martes, 17 de marzo de 2026

Willy Harvey (Rosario, 1931-1982)

 

 

 

 

Toda la obra hasta el presente del poeta Willy Harvey (1931-1982) consta de sus libros El riesgo de lo vivo (1976) e Imágenes de asedio (2011) más los 29 poemas inéditos o dispersos incorporados últimamente en la revista literaria Mirto en sus números 4 y 5 del año 2017. La muestra que presentamos para op.cit. forma parte de la obra reunida del poeta que se editará próximamente. A la publicación de sus poemas, se agrega un breve testimonio del doctor en Letras rosarino Roberto Retamoso, una nota realizada por la periodista y poeta Alicia Salinas (publicada en el diario La Capital de Rosario el 20 de mayo de 2018) y fotos de las principales ediciones donde se publicó a Willy Harvey, más la necrológica que el escritor Gary Vila Ortiz publicara en el diario La Capital el 14 de julio de 1982.

Horacio Aige

*

 Poemas

 

Paseo de insectos

 

Ensimismados, humildes laberintos
ensayan el trueque del asombro,
como un ser desorbitado herido en su ternura,
entre el revuelo de alimento y fogatas de sueño,
de simplemente sed, o necesario deseo.

Lazarillos del tiempo, inconscientes fantasmas,
entre juegos extraños y abanicos de espuma
arriesgan su ruta
trotando desposeídos pabellones de vigilia,
instintivos e ingenuos, cautelosos ante la densidad del aire.

Sus pequeños corazones de polvo
cumplen el azar, la propia vida,
su trance permanente: lo intangible.

Alguna vez su imagen
(cúmulo de intento y soledad,
de encanto,
de terror y silencio)
cubre el drama de lo vivo
su dura vocación, abrumada de leyenda.

Peregrinos de lo mínimo,
enmudecen de pronto
en los cristales húmedos,
ebrios de vejez,
precipitada y dulce.

 

Alucinación

Me obsesiona el recuerdo:
grito de pieles
repitiendo ceremonias,
ansiedades del yo,
sueños que caen.
A veces,
en la necesidad o la cópula,
su insolente crecer.

Un grito, sí, la cólera,
como mirada abrazando en la intemperie
la sed que precede su eclosión en acto.

Caída insomne a causa de saturaciones,
danza de los rostros
en la hoguera constante del silencio.

Me apasiona lo vivo si lo pienso en alma,
viento batido por prestigio de bestia
cansado de anidar en tanto desapego.

Mundo ritual a mí encadenado
jugando su verdad,
como azar demolido

ante el lento susurro de las voces.

 

Festejo insólito

Sea un catálogo funeral de ritmos,
rocas ardosas, andrajos de piel,
como líquenes paralizados,
como ecos transubstanciados de la conciencia.

Sea lo primario, lo elemental,
lo mayúsculo,
posturas de otro hacer;
el fenecer de la memoria;
los hábitos antes compartidos
sangrando por arenas solitarias.

Girando, reverdeciendo
su palpitar, reflejos de lunares refugios,
rasgando apenas
un hogar de intemperie.

O también, huracanes de asedio
en el colmenar de los días,
ritos de ruptura
en el gemir de águilas de lluvia
y el germinar de un gigantesco parpadeo de
penumbras
abiertas al hendir apresurado del relámpago.

De golpe, contradiciendo instantes,
saltando sobre lo nocturno elemental de mis
planicies (esas hondonadas que resisten
las ansiedades del sueño -como si los
senos del sueño fueran algo más que otra
trampa de sensaciones y de cánticos–
como si el tumulto hermoso y fatal de
lo interior, necesitase una nueva voz, otro
carácter)
me dejo llevar, entre sueño y huracán y sueño,
con un despertar sin hábitos de lluvias
para estar de nuevo calmo entre mis árboles
mis bellas habitaciones a la deriva
con el lujo exclusivo de un delirio de imágenes
que me sobrepasan, me calcinan
bajo los soles sorpresivos del verano
que distrae mis atmósferas.

Horas, así medidas
por relojes de alcobas y ardientes rastros
de soles urdiendo entre silencios,
lujuriosas emanaciones de vida.

Sin llegar ya al error amor,
me dejo deslizar entre caricias más sutiles
como esas emanaciones calmas pero hirvientes
que danzan entre insectos imaginativos,
ebrios de sol, los pólenes del aire.

Salto las trampas de las palabras
me calcinan, dije, los aires del verano
me alimentan favores vegetales
me sustentan las teorías del aire,
me disfrutan, de lejos, las princesas del gesto
y los niños del olvido.

Por eso, mi Navidad no es familiar
sino solitaria, casi sangrienta, como la tuvo,
hace dos mil años, el gran Incomprendido.

 

De la lluvia

La luz de su narcótico
envanece y distrae
las perturbadas humaredas del sueño

y asediados sortilegios de orgullo
besos trémulos
emigrantes sin vocación sin dádiva
recuperan el ruego
límite de asombro.

Lo bello en la lluvia hace rodar orígenes
distribuye en los ojos tactos de inocencia

y perdidos rituales
muchachas canciones
ceniza de leyendas
rodadas caricias
espectros en la niñez antigua del relámpago.

Diosa del ser de lo mudable
que verifica
que nutre y testimonia
de la germinación y el llanto.
Cabellera y lenguaje
lento oscilar por el azul sonámbulo.
En lo que embellece está su reino
recitando sílabas vibrantes
en las aluviales sumas del azar
la noche o el destino.

Irrumpe en la memoria de estrella enamorada
instala acueductos de insomnio
hábiles secuencias del vértigo y la noche.
Un sobresalto de voces en medio de la hora
un círculo de hechizo
coronan el antiguo estupor
la sombra el ritmo
prefijo desnudo
relato de lo inmóvil.

Diálogo de mariposa trémula.
Cristal y augurio
manantial de alimento
y regocijo de ensueño.

 

Alternativa

Quizá lo infinito
y la nada
se amaron
y fueron uno,
y lo uno fue sin tiempo,
y nacimos.

Ahora nos envanece
la representación del drama:
cuidamos los estilos,
sus anónimas vértebras,
sus menores cariátides;
inventamos un signo,
un paisaje de signos,
una metafísica en la sangre…

mientras un tacto en lo inconsciente
verifica y testimonia
el análisis, la objetivación del llanto,
ese lento tatuaje
que a través de nosotros
ha ido desterrando la ternura.

Qué oscura voluntad
nos lleva a recrear códices constantes,
geografías de humo y alfabetos de sueño?

Porque dioses o no,
aún en esta absurda mitología
de ansiedad y desamparo,
alentamos lo extraño.

Porque algo en nosotros salva
nuestro rasgo de siempre,
algo nos dice
que nada de eso importa,
ni símbolo, ni razón, ni memoria,
que tal vez no somos
o sólo somos
un universo,
una intuición,
un parpadeo.

 

(Fuente: Opcitpoesía.com) 

 

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