LOS ANIMALES VIEJOS
Inmóviles, como ramas secas
al sol, los animales viejos.
Los veo caer, iluminarse
con un rayo antes de la tormenta. Caer
vaciando sus pulmones con
un soplo: lanzan
un aire negro que los quema por dentro.
Cuero mal preparado, ese cuerpo
no ha de llevarlos más: al
arroyo. A las estaciones
buenas.
No quieren, ni
saben pensar en redención. La muerte
no los hace diferentes, apenas
indefensos frente a las moscas y el
polvo. Miran
sin pestañear, pero nadie
los llama, ni elogia sus virtudes. Pasan
los días: por qué
la tierra habría de curarlos? Sería mejor
así? Si en el fuego
las patas se retuercen y
quiebran; cómo saber
que se encuentran a salvo?.-
(Aníbal Cristobo, 1971-2026, ay, amigo, no lo puedo creer
)
(Fuente: Ezequiel Zaidenwerg Dib)

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