Se me dio un cuerpo – ¿quién
me dice para qué? Es sólo mío, sólo él.
La alegría apacible: poder respirar, vivir.
¿A quién darle las gracias?
El cristal de la eternidad exhala
mi aliento, mi calor.
El dibujo en el cristal, la letra:
no la lees, no la reconoces.
Aunque el vaho desaparezca pronto,
el delicado dibujo permanece.
Sin datos de traducción
(Fuente: La Parada Poética)
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