sábado, 3 de octubre de 2020

Michael Ondaatje (Sri Lanka, 1943) Vive en Canadá

 

 

 NACIMIENTO DEL SONIDO


 A la noche la parte más privada del largo cuerpo de un perro
                                                                                    [gime.
 Acompaña a su ultimo estiramiento
 en el oscuro corredor fuera de nuestro cuarto.
 Los chicos se duermen.
 Una ventana trata de quebrarse con el frío
 el otro perro rasca la alfombra buscando piojos.

 Estamos solos.

 

 

 


 NOCHE DE CAMPO


 La luz del baño arde sobre el espejo

 En la negrura de la casa
 las camas gimen del agotamiento del día
 sostienen los cansados hombros magullados
 y piernas tajeadas la inesperada
 erección de las 3 a.m. El sueño de alguien
 involucra una sierra el sueño de
 alguien involucra una mujer.
 Todos hemos soñado con encontrar al perro perdido.

 La última luz de arriba
 arroja un dibujo circular
 a través del conducto de ventilación de hierro decorado
 para convertirse en una luna de la sala de estar.

 El sofá llama al perro, el gato
 en perfecta negrura camina sobre la cocina.
 En el cuarto de luz permanente
 las cucarachas marchan sobre esmalte.
 La araña con muslos de joyas coloreadas la polilla marrón
 con franjas corporales
           ascienden cañerías
 y se miran en los espejos.

 Toda la noche la verdad sucede.

 


 [LA GEOGRAFÍA DE ESTE CUARTO]


 La geografía de este cuarto   que conozco tan bien
 esta noche   podría levantarme en la oscuridad
 sentarme a la mesa     y escribir sin luz.
 Estoy acá en el país de las lluvias cálidas.
 Una pequeña cabaña -un balde de vidrio,
 madera, lata en la Orilla del Pacífico-

                    Los gecos trepan
 por la ventana para espiar adentro,
 y todo el día las repetidas olas azul pálido
 tocan la negra orilla de piedra volcánica

 y caen hechas pedazos aquí

 


 EL PALACIO


 7 a.m.      La hora de la luz roja del día

 Camino a través de los terrenos del palacio
 despertando a los centinelas
                        bufandas
 alrededor de sus cuellos y bocas
 filtran aliento niebla
 Los gibones dan vueltas
 a veinte pies de altura
 a través de los arcos de las torrecillas
 y sobre el borde
 del parapeto marrón
 estoy solo
             inclinándome
             en aire que vuela

 Antiguos gritos de un rey
 que soltó su pajarera
 como una ola a la ciudad de allá abajo
 celebrando el día de su nacimiento
 y ellos cuando alimentados
 regresarían a su mano
 como la paga del grano

 Sobre todo el Rajastán
 los palacios mueren jóvenes
                a esta altura
                un viento rojo
 mi camisa y sweater fríos

 De la blanca ciudad de allá abajo
 un hermoso lamento
 de la voz de una mujer se alza
 300 transistores de las calles
 tocando simultáneamente
 la única estación de radio de Udaipur

 



 

(Fuente: Idiomas olvidados blog)


 

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