La casa del tiempo perdido
Golpée a la puerta del tiempo perdido, nadie me atendió. Golpée una segunda vez, y otra vez, y otra vez. No hubo respuesta. La casa del tiempo perdido está cubierta de hiedra por la mitad; la otra mitad son cenizas. Casa donde no vive nadie, y yo golpeando y llamando por el dolor de llamar y no ser escuchado. Simplemente golpear. El eco me devuelve mis ansias de entreabrir esos palacios helados. La noche y el día se confunden en la espera, en golpear y golpear. El tiempo perdido ciertamente no existe. Es un caserón vacío y condenado.
Traducción de Ezequiel Zaidenwerg
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