viernes, 2 de octubre de 2020

Eleonora González Capria (Buenos Aires, 1983)

 

 

COMENTARIO A UNA TRADUCCIÓN

 
 
Son ganado, otras veces
plantas, pero les levanto corrales.
Les doy mi lengua entera, una mano,
mi ojo, uno solo,
para que el otro mire por la ventana,
y así las cuido. Tengo que contar y pesarlas,
si me las pagan por cabeza y gordura,
aunque viajan como era. Juntas vamos
al paso,
a abrevaderos o quebradas
y nadie nos ve
hasta que uno que pasa me pregunta
al fin un día:
a dónde las lleva.
Yo contesto lo mismo siempre:
hay que cruzar un curso de agua,
sin eso estas reses no son mías,
nunca marco la piel con yerra.
Sale un río pasando el monte
y allá vamos. Antes de pisarlo
cuento otra vez. Se reproducen
mientras duermo y dan a luz adultos
que no necesitan ubres.
Pienso si el puente llegará a soportarnos
con el peso agregado de los meses.
Les digo a medio camino: vayan,
y me miran sin expresión ni signo
de reconocimiento.
Yo llego hasta acá.
Del otro lado asienten, de pronto
tienen mis ojos.
 
 
 
 
(Fuente: La traición del hombre topo)

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