Los animales son los únicos vivientes imprescindibles
Los animales son los únicos vivientes imprescindibles
"(...) entrando una mañana en el Salón, encontré un colibrí que vino hasta acá con toda confianza, sabiendo que era mi casa, pero un golpe de viento, cerrando la puerta, había aprisionado entre los muros durante toda la noche. Estaba sentado sobre un almohadón, minúsculo y golpeado de incomprensión, tal vez desesperado y perdiendo coraje, estaba llorando con una de las voces más tristes, pues uno no escucha nunca su propia voz. Abrí la ventana y se voló y raramente fuí más feliz que en ese momento y tuve la convicción de no haber vivido en vano. Otra vez, en Africa, pude dar a tiempo una patada à un cazador que estaba apuntando a una gacela inmóvil en medio de la ruta. (...) En 1951, en un desierto de Nuevo-México, mientras estaba sentado sobre una roca de lava, dos pequeños lagartos blancos treparon sobre mi. Me exploraron en todos los sentidos con una seguridad completa y sin el menor terror y uno de ellos, después de haber apoyando tranquilamente sus patas de adelante contra mi rostro, acercó su trompa a mi oreja y se quedó allí un buen momento. Imaginen con que movilizadora esperanza, con qué ferviente anticipación yo quedé ahí esperando. Pero no dijo nada, o en todo caso, yo no escuché nada. (...) No sé que veo justamente en los ojos de los animales, pero su mirada tiene una especie de interpelación muda, de incomprensión, de pregunta, que me recuerda algo y me moviliza completamente. No tengo animales en mi casa, porque me apego muy fácilmente y, a fin de cuenta, prefiero apegarme al océano que no muere rápido."
"La promesa del amanecer" (1960)
(Fuente: Quiquín Ferrari)
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