OBSERVACIÓN Y ANÁLISIS
En un poema, encuentro partículas de diversa
índole. Algunas provienen de antiguas exaltaciones
en medio de palabras que perdieron su fulgor;
otras conservan el brillo de un instante
primordial, aquel en que se formó el universo
del ser: ellas son las que captan la atención de quien,
durante la lectura, percibe la verdad
que se asoma entre los versos. Así,
cuando analizo la forma de ese poema que oí,
hago a un lado la técnica y la destreza con las que
fue escrito y trato, sobre todo, de fijar
ese cuerpo que lo inspiró, el rostro de la amada,
la voz que transformó lo que podría haber sido
un encuentro casual en algo que permanece
en cada sílaba, como si pudiéramos tocar
de ese modo la sustancia del amor. En realidad,
lo que vemos aquí es algo tan simple como
la alquimia que convierte en oro el plomo,
alejando de la mirada las partículas de lo efímero
para que se revele, en el tubo de ensayo del poema,
la esencia de un sentimiento que parece eterno.
(traducción: Blanca Luz Pulido)
LA FUENTE DE LAS IMÁGENES
Cuando el poeta habla de “agua clara”; cuando
se refiere al trino de los pájaros que recuerda
un murmullo de amantes; cuando oye el viento
y en él todos los recuerdos del mundo ¿de
qué habla? Las cosas más personales no
pueden decirse; ni ese cuerpo, que él guarda
en un rincón de sí mismo, pertenece al
poema en el que va a buscar su belleza
y sin la cual no habría existido. La mujer
amada, con su signo de luz y su
llave de sueño, se viste de todas las imágenes
que el verso envuelve como un nudo; pero
es su ausencia la que colma el poema,
en los días que nos separan, hasta
ese encuentro en que nos vaciamos
de añoranzas, nos deshacemos de palabras,
y sólo la música del amor se oye, en el silencio
de la casa, hasta lo más profundo de la noche.
(traducción: Lauren Mendinueta)
COSAS
Aristóteles nunca tomó café.
Platón nunca comió feijoada a la brasilera.
Alejandro nunca ordenó cuscús en Alejandría.
Cleopatra nunca vistió Dior.
Cesar nunca usó un Rolex de oro.
Brutus nunca disparó un revolver.
San Agustín nunca tomó lexotanil.
Carlo Magno nunca leyó a Freud.
Marco Polo nunca tomo un avión.
Lorenzo de Médicis nunca condujo un Ferrari.
Erasmo nunca simpatizó con Choucroute.
Lutero nunca hizo yoga.
Yo tampoco.
(traducción: Nidia Hernández)
(Fuente: Daniel Freidemberg)
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