también lo harán

felizmente
relevados

de la carga-
de sus propios

pensamientos
y penas.

Lo que empezó
como deseo

terminará
en algo más sabio


           Versión Isaías Garde



Written in my Dreams by W. C. Williams


“As Is
you’re bearing

a common
Truth

Commonly known
as desire

No need
to dress

it up
as beauty

No need
to distort

what’s not
standard

to be
understandable.

Pick your
nose

eyes ears
tongue

sex and
brain

to show
the populace

Take your
chances

on
your accuracy

Listen to
yourself

talk to
yourself

and others
will also

gladly
relieved

of the burden—
their own

thought
and grief.

What began
as desire

will end
wiser”



(Fuente: Biblioteca Ignoria)