
JUEGO DE DIOS, SEGUNDA PARTE
JUEGO DE DIOS, SEGUNDA PARTE
Basta.
Este mundo benigno comienza a empalagarme.
se haga el apocalipsis y retorne
esta pequeña piedra a su principio.
De nuevo soplaré mi canuto del tedio
y volveréis a ser mis criaturas,
mas no seréis eternas esta vez,
seréis tan sólo efímeras burbujas,
caducos circos ciegos
de emociones ocultas que desentrañaré
con mi poder ubicuo.
A vosotros, los hombres, os concedo el papel protagonista
pero, a cambio, tendréis que deleitar mi bostezo infinito
con vuestra levedad desesperada, patética, dramática, hilarante.
¡Pobres simios sedientos de mirar, cuando ascendáis al árbol
de la muda existencia!
¡Pobres, cuando bajéis a las palabras y recorráis la senda
de las cifras!
¡Pobres, porque con ellas tenderéis al infinito cero
de la nada perpetua!
Tras el lento progreso de la carne, cabrán guerras y versos
en los ojos desnudos y en las máscaras.
Cabrán la obra y la ruina.
Cabrá en la ruina el germen de un comienzo y, en la obra,
prólogos ilusorios de esperanza,
capítulos de exceso y epílogos de hambre.
Cabrá sangre vertida.
Cabrán besos que midan los consuelos.
Cabrán, fuera y adentro de los parvos cerebros,
deliciosas codicias, traiciones excitantes,
sórdidos escarmientos para el más inocente...
Me ha de importar un bledo qué nombre me pongáis,
pues, sea este el que sea,
lloraréis para mí cuanto me plazca
o arrojaréis demonios por barrancos de risas,
según mi humor voluble ordene y mande.
Y si, por un azar, lográis el acomodo
y éste os vuelve insensibles al dolor semejante,
al amor diferente o al odio igualitario;
si optáis por la pasiva servidumbre y los opios audaces
que diseñe la ciencia de la estirpe imperante,
seréis entonces pasto de vuestro propio tiempo,
hierba común del ansia,
y os habrán de rumiar las muelas grises
de los días que os fluyan en las frentes.
Nunca sabréis de mí.
No busquéis mi presencia en las noches heridas
ni en la vela encendida de una ausencia,
pues serán otros dioses los que fabularéis,
egos de permanencia tras el polvo
que harán que desdeñéis el carpe diem
y que os atéis los besos igual que los zapatos,
sin pensaros errantes.
Seréis causa y también consecuencia,
asesinos y amantes de los íntimos sueños,
efímeras burbujas que revienten
a ras de mi universo.
Una por una,
vuestras muertes serán lluvia fina en mi lecho,
mi cosquilla divina, mi placer predilecto,
y el final absoluto será la recompensa que os otorgo,
no intervendré esta vez, lo juro:
sea el apocalipsis vuestro libre albedrío.
Todo sea.
Recomience ya el mundo.
Ilustración Freepik
(Fuente: Facebook)
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