La niña
Quien hoy te vea, ve una primavera,
un extraño arbolito,
que no da flores sino frutos.
Un día te cortaban el cabello:
entre el verdugo estabas y mamá,
estabas toda rígida y proterva,
como un áspero chico bajo el látigo,
roja la cara de vergüenza y rabia,
casi empañado el brillo de tus ojos;
y creo que temblaban tus rodillas
de la tristeza que sentías.
Y luego, con qué orgullo recogías
el tesoro perdido,
aquel bien tuyo, espléndido, caído,
tu larga cabellera.
Yo te acerqué un espejo. Entre la oscura
melena, la belleza de tu rostro
resaltaba como un redondo fruto.
[Versión de Pablo Anadón
Córdoba, 01-X-20]
*
La fanciulla
Chi vede te vede una primavera,
uno strano arboscello, che non reca
fiori, ma frutta.
Un giorno ti tagliavano i capelli.
Stavi, fra il tuo carnefice e la mamma,
stavi ritta e proterva;
quasi un aspro garzon sotto la verga,
a cui le guance ira e vergogna infiamma,
luccicavano appena i tuoi grandi occhi;
e credo ti tremassero i ginocchi
dalla pena che avevi.
Poi con quale fierezza raccoglievi
quel tesoro perduto,
quel magnifico tuo bene caduto,
i tuoi lunghi capelli.
Io ti porsi uno specchio. Entro la bruna
chioma vi tondeggiava il tuo bel volto
come un polposo frutto.
[De “Trieste e una donna”,
Canzoniere, Einaudi, Torino, 1961]
(Fuente: El trabajo de las horas)
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