martes, 13 de octubre de 2020

María Nieto (España)

 

 

FUMAR MATA.

 

FUMAR MATA.

Está en las cajetillas,

está en los hospitales,

está en el cáncer de pulmón del cadáver de tu padre.

 

Si el estado fuera una persona,

le comería la boca por intentar cuidarme tanto a todas horas.

 

FUMAR MATA.

Lo hemos visto en fotos.

Tráqueas podridas.

Ceniceantes pulmones.

Lenguas muertas.

Latín y griego.

No camasutra.

No nada que nos divierta.

No nada que nos haga sentir libres.

Al estado no le gusta que follemos,

porque es gratis

porque no mata

porque nos hace sentir vivas.

 

Al estado le excita lo casi muerto,

porque está sin fuerzas de patalear,

pero contribuyendo.

 

Al estado le gusta vernos contribuir.

 

Si el estado fuera una persona, le haría el desayuno cada mañana por mantenerme

siempre tan a salvo. El estado está muy preocupado por nosotras.

 

FUMAR MATA, nos dice.

 

Mira los bebés chimenea de las fotos.

Las mayúsculas negrita esquelísticas de las fotos,

que hablan de tu esquelética esperanza de vida en la tierra

sobre el paquete de tabaco que por sólo cinco euros incluye:

veinte cigarrillos y un anticipo de tu funeral,

veinte cigarrillos y un anticipo de tu miedo,

veinte cigarrillos y un anticipo de tu cadáver.

 

El estado no quiere que seas feliz.

El estado no quiere que seas feliz.

El estado

 

FUMAR MATA

 

Si el estado fuera una persona, intentaría ser yo.

Cerraría los ojos e imaginaría un estado de hombres sujetando esquelas.

Son un ejército de hombres sujetando esquelas

que llueven como llueve un trillón de cajetillas de tabaco

en un cuarto de basuras.

Llueven como basura.

 

Son un ejército de hombres alquitrán.

Hombres nicotina.

Hombres dióxido de carbono.

Hombres tóxicos.

Son un ejército de hombres de liar,

que llueven como un trillón de cajetillas de tabaco en un cuarto de basuras a punto de

advertirnos de nuestra esquelética esperanza de vida.

 

Y fíjate en las fotos de mi estado:

tu vecina muerta

tu amiga violada

el ojo inyectado en sangre de tu profesora de autoescuela.

Qué impotencia ¿no?

Una esquela, que no es una advertencia.

Una esquela,

de verdad.

 

En serio, quiero ser presidenta de este estado del miedo.

Os escribiría un mensaje, que ni siquiera incluye 20 cigarrillos,

pero sí un anticipo de tu cadáver:

los hombres matan.

 

 

 

(Fuente: Cosmopoética)

 

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