
MI FAMILIA MUERTA ESTÁ SENTADA EN LA SALA
VII
Sólo te pertenecen, hijo, los escombros.
Clausuradas las puertas, ya no podrás abrirlas.
En los cuartos no queda nadie.
Nadie se sienta. Todos han salido.
Oh, hijo, no podrás encontrarnos.
Somos aquellos que han pasado
y dejaron sombra en los escombros.
Aquí está todo, y no hay nada,
Voy a enseñarte las paredes desnudas.
No guardaron la sombra las ventanas.
Ya no silba el miedo con su lengua
fría, los dientes del hambre, quietos,
perdieron su brillo terrible, de relámpagos.
Tanto horror, hijo, que hizo el insomnio
de mis noches, y ya se ha ido con nosotros.
Pienso a veces que no era nada,
una molestia pequeña, sólo el viento.
La lámpara se apaga sobre tu frente.
Cierra las maletas, mi libro de cuentas.
¿Has vuelto al Caney? Era linda la quinta.
Despídenos, hijo, después de tanto horror.
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en "La huella en la arena. Poemas reunidos", Editorial Letras Cubanas, La Habana, 1986. La imagen, Antón Arrufat (Santiago de Cuba, Cuba, 1935-La Habana, Cuba, 2023) por Ángel Márquez Dolz
(Fuente: Jonio González)
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